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    PICNIC DEL DÍA DEL ESTUDIANTE (II)

    25 de marzo de 2009 | 00:00
    PICNIC DEL DÍA DEL ESTUDIANTE (II)

    De aquel “comité de recepción” que nos aguardaba en la estación yo sólo conocía a Don Emanuel Dumrauf, Don Francisco Giovanelli y pare de contar. Cada uno de los profesores había venido con su coche y a razón de cuatro por vehículo nos llevaron a dar unas vueltas por el pueblo (perdón, la ciudad), para apreciar lo lindo que era y es nuestro San Pedro. Concluido el paseo nos llevaron a la Escuela Normal y allí nos esperaban los alumnos a la entrada de Bottaro 995, y ocupando la doble escalera ascendimos hasta el salón de actos. Estaba allí el piano y Don Facundo preguntó quién sabía tocar. “Dale, dale …” lo animábamos nosotros al compañero Jorge Walter Mesías que se hacía el remolón, hasta que se sentó en el taburete… pensando nosotros que saldría “Para Elisa” o “El Danubio Azul”… nada de eso, se arrancó con “El choclo” y sólo faltaba que alguno de los locos nuestros sacara a bailar alguna chica. Al rato sonó el timbre, era la hora de salida, y en la puerta nos concentramos todos procediendo a leer un discurso de bienvenida el alumno César García Puente, quien años más tarde sería diputado (se adivinaba por la pinta). No habiendo previsto nada de ceremonia, no tuve más remedio que improvisar “No esperábamos toda esta manifestación…” tratando de ser lo más expresivo y breve, para concluir el acto arriando la bandera del frente de la escuela, no lo podría asegurar pero me parece que aún no estaba el mástil del patio central. Mi amigo Pedro Suñer, advertido de la “importancia” de los visitantes procedió a tomar una serie de fotos que lamento no tener conmigo, pero están.
    Seguidamente marchamos en franca camaradería hacia el Bar Butti, donde encontramos las mesas dispuestas en herradura en medio del salón, y nos fue servido un refrigerio. Nada mancos, aprovechábamos ser una novedad para las chicas, pero los chicos lugareños nos empezaban a mirar con cara extraña… Finalmente vino a buscarnos el camión de nuestro vecino Don Tito Bossi, y como los “alberjeros” de otros tiempos, los 26 sobre el camión fuimos depositados en la quinta que poco antes había comprado mi padre en el barrio de Larrigau (hoy Villa Jardín), alojándonos en la casa recién terminada pero aún sin pintar … por suerte. Fue llegando la noche despacito, nadie parecía tener sueño, y andábamos dando vueltas, tratando de esquivar las cañitas voladoras que el francés Rogé tiraba con la escopeta del quintero, que había encontrado en la cocina. Los pisos de las habitaciones estaban tapizados de colchones que algún vecino nos había prestado, hasta que uno destapó un cajón que había en una de las habitaciones y dijo “Uy!! Muchachos, huevos …” Para qué!!!, al rato no hacía falta que pasara el acopiador a recogerlos, estaban todos estampados en las paredes y en el techo.
    Con semejante alboroto se levantó el quintero y, escopeta en mano me miró y dijo “Miguel, si no ponés orden soy capaz matar a uno.” No pregunté si la escopeta estaba descargada porque uno, que no voy a nombrar porque aún vive, se arrojó suplicante a sus pies “Señor, por favor, no nos mate que no lo vamos a hacer más”. Ni aunque quisiéramos, eran todos “huevos estrellados” y no aptos para el consumo.
    No había más remedio que dormir… y tratar de esquivar algún resto de huevo estampado en el colchón.
    Al día siguiente más calmados, fuimos algunos a buscar un lechón asado al horno en casa de nuestro vecino Don Sebastián Barceló. Allí conocí a la “Negra” Barceló, sin presentir que antes de fin de año nos volveríamos a ver, yo ya perito mercantil, y nos haríamos de novio, para casarnos ocho años más tarde, viajando yo en tren sábado sí y otro también, y hasta hoy con dos hijas, dos yernos y tres nietos. Del lechón no quedaron ni los huesos. De los colchones… no sé quien se encargó, pero no creo que los prestasen nunca más.
    Y llegó el día del picnic que haríamos conjuntamente con los alumnos de la Escuela Normal en la finca “La Pomona” de la familia Langlois. Aquel Lunes 21 de Setiembre de 1942 quedará en la historia gracias a LA OPINÓN.

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    (continuará)

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