¿Quién tiene la culpa?
Estimada Lili, Diariamente escucho su programa radial, y algunas veces me aflige que nosotros los oyentes hagamos un análisis tan liviano de los temas de actualidad. Quiero aprovechar esta oportunidad para comentarte mi experiencia como hija de una docente (ya casi jubilada), mi mamá, fue docente de un colegio del gran Buenos Aires de alta peligrosidad, mi adolescencia la viví y la compartí con sus alumnos, los Domingos no estábamos solos en casa sino con aquellos alumnos conflictivos, con aquellos que concurrían al comedor y al estar cerrado el fin de semana, venían a casa a saciar su hambre, nuestra ropa la veíamos en sus cuerpos, nuestros juguetes pasaban a integrar sus más preciados tesoros, nuestra madre era SU SEÑO, ya no teníamos el monopolio de las caricias de mi madre, en aquellos tiempos vivíamos con una madre compartida, (con todo lo que implica eso para los niños), y vimos por muchos años como todo ese sistema se iba consumiendo a mi madre, preocupaciones, entradas a las villas, peajes que debía pagar por entrar en la que ellos llamaban “sus zonas”, amenazas, salidas desesperadas para acompañar a “sus niños” a los hospitales para desintoxicarlos, para sacarles algún proyectil de bala que algún vecino les había disparado, etc. Vimos una madre dedicada a “salvar aunque sea a uno”, tratar de mostrarles otra realidad, distinta a la que veían en sus propias casas, a que entendieran que no era normal portar armas o jugar a disparar. Todo esto representó muchos años en la vida de ella, si tenía que hacer repetir a alguno porque no llegaba a cumplir los objetivos, lo hacía, con dolor por no poder “Salvarlo”, pero cumpliendo con su deber, hasta que un día llegó la orden desde el ministerio: “debían pasar todos”, sin saber escribir o leer en cuarto grado. Sólo debían pasar, y el comedor había que achicarlo, aunque se quedara alguien sin comer, y había que servir la comida, y debían ayudar a los niños más chiquitos que no sabían comer, y ya no había que cambiarlos si se hacían encima, ya no se podía tocar al niño, ya no más abrazos, ni besos, ni despiojarlos, ni hacerles obsequios, y ni que hablar de llevarlos a la casa!!!... Todo eso hizo, poco a poco que mi madre (Gran luchadora) bajara de a poco los brazos, se sintiera cada vez más sola en este sistema, no había ni directora, ni inspectora, ni comunidad de padres que la apoyaran en su desafío: “Salvar aunque sea a uno”, y ese plan sistemático empezó a socavar su VOCACION, ese plan incluía que no importaba si los chicos egresaban sabiendo aunque sea algo, no importaba si el personal de la cocina llevaba para sus propias casas la escasa comida que el Estado le enviaba al comedor…, se empezó a hacer la vista gorda, como se dice comúnmente, el puntaje se ponía a todo el personal docente por igual, ya no importaba llevar planificaciones del año lectivo, ni la carpeta docente, ni corregir periódicamente las carpetas de los alumnos, ahora importa no corregir los errores de ortografía del niño, porque según los especialistas esto podía afectar psicológicamente al mismo. Soy madre, y mi niño concurre a un Jardín de la Ciudad (al que estoy muy agradecida) y no escapo a los errores que cometen diariamente los docentes, la falta de vocación, etc. Pero creo también que en esta actualidad tiene mucho que ver el plan del Estado y la responsabilidad de todos nosotros como padres, como comunidad. Antes uno era docente por vocación, pero las reiteradas crisis económicas de nuestro país hicieron que muchas personas se volcaran a esta profesión, dado que con pocos años de estudio podría recibirse de docentes y tener una salida laboral casi inmediata, recuerden que pasó lo mismo con el servicio penitenciario, con las fuerzas armadas, con los preceptores, etc. Todo lo expuesto hace que arribe a una pregunta: ¿A quién culpo? ¿Al docente que se cansó y bajó los brazos?, ¿Al personal directivo que no cumplió con su deber?, ¿al Estado que tiró por la borda años de trabajo? ¿A las familias que no acompañamos a nuestros niños, y menos aún al docente?, ¿Al consejo escolar que mezcló exageradamente política con educación? ¿A quién? ¿Es uno en particular o todos contribuimos a que esta situación se desbordara? Creo que cada uno de nosotros tenemos que hacer un análisis interno, en el seno de nuestra familia, de nuestra comunidad. Creo que se minimiza el análisis al buscar a un solo culpable. Empecemos a entender que nuestra realidad es producto de lo que todos nosotros hacemos, lo que inculcamos a nuestros hijos, los valores que hoy ponderamos (muy distintos a los de nuestros abuelos), etc. Quizá sea un planteo ambicioso, pero creo que nos lo debemos. Agradezco este espacio y me disculpo por lo extenso de mi escrito. Atte. Florencia Vargas. D.N.I. 26.733.373.

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