Acaso Cromañón sea solo la punta de un iceberg que subyace en nuestra sociedad. Un iceberg formado por elementos como: desaprensión, “mentecatismo”, “abriboquismo”, etc. “. Por no utilizar términos más hirientes. Basta recordar hechos donde muchos argentinos, o si queremos más cercanamente, sampedrinos han sido víctimas de esta situación. Cruce de semáforos en rojo, picadas en calles céntricas, juegos con armas de fuego, etc., jóvenes vidas que han sido tronchadas y no hay lamentación que repare el daño.
Por cada vida perdida de esta manera queda toda una familia que no tendrá más un feliz cumpleaños, una feliz navidad, ni un feliz año nuevo, porque se puede recuperar la risa, pero nunca más se recuperará la felicidad. Se pasa a tener una vida en blanco y negro, una vida de eternas preguntas: ¿POR QUÉ?, y como respuesta: NADA.
¿Acaso sirve como respuesta: fue el destino, la fatalidad, o D…. lo quiso así? Estas son palabras huecas dichas para decir algo pero que no conforman ni al que las pronuncia. Ninguna de ellas puede mitigar esa sensación de rabia y dolor, porque cada día que pasa se extraña más al ser querido. Cada día que pasa comprendemos que no volveremos a verlo más, es una sensación de estar acorralados porque es una situación a la cual no se la podrá cambiar.
No hay muerte justa ni lógica, pero la muerte de jóvenes provocada por estas situaciones son aun mucho más inexplicables y adivino que nunca arrojarán un consuelo ni resignación.
Un terrorista mide, calcula, planea el daño a infligir, en cambio un desaprensivo, mentecato o abriboca suele ser más peligroso porque no tiene capacidad de medir, calcular ni planear sus actos.
Julián fue víctima de esta situación, por eso sé que nunca podré hallar consuelo ni explicación a tanta improvisación, a tanta ceguera, a tanto “abriboquismo”.
Pido disculpas por la dureza de mis términos, a aquel que crea que son exagerados lo invito a que se ponga un solo día en mi lugar.
No daré detalles aquí de lo sucedido porque es de público conocimiento, de todas maneras les recuerdo que ocurrió el día 6 de Noviembre de 2004 por lo que se ha cumplido ya el primer año de aquel desgraciado sábado, cuando se disputaba el Rally de San Pedro. Este año en la misma fecha se disputó otra vez el Rally, lo que colaboró para que el recuerdo de aquel día fuese más doloroso y las imágenes tristemente volvieran con toda su intensidad.
Con cada gota de mis lágrimas horadaré la piedra. El tiempo sabe que la gota siempre logra su cometido.
Un agradecimiento muy especial a los amigos de Julián que ahora se han constituido en nuestros propios hijos, y en donde Julián sigue viviendo a pesar de desaprensivos, mentecatos y abribocas.
[align=right]Carlos Alberto Sagrera[/align]

:format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/laopinion-static/images/logo.png)