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domingo, septiembre 26, 2021
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Pese al clamor popular el Padre Osvaldo no volverá a Río Tala

La decisión del Obispo es irreversible. Los seguidores del sacerdote insisten con firmas y reuniones. Se desnudan los costados más comprometidos de la Iglesia local. Un grupo de vecinos se reúne buscando respaldo para promover el “odium plenum” al párroco Carlos Miri.

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Abordar cuestiones de fe, no produce tantas dificultades como hablar de las relaciones entre hombres que profesan una misma religión. Escudriñar entre los pliegues del gobierno de la Iglesia Católica, no ha sido ni será fácil para un periodista que pretenda mantener distancia, sin caer en las odiosas comparaciones con el poder político.
La crisis moral que está instalada en la sociedad, parece ahora quedar al descubierto en la Iglesia Católica, donde por cuestiones de poder o de dinero, se acribilla al principal valor cristiano: LA VERDAD.
Se busque por donde se busque, el estallido se produjo con el abrupto alejamiento del Padre Osvaldo Daroni, quien desde hace algunos meses comenzó con su tarea en la Iglesia de Río Tala.
Allí, el número de fieles fue creciendo vertiginosamente, sobre todo los días viernes en las denominadas “misas de sanación”.
Sin abrir juicio sobre las cuestiones de culto, trataremos de pasar en limpio la información que este medio obtuvo en una extensa entrevista con el sacerdote y con todos aquellos que al resistirse a su alejamiento, hoy se siguen reuniendo con objetivos sumamente delicados.
Monseñor Héctor Cardelli, como Obispo de esta diócesis fue contundente: “la decisión es irreversible” y según sus declaraciones a este medio, fue tomada de común acuerdo con el Padre Osvaldo.

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Quién es el “cura que cura”
En una extensa entrevista realizada por la periodista Liliana Lanelongue, y atraídos por el creciente número de fieles que acudían a las famosas misas de los viernes, el Padre Osvaldo pudo explayarse respecto de la particular modalidad de imposición de manos, como integrante de la corriente que en la Iglesia Católica se denomina Renovación Carismática y que tuvo su origen espontáneo en 1966, sin un referente calificado como sucede, por ejemplo, con el Opus Dei u otras pastorales. La renovación carismática tiene su principal basamento en la revelación del Espíritu Santo, de acuerdo a la explicación que sus múltiples filiales en todo el país, expresan en la página web que ofrece información sobre sus encuentros y coordinadores regionales.
Daroni, recibió a nuestra periodista y describió paso a paso su tarea en la parroquia de la localidad vecina, recordando incluso su reciente encuentro con el Obispo, a quien también le impuso las manos, en una misa realizada en la Parroquia San Roque, el pasado 22 de Mayo.

