Preocupación por dos secuestros virtuales en la ciudad
La última semana la denuncia de la familia Cremona sobre una llamada intimidatoria en la que decían tener secuestrada a su hija causó preocupación en la población. A las pocas horas otro reconocido comerciante de la ciudad aseguró haber sido blanco de esta modalidad de falso secuestro. Policía y fiscalía trabajan en el caso.
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Un llamado telefónico y luego el pánico. Llaman, dicen que tienen a un familiar secuestrado, exigen no cortar la comunicación y piden cifras exorbitantes de dinero “si no matan a tu familiar”, aseguró uno de los sampedrinos que fue víctima la última semana de un caso de secuestro virtual. Siempre el número del que llaman es con prefijo de Capital Federal, por lo que quien relató su experiencia a La Opinión no descarta que la persona que amenazó a su mujer tenga relación con quien se comunicó con la familia de José Cremona, otro reconocido sampedrino.
Hasta el momento en San Pedro sólo se conocieron estos dos casos, amén de uno que tuvo lugar hace dos años atrás. El primero en trascender fue el que tuvo como protagonistas de Gabriela Tiramontti de Cremona y el supuesto secuestro de su hija. Un delincuente llamó al teléfono celular de la contadora, dijo tener secuestrada a su hija, le hizo escuchar a una joven llorando y le pidió 20 mil pesos para dejarla en libertad. Además la amenazó que si cortaba la comunicación mataría a la adolescente. Afortunadamente logró dar aviso a la policía quien montó un rápido operativo y pudo dar con la joven supuestamente secuestrada sana, salva y sin persona alguna amenazándola.
El otro de los casos es aún más extraño. No sólo por el desenlace sino porque los delincuentes volvieron a comunicarse con la familia al día siguiente cuando ya habían radicado la denuncia para que la comisaría tome cartas en el asunto. Según trascendió ocurrió momentos antes que el anterior, una llamada telefónica proveniente de un número desconocido con prefijo de Capital Federal y luego el diálogo rápido, la noticia de que tenían secuestrado al padre de la mujer que recibió la llamada y las amenazas de muerte si el dinero no aparecía a los pocos minutos.
En este caso la mujer, con teléfono en mano, comenzó a recorrer la ciudad en busca de dinero y con la intención de llevarlo a la plaza donde le habían encomendado dejarlo. A poco más de 100 metros de llegar al lugar de intercambio la señora se cruzó con quien estaría secuestrado, por lo que nunca llegó al lugar señalado. Su marido expresó a este semanario: “No quiero ni pensar que hubiera sucedido si ella llegaba a la plaza” y aseguró que tanto él como su familia no frecuentan las redes sociales por lo que descarta que los datos proporcionados en las llamadas hayan sido tomados de Facebook.
La familia involucrada en el segundo caso radicó la denuncia a las pocas horas en la fiscalía y al día siguiente debió ampliarla porque volvieron a comunicarse con una de las hijas del matrimonio. “Volvieron a llamar 6 ó 7 veces, atendió mi hija y una mujer le preguntó por la hermana, cuando preguntó quien la buscaba respondieron que la mamá y no era así”, informó a La Opinión el comerciante.
Lo sorprendente de ambos casos es que los delincuentes estaban muy bien informados, conocían movimientos y tenían precisión de la vida de las víctimas. “Quizá a través del banco alguien pueda tener información”, indicó uno de los afectados quien aseguró que el Intendente Municipal fue quien intervino para que el Subcomisario movilice con mayor celeridad el tema.
A la espera
Los únicos dos casos conocidos recayeron en la fiscalía número 5 a cargo del Doctor Marcelo Manso quien confirmó que hasta el momento no se conocieron otros casos y que están trabajando en el tema.
Por el momento se están estudiando las llamadas, se intervienen los teléfonos y se descartan aquellos números conocidos de las víctimas para dar con los desconocidos.
Antes llamaban desde
el servicio penitenciario
Muchos vecinos de la ciudad recibieron en algún momento un llamado que provenía desde alguna comisaría y que también aseguraban tener algún familiar secuestrado. La única particularidad es que uno debía estar muy distraído para tomar esa comunicación y caer en la trampa ya que la llamada comenzaba diciendo: “Esto es una comunicación desde el penal, marque 0 si quiere recibirlo o 9 para rechazarlo”.
Una vez que lograban dar con las víctimas, los delincuentes pedían tarjetas de teléfono a cambio de la vida del supuesto secuestrado. Una vez que las obtenían dentro de la cárcel intercambiaban las tarjetas por elemento de mucho más valor o las utilizaban para continuar con la cadena de llamados.
