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miércoles, abril 14, 2021

Populismo, democracia radical, lucha hegemónica

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En Página 12 del domingo 14 de junio hay una entrevista muy interesante a la politóloga belga Chantal Mouffe, viuda del filósofo argentino Ernesto Laclau, con quien escribió en 1985 “Hegemonía y estrategia”. En esta entrevista, Chantal habla sobre esa democracia radical y ese populismo de izquierda que nutren la espina dorsal de su pensamiento. Que de forma visionaria ilumina conceptualmente lo que viene sucediendo en la mayoría de los países de Latinoamérica con sus gobiernos “populistas” y se está propagando a la Europa en crisis, con los ejemplos de punta de lanza de Grecia y España. Dejo para el final un resumen de los gestos que enmarcaron la asunción de los nuevos Alcaldes españoles, una verdadera revolución en la Madre Patria. Pero antes pongámonos de acuerdo sobre los términos usados, para evitar un diálogo de sordos.

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Hegemonía: Supremacía, predominio. Hegemónico es lo que predomina.

Democracia: Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.

Populismo: No figura en el diccionario de la RAE, figura  “populista” (Perteneciente o relativo al pueblo). Con sentido peyorativo llaman así a  las medidas políticas que en lugar de buscar el bienestar o el progreso de un país, solo  persiguen la aceptación de los votantes sin importar las consecuencias.

Sin embargo no es ese el populismo que Laclau y su esposa propusieron en 1985. Utilizado de manera positiva, se califica así a las propuestas que buscan construir el poder a partir de la participación popular y de la inclusión social.   

Es el caso de Podemos de España y Syriza en Grecia, partidos que surgieron de la articulación entre los movimientos sociales y las formas más tradicionales, representativas. Aceptando el voto para luchar por el cambio hegemónico, léase, el predominio de los valores que deben regir en una sociedad. Donde lo económico se subordine a lo social, lo social a lo humano, lo privado a lo público.                                                                                                                                               

“Y aquí está el acierto de Podemos en España. El partido canalizó una parte del movimiento de los indignados y le dio una eficacia institucional. Desde Europa miramos al kirchnerismo y a otros movimientos de América del Sur: Estas experiencias latinoamericanas son muy ricas porque trazan otro camino en cuanto al papel del Estado y las posibilidades de transformación. Indican que no hace falta hacer una revolución, ni poner en tela de juicio el modelo democrático. Se puede perfectamente radicalizar la democracia.” Profundizarla, mejorarla, “aggiornarla” (interpretación mía).

La democracia es dinámica, algo en construcción, como la propia vida humana, o la felicidad. La idea de la democracia es el poder del pueblo, y va mucho más allá de votar periódicamente, o respetar a las instituciones. Participación no significa caos, ni control es desconfianza. En absoluto: son palabras que junto a “transparencia” deben incorporarse a la vida democrática de hoy, en un mundo altamente tecnificado en lo comunicacional.

“Justamente, lo interesante de las experiencias latinoamericanas radica en que recalibraron la relación entre libertad eigualdad, pusieron la cuestión de la igualdad a cargo del timón.” “Un consenso sin exclusión es teóricamente impensable.

Para incluir hay que excluir. Un mundo de consenso, sin exclusión, es imposible.”

Cuando leía estas frases pensaba en la crisis del 2008, el conflicto “del campo”.  Recuerdo que en aquella ocasión, Néstor Kirchner era acusado de ser confrontativo, armador de quilombos al pedo. La historia demostró que para avanzar, había que confrontar y feo, ya que las corporaciones no querían aflojar –ni quieren hoy día– sus privilegios. Para incluir a todos y todas hay que excluir… no a la clase rica sino a los privilegios de los ricos. Para defender a los indefensos hay que enfrentar a los poderosos.                                                                                                                                                        

Ese confronto (lucha hegemónica) también lo está eligiendo la Madre Patria y asumieron en casi todas las ciudades españolas gente (joven o vieja) con una nueva mentalidad, una nueva forma de pensar la política.

Madrid, Manuela Carmena (71 años): “Somos servidores de los ciudadanos de Madrid, no podemos olvidar que estamos a su servicio. Queremos gobernar escuchando, que nos llamen por el nombre de pila, que nos tuteen y siempre en la línea que ellos nos digan”, remarcó la nueva intendenta.

Barcelona, Ada Colau  (con cientos de entidades sociales y vecinales de la ciudad que asistieron a la ceremonia, invitados –en un gesto inédito– por la misma Colau): “Para nosotros era muy importante que estuviesen aquí tanto nuestras autoridades políticas como las autoridades sociales. Porque aquellos que defienden el bien común en el día a día son realmente los imprescindibles”, declaró la nueva alcaldesa durante su discurso de investidura.

Valencia, Joan Ribó: el nuevo alcalde  rehusó lucir la vara de mando que, tradicionalmente, el gobernador saliente le entrega al recién llegado y prefirió salir a hablar con sus seguidores. “No quiero ni la vara ni el mando. Prefiero el diálogo con los vecinos, trabajar codo a codo con los movimientos vecinales, respetando todas las maneras de pensar”, manifestó en su primer discurso como intendente.

Cádiz, Andalucía, José María González: dejó claro que, para su gobierno, “lo primero serán las personas” y prometió un Ayuntamiento “con paredes y cajones de cristal” (transparencia)”.

La Coruña, Xulio Ferreiro: salió a la plaza para entregarle a la gente el bastón de mando, símbolo de la intención de cambio que acaba de instalarse en las principales ciudades de España.

Gestos que indican una nueva mentalidad o concepción política del mando, al servicio de la gente. Los argentinos sabemos muy bien que es posible tener un Estado presente que garantice la igualdad de derechos proclamados en la Constitución. Un Estado incluyente.                                                                                                                                             

¿Y en San Pedro? Ojalá que el 10 de diciembre asuma un intendente que en vez de encerrarse en su despacho, recorra los barrios en actitud de servicio y trabaje codo a codo con los movimientos vecinales. Sangre joven y nueva, porque los viejos caranchos son muy celosos de su bastón de mando.

Eduardo Flores, DU 4.685.785

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