Lo que dijo en la nota
“Osvaldo Daroni, es el nombre del padre que sana con sus manos todos los viernes en Río Tala. Tiene 56 años y dicen que hace milagros”, así comenzaba el relato, cuyo desenlace era imprevisible.
Llegó durante el mes de Marzo a Río Tala procedente de la Provincia de San Juan. Se ordenó sacerdote el 20 de Diciembre de 1979. Estudió en el Seminario de Rosario, allí compartió momentos con el actual Obispo de nuestra Diócesis, Monseñor Héctor Cardelli. Según los testimonios oficiaba misas “diferentes” en la zona, todos los viernes a partir de las 20hs. -a Iglesia llena – y al culminar el oficio hacía una oración pidiendo una Efusión del Espíritu Santo. Es en ese momento donde los asistentes que lo desean, se acercan y oran. Pero lo más llamativo se da cuando el Cura, por pedido de cada uno de los devotos y/o curiosos que se acercan, realiza la “imposición de manos”. La gente caía dormida, y hasta quedaba en ese trance por más de una hora.
La misa del Sacerdote está dirigida como todas a todos y generalmente a los primeros que se acerca y toca es a aquellos que no creen. No quiere que lo llamen “Sanador” porque la palabra sanación en el lenguaje bíblico no es eliminación de la enfermedad, sino salvación de los problemas espirituales.
Daroni dice: – “No soy un curandero, no es por fuerzas parapsicológicas, ni por energía. Lo único que hago es predicar. Si existe alguna energía no es mía sino de Dios. La Iglesia es muy prudente porque corre el peligro que la gente ponga la confianza en la persona del sacerdote y de este modo se desvía el centro que es Jesús. Los Carismas que Dios regala son un bien para la comunidad, pero un peligro para el que los recibe”.
En aquella nota el sacerdote indicó que “hay exorcismo porque la gente se libera y expulsa el mal interior”, sostuvo que “todo lo que hace esta predicado en el Evangelio y que no son sus méritos sino que la obra es de Dios y del Espíritu Santo. Yo siempre he mantenido la obediencia a los Obispos, lo toman siempre con mucho cuidado porque trabaja mucho, a veces, lo emocional. En el caso de San Pedro desde un principio le expliqué a Monseñor Cardelli en que consistía y si podía hacer estas misas. Me dijo que sí.”
Daroni citó el Evangelio:” impongan las manos en mi nombre y se sanarán.” La gente se acercaba con una curiosidad insostenible, desde Baradero, Arrecifes, San Pedro y otros puntos de la zona. Las razones de los asistentes son diversas, pero la gran mayoría acudía al Padre por enfermedades físicas. También están los que no creían y encontraban la Fe que habían perdido o que tenían y no sabían que estaba allí. El Padre dijo sobre esto: – “El Espíritu Santo irrumpe en las personas, y sienten un cambio. Después tienen que seguir el camino. Empiezan a convertirse y entonces dicen, ahora entiendo. No es que mi misa sea más bonita que la de otro sacerdote, es la misma.”
Cerrando aquella nota, seleccionamos algunos párrafos que vale la pena compartir:
“[…] ahora estoy en un año sabático, un poquito para descansar y también para prestar ayuda acá. […]… comencé a sentir la vocación sacerdotal cuando me preparaba para mi primera comunión. Desde chico, me gustaba jugar a que celebraba misa. Más tarde, exactamente a los 16 años, entré al seminario. […] Recuerdo que mi madre no era muy devota de ir a misa, lo que se dice “practicante”, por lo que inducido en mi vocación por mi propia familia no he sido. Me atrevería a decir que todo lo contrario, ya que a mi padre le resultó muy difícil aceptar mi decisión pero, una vez que fue a visitarme al seminario, vio que estaba contento, que estaba feliz y lo entendió hasta el punto de alegrarse por mí. Lamentablemente mi padre falleció dos años antes de que yo me ordenara, pero me quedan mi madre y cuatro hermanos. […] soy muy feliz, no me concibo de otra manera que no sea como sacerdote y entregando mi vida a Dios, a los hermanos. “
Viernes y Domingo, principio del fin
El último viernes más de 500 personas participaron de la última misa de “sanación” del Padre Osvaldo Daroni.
El Sábado, estuvo en algunos domicilios de fieles talenses, y anunció que oficiaría la misa en La Tosquera como lo hacía habitualmente, pero… subrepticiamente, desapareció.
El Domingo, para sorpresa de los asistentes a la parroquia, ofició la misa el Padre Sergio. Allí, comunicó de manera bastante sutil que Osvaldo no regresaría y comenzó a circular el rumor de que su alejamiento obedecía a un llamado telefónico que lo alertaba sobre el grave estado de salud en el que se encontraba su madre.
Al menos, eso es lo que él mismo le dijo a quienes se comunicaron a su celular. “Debo estar con mi madre” repitió también a los periodistas de La Radio, aunque pocas palabras después se contradijo y nunca más atendió su teléfono.
Los rumores empezaron a rodar como una bola de nieve, a punto tal que a las 14.30 horas, la Iglesia de la localidad se convirtió en el centro de una convocatoria para reclamar el regreso del Padre Osvaldo.
Los presentes deslizaron todo tipo de conjeturas, desde presiones recibidas por parte del párroco sampedrino Carlos Miri a conspiraciones contra la localidad que había logrado después de 56 años, tener su sacerdote. Pedidos, oraciones, aplausos, cánticos y lágrimas formaron parte de esa larga jornada que culminó alrededor de las 20 horas, por cuanto los fieles se quedaron puertas afuera del templo rezando sin ingresar a la misa que oficiaría el padre Sergio.
Pocos sospechaban que “la mentira había comenzado a ser pecado alrededor de las 16 horas del Sábado”.

Entre bambalinas “la denuncia”
Es habitual recibir en este medio, denuncias de la más diversa índole. Lejos de lo que muchos creen, cada una de ellas es chequeada exhaustivamente antes de ser publicada. Así, sin que imagináramos el desenlace, un joven mayor de edad, cuya identidad por ahora resguardamos, relató una catarata de episodios que habían tenido lugar con el Padre Osvaldo. Como descendiente directo de una persona íntimamente vinculada a la Parroquia Nuestra Señora del Socorro, comentó que había sido víctima de un hecho aberrante cuando prestaba servicios en la Iglesia de Río Tala. El joven, dejó sus datos personales, sus teléfonos y la disposición a realizar declaraciones para este medio. Horas después, nuestros periodistas confirmaban que en los últimos tiempos esta persona había estado internada por distintos problemas con su salud mental, motivo por el cuál se comenzó a investigar la veracidad de lo que había expuesto.Durante el domingo y el lunes, la supuesta víctima se negó a todo tipo de comunicación, aunque reconoció haber estado en estas oficinas recalcando “yo no tengo nada que ver con la decisión que se tomó”.
Obviamente, hasta ese momento, no solo los medios, sino la ciudadanía entera desconocía que “ya había una decisión tomada” por Monseñor Héctor Cardelli. Había sido el Obispado el que el Sábado por la tarde le comunicó al Padre Osvaldo Doroni que debía abandonar de inmediato la Iglesias de allí, sin demorarse siquiera en buscar sus pertenencias.
Nadie quiso confirmarlo hasta el momento, pero sería este y no otro, el motivo que OCULTAN, para salvaguardar “la imagen de la Iglesia”.

