Quién protege a los desprotegidos
Niños, ancianos, víctimas de delitos contra la integridad física y psicológica quedan a merced de un sistema que no siempre está organizado para garantizarles atención. Los familiares también quedan envueltos en cuestiones que no saben o no pueden resolve
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La ley llama “incapaces” a aquellos que no pueden ejercer por sí mismos sus derechos. Personas por nacer, menores impúberes, dementes y sordomudos que no saben leer y ni escribir son los denominados “absolutos”; son “relativos” los adolescentes de entre 14 y 21 años, a quienes la legislación autoriza a determinados actos. Pero además de los que describe el Código Civil, aparecen a diario otros que también están limitados y que recurren al Estado como último refugio, que de hecho lo es.
Niños, ancianos, víctimas de violencia física o psicológica, de abuso sexual, personas en situación de pobreza extrema, entre tantos otros, necesitan de la protección de un Estado presente que ayude a resolver sus problemas, que pueda dar respuestas a las urgencias en materia de asistencia, pero también capaz de proyectar políticas que permitan prevenir situaciones conflictivas y promover el desarrollo.
En los últimos meses, diversos casos obligaron a la pregunta acerca de quién protege a los desprotegidos cuando el sistema, burocrático en sí mismo, se ralentiza a la hora de dar respuestas satisfactorias.
Algunos casos, a modo de ejemplo, ilustran temas sobre los que es necesario debatir y en los que hay responsables que deben intervenir. En cada uno, pueden hallarse vestigios de abandono familiar. En todos, hay una difícil situación del Estado, que debería mejorar.
El viejo amigo
Uno de los personajes del deporte local -futbolista, basquetbolista profesional y eximio ajedrecista- está internado. Con una pierna amputada, aguarda el resultado de un estudio que quizás implique cortar el otro miembro inferior. Lo internaron el sábado, pasada la medianoche. Con 81 años y una esposa con limitaciones motrices, recurrió a un amigo 50 años menor que le dio una mano y llamó al CEM.
“Está en un estado en el que necesita sí o sí atención, no puede ser que nadie lo vea”, se quejó la médica que lo atendió en su domicilio. Lo dijo en un video al que accedió La Opinión y que fue grabado con su consentimiento. “Que venga alguien, para que me hagan colocar la pierna y cuidar el otro pie. Estoy esperando, yo no puedo caminar, no puedo hacer nada”, dijo el anciano. “La pierna se la cortaron porque le agarró una úlcera”, explicó su esposa, quien lamentó: “Yo no puedo bañarlo ni moverlo; apenas si puedo cambiarle los pañales”.
La situación del gran conversador ajedrecista llegó a la Secretaría de Desarrollo Humano a principios de marzo, cuando un discípulo fue a poner en conocimiento de las autoridades el estado en que se encontraba, con el objetivo de solicitar ayuda para la atención.
En el organismo público apuntaron contra la familia ausente, a quienes llamaron para comunicarles que alguien había ido a denunciar la situación. Habían prometido enviar personal profesional a evaluar su situación. Ni siquiera los llamaron por teléfono. “Ni siquiera fueron a certificar si lo que dije yo es cierto”, dijo el joven amigo del anciano.
“Les conté todo lo que pasaba, me dijeron que se iban a ocupar, que tenían personas especializadas para la parte de personas mayores”, señaló y agregó: “Hablé con las autoridades y creo que deberían haber hecho algo. Hablé con gente que cobra un sueldo por hacer un trabajo que no están haciendo. Es un amigo mío, yo no puedo dejarlo así; si yo voy y veo eso, no puedo hacer abandono de persona”.
Niños que caminan solos por las calles
La semana pasada, un niño de nombre Axel caminaba solo pasadas las 19.00 por inmediaciones de Manuel Iglesias y Nieto de Torres, cuando fue abordado por un agente policial al que le llamó la atención la situación. Entre los vecinos, nadie lo conocía, por lo que fueron a la Comisaría para que tomen intervención los profesionales de la dependencia de la Mujer y del Servicio Local.
La licenciada en Psicología Paulina Pheulpin atendió el caso y tomó las primeras medidas. Tras la atención médica, se pudo establecer que su madre lo había abandonado tras una discusión. La mujer le habría dicho que, si era su decisión no subir al colectivo que los llevaría de regreso a Gobernador Castro, ella se iría sola. Así lo hizo.
“Lo que comenta el nene es una cosa y lo que dice la mamá es otra”, dijo la Directora de Niñez, Adolescencia y Familia del Municipio, Paola Prez.
El niño estuvo alojado en el instituto Sarmiento y ahora asiste en la modalidad hogar de día. Según explicó Prez, “es un nene muy bien cuidado en su aspecto, se nota en seguida al verlos” a él y a su mamá. Ella tiene un conflicto con el padre del menor, por lo que se mudará a vivir a San Pedro, lo que es parte de la situación desatada.
“La madre tiene mucha predisposición asume que es un error muy grave y que vamos a hacer seguimiento con el nene y su ámbito familiar”, dijo la funcionaria.
En diciembre pasado atendieron un caso similar, con una niña que fue encontrada sola a las 4.00 de la madrugada. Allí hubo medidas más estrictas, por la gravedad de la situación familiar.
Quien pase por altas horas de la noche podrá hallar niños en situación de abandono o exposición (la diferencia es que en el segundo el adulto “vigila” desde algún lugar cercano) en los que el Estado deberá intervenir, más allá del pretendido protocolo que mantiene a algunos profesionales detrás de los escritorios hasta que existan denuncias penales.
A la deriva
Las hijas del matrimonio de docentes abusadores son un caso testigo de la burocracia del Estado para atender a las víctimas. No sólo en lo que a ellas respecta en materia de asistencia, sino además en lo que implica acompañar a sus familiares para que cobren real dimensión de lo que sucede.
Nadie está preparado para hacerse cargo de cuatro niñas de entre 10 y 16 años, dos de ellas abusadas por sus padres, que de un momento a otro se ven en situación de orfandad, atendidas por psicólogos, asistentes sociales y monjas, interrogadas por agentes de la Justicia y señaladas por una comunidad que sin problemas repite sus nombres y los de sus padres, una revictimización cuya responsabilidad también les cabe a algunos medios de comunicación.
Ni siquiera pudieron acceder a los bienes que les corresponden, por lo que su manutención cotidiana es un peso que recae sobre la misma persona a la que eligieron para contarle la aberración a la que eran sometidas y que se animó a denunciar.
A diario, los familiares cercanos que las asisten se ven obligadas a preguntarse cómo resolver múltiples cuestiones con ayudas mínimas que en algunos casos son casi un insulto y en otros la buena voluntad de quienes no pueden soportar estar frente a una situación de estas características con los brazos cruzados.
