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Los alumnos de 1º año secundario de Escuela Básica de la Escuela Agropecuaria Nº1 de San Pedro en conjunto con Benito Larraburu, encargado del complejo Mansa L.Y.F.E. y en el marco de un proyecto en defensa del medio ambiente realizado para la materia Construcción de la Ciudadanía, realizaron la semana pasada una sencilla ceremonia a orillas del río, emplazando el primer cartel dirigido a propietarios de embarcaciones, solicitando no arrojar basura a las aguas ni en las islas.
Este grupo de jóvenes, junto al Profesor Sebastián Estévez, comenzó una campaña de difusión y concientización acerca del problema de la falta de agua dulce en el mundo, en un futuro cada vez más cercano. Las acciones realizadas promueven cuidar el agua, ahorrarla y no contaminarla. Respecto al tema, el grupo entabló comunicaciones con autoridades de la Prefectura local, Municipalidad e Instituciones deportivas y sociales de la ribera. Larraburu, sumamente comprometido con el cuidado del medio ambiente y los jóvenes alumnos, acompañó la inauguración del cartel, marcando el primer paso hacia las acciones de protección del agua dulce, con la esperanza de que el resto de las instituciones costeras, que ya recibieron la propuesta, sigan el ejemplo de Mansa L.Y.F.E., por el bien de la salud de nuestro río e islas. Según manifestaron los chicos, y de acuerdo a investigaciones fundamentadas, en el futuro el agua dulce será el recurso más valioso y escaso en nuestro planeta. Algunos países ya han tomado conciencia de ello e iniciado acciones para cuidarla, protegerla y almacenarla. Existen versiones cada vez más firmes de que barcos de ultramar extranjeros llevan sus bodegas cargadas con agua extraída del Paraná, para su comercialización en Europa y Asia.
Otra de las acciones realizadas por este grupo de jóvenes fue la de recorrer, embarcados, unos 300 metros de la ribera para censar y recolectar desperdicios visibles arrojados por el hombre. Este relevamiento sumó más de 4 kilos de basura, compuesta por bolsas y envases plásticos de bebidas, de aceite de uso náutico, aerosoles de repelente de insectos, pañales embolsados y otros que no resultan biodegradables. La tarea demandó cuarenta minutos de recorrido, entre el Buque ARA Irigoyen y la Estación de Servicio del Club Náutico.