Lo peor de los cristianos
Sin que mediaran circunstancias que puedan hacer que este medio, aparezca siempre como responsable frente a los rumores que boca a boca repiten que “están en contra de la Iglesia”, asumimos nuestro compromiso por la verdad y comenzamos a averiguar, cuál es el precio que hay que pagar por el PROFUNDO SILENCIO que tapa cuestiones que siempre son rayanas con el delito.
El episodio del padre Osvaldo despertó lo peor de lo peor: el anonimato y la calumnia.
Importantes faltantes de dinero, delitos de índole sexual, internas entre los responsables de las parroquias, envidias por la cantidad de fieles que cada uno logra reunir y otras expresiones que ilustran claramente como el lodo siempre logra acumularse sobre las superficies limpias, plagaron nuestra redacción.
El comportamiento de los seguidores de Jesús, resultó más denigrante que los métodos que hoy emplean los partidos políticos para dirimir sus entuertos.
Quienes vemos en Jesucristo al hombre que fue capaz de cambiar la historia de la humanidad, no salimos de nuestro asombro ante actitudes tan miserables como estas que exceden ampliamente a las comprendidas en los mandamientos.
Casi como en un clásico de fútbol, los feligreses comenzaron a ensuciar sus mentes con los peores pensamientos y lo que es aún peor, hay algunos sacerdotes que desde las sobras están alentando esta verdadera guerra, que según un grupo de vecinos que se reunió en el mediodía de ayer para tratar el tema, podrían analizar la recolección de 20.000 firmas para poner en marcha el mecanismo de “odium plebis” que permite a los católicos manifestarse y solicitar el desplazamiento de un párroco, tal como lo explicó el Vicario Marciano Alba, el lunes a la mañana en una nota realizada en el Programa “Sin Galera”, al ser consultado sobre los mecanismos legales de remoción que posee la Iglesia.
Anoche, en un domicilio de nuestra ciudad, varios seguidores del Padre Osvaldo se aprestaban a insistir con un pedido de entrevista al Obispo e iniciar una investigación sobre la conducta del Párroco Carlos Miri, durante los últimos años. Para ello, varias fuentes consultadas, coincidieron en señalar que utilizarían e-mails anónimos bajo el título “yo confieso” para incentivar a la gente a denunciar. Sin dudas, un método propio de cobardes o como mínimo hipócritas en el centro de una sagrada institución que precisamente se precia de ser el único recurso que tiene el ser humano para sentirse comprendido en su fé en Dios.
Si esto llega a concretarse, cosa bastante difícil después de esta publicación, sería un hecho más que aberrante utilizar el anonimato para promover la calumnia como se estila en ámbitos más que reñidos con los valores que todo ciudadano debería tener.

“La decisión es irreversible”
Sólo aquellos que prestamos atención a lo que “no se dice” cuando se dice, entendimos el mensaje de Monseñor Héctor Cardelli, cuando indicó en una nota concedida a la periodista Lilí Berardi que “por su bien y el de la comunidad lo más saludable es que (Osvaldo) no vuelva. Es necesario no hablar más”. Un párrafo tan intricado en la voz de una autoridad eclesiástica, es demasiado parecido al ocultamiento de las verdaderas razones del traslado.
El Obispo dijo textualmente: “Al llegar yo a la diócesis sentí la necesidad de enviar un sacerdote a esa comunidad y el Padre Osvaldo a quien conozco de estudiante me pidió venir. Comenzamos las tratativas canónicas con la Diócesis de San Juan”…
“Yo estaba muy feliz y en este momento no tengo ninguna animosidad. Tanto el Padre Osvaldo como yo sabemos que por su bien y el de la comunidad, lo más saludable es que el vuelva a San Juan dentro de las cláusulas pactadas conmigo y con el Obispo de San Juan se dieron algunas cosas irreversibles que escapan de mi y que Osvaldo las asume y de común acuerdo hemos tomado esa decisión”.
Yo creo que por el mutuo respeto que nos debemos todos, es necesario no ampliar más. Ustedes sabrán ser lo suficientemente prudentes y respetuosos para aceptar, aun con dolor, que el bien de todos pasa por esta decisión. Yo estoy un poco apesadumbrado, pero con esa paz de haber buscado lo mejor para Osvaldo y para la comunidad de Río Tala