Querida Lili:
Llegué a San Pedro ese sábado por la mañana y fui a tu radio por un trámite personal, estaba totalmente descolgado, y me quedé una hora esperando que terminara tu programa sabatino, absorto veía el ir y venir de un ejército en movimiento, movilizado para llevar ayuda a los isleños en condiciones infrahumanas por causa del humo. Sentí una alegría interior tremenda, y te felicité de corazón. Por fin algunos paraban de pelotudeces y se arremangaban para ayudar en un gesto de solidaridad. Desconozco detalles, sólo valoro el esfuerzo común y solidario pensando en el otro. La buena onda, el compromiso concreto. El hágamos algo. Pero me permito sacar una conclusión que sería fabuloso que la mayoría de los argentinos (o al menos sus élites pensantes) asumiesen y llevasen a la práctica. No importa QUIÉN dice o hace algo; lo que importa es lo QUÉ dice, o lo QUÉ hace. De esa forma, el funcionario público que habló con vos se hubiese ofrecido a acompañarte, en lugar de intentar justificar lo injustificable. Sobre el momento actual, era totalmente pesimista hasta esta semana. Pero creo que comienza a clarear el horizonte y hay mucha gente pensante en la Argentina que está percibiendo que hay muchas cosas en juego. Curiosamente, ocurre igual en la Bolivia de Evo, en el Brasil de Lula, en el Ecuador de Correa, en la Venezuela de Chávez (el innombrable) y va a pasar también en el Paraguay de Lugo. Siempre hubo dos Argentinas; La Federal y la Unitaria; la conservadora poderosa y la subterránea caótica (en las palabras de Arturo Jauretche); la peronista mersa y la gorila elitista; la militar prepotente y la idealista desaparecida, exiliada o atemorizada. Hoy salen a la luz del sol, en un enfrentamiento que parece una perfecta Torre de Babel, o la Biblia y el calefón del tango. Por eso respiré aliviado cuando no habló Kirchner, y más aliviado cuando leí el discurso de la Presidenta. Porque los argentinos tienen que saber que en el enfrentamiento, se van a hacer pelota. Y con tristeza lo digo, mientras otros pueblos avanzan, la celeste y blanco se va achicando cada vez más. Pareciera que las principales cabezas gubernamentales comprendieron la situación, ojalá lean la carta de los intelectuales, den participación a los gobernadores en una auténtica manifestación de federalismo, y se sienten a dialogar sin imponer, pero sin perder la autoridad del conjunto por cuyo mandato gobiernan, y cuyos intereses deben prevalecer sobre los sectoriales. De ese sector llamado “campo”, que termina siendo un inconsciente personero de la multinacional Monsanto y otras perlitas monopólicas, me remito a los artículos escritos en este sábado en Página 12, por Pasquini Durán (Altanerías); Alfredo Zaiat (Lugares comunes) y por Sandra Russo (Mañanas campestres). Un lector desapasionado, consigue formar su opinión con toda claridad. Tal vez Mariano Grondona podría escribir sobre la noción de “bien común” según la visión aristotélica-tomista que tanto él como yo estudiamos en los viejos claustros de Devoto. Completaría el cuadro. Te juro, Lili, que para escribir esto, me despojé de mi pasión argentina, que la tengo como todos. En el orden continental...y también en el nacional hay cambios que algunos soñamos desde los años 60, y por esos sueños muchas cosas cambiaron en nuestras vidas y nos dejaron marcados para siempre. Un abrazo, Eduardo Flores (el Cura Flores o el Pato Flores) Desde Limeira, S.Paulo, Brasil.

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