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lunes, septiembre 27, 2021
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Prisión perpetua al policía que asesinó a Lucas Rotela

El Tribunal Oral de San Nicolás dictó sentencia en el caso que involucra a Gonzalo Kapp, efectivo de la Bonaerense que asesinó a Lucas Rotela en febrero de 2011 en Baradero. La Fiscalía había pedido la pena máxima por homicidio calificado y la Defensa pretendía que fuera homicidio culposo, de pena menor.

 

Tras dos jornadas de debate la semana pasada, ayer al mediodía el Tribunal Oral N° 1 de San Nicolás integrado por los jueces Cristian Ramos, María Ocariz y Laura Fernández condenó al policía Gonzalo Kapp por el asesinato del joven Lucas Rotela, de 18 años, quien murió tras recibir un disparo por la espalda con balas de plomo por parte del efectivo de la fuerza Bonaerense.
La pena fue la máxima: prisión perpetua por homicidio calificado, la que habían pedido los fiscales Hernán Granda y Marcelo Manso. El último manifestó su satisfacción por el resultado del juicio, ya que el fallo coincidió prácticamente con los alegatos construidos a partir de su instrucción de la causa.
El juicio estuvo centrado en la diferencia entre las partes respecto a la calificación del hecho, ocurrido el 12 de febrero a la madrugada en la plaza Colón de Baradero, cuando Rotela salió en su moto para evitar un control policial por parte de la patrulla en la que circulaban Kapp y el oficial Julián Cáceres.

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Los alegatos
El uso de un arma de cuyo interior salieron tres balas de plomo cuando debería haber postas de goma dio lugar a los alegatos de la Fiscalía a cargo de Marcelo Manso y de la Defensa del policía.
Para el Fiscal se trataba de un homicidio calificado, cometido por un funcionario público que abusó de su cargo y se excedió en el ejercicio de sus funciones, en actitud “irresponsable, irracional y desproporcionada”. Por ello pidió la pena máxima, prisión perpetua, al igual que la familia, representada por Dante Morini, a lo que el Tribunal accedió.
Para la Defensa, a cargo de Miguel Arzagot, en cambio, la calificación debía ser homicidio culposo, producto de la negligencia del compañero de Kapp, que fue quien cargó el arma en cuestión, una escopeta calibre 12/70 marca Mossberg.
Arzagot pidió absolución aunque también, subsidiariamente para el caso de que fuera condenado, planteó la figura de homicidio culposo, que tiene una pena máxima de 5 años. Como Kapp esperó el juicio con prisión preventiva, en caso de que el Tribunal accediera a este pedido, hubiese quedado condenado pero en libertad.

Un hecho, dos posturas
Todo ocurrió aproximadamente a las 3.30 madrugada de ese sábado 12 de febrero de 2011, cuando Kapp y Cáceres patrullaban las calles de Baradero. En la plaza Colón vieron un grupo de jóvenes y se acercaron en contramano.
Cuando vieron llegar al móvil policial, los tres amigos escaparon. Entre ellos Lucas Rotela, que salió a pie con su moto de tiro. Kapp dijo que dio la voz de alto pero no le hicieron caso, por lo que efectuó el primer disparo “con posta de goma en dirección al piso”.
Relató que hizo otro disparo al piso y que el tercero lo efectuó cuando el joven se iba del lugar ya con la moto en marcha. Ese tercer disparo no sonó a posta de goma. Era una bala de plomo que dio en la espalda de la víctima, quien llegó a su casa y fue llevado por su padre al Hospital Lino Piñero de Baradero, donde murió al mediodía, cuando un helicóptero sanitario sobrevolaba la ciudad para trasladarlo.
La autopsia reveló que al menos cuatro proyectiles ingresaron al cuerpo de la víctima afectando el bazo, los riñones y sus intestinos. También presentaba una herida en uno de sus brazos.
Un testigo contó que Kapp y Cáceres mantuvieron una discusión sobre el arma. El policía le recriminó a su compañero por la carga. El otro efectivo confirmó en su declaración que fue él quien la cargó de esa manera, pero sostuvo que el condenado sabía que la escopeta tenía dos cartuchos disuasivos seguidos de tres de plomo.
“No fue mi intención herirlo”, dijo Gonzalo Kapp en su declaración luego de ser detenido esa misma madrugada. El caso generó estupor en Baradero, al punto de que hubo marchas y movilizaciones a las que asistieron organizaciones sociales y políticas desde Buenos Aires.
En una de esas marchas, la Diputada Victoria Donda pidió la renuncia del Ministro de Seguridad Ricardo Casal, que envió a la cúpula de la policía Bonaerense a la vecina ciudad, donde removieron todas las autoridades de la comisaría.

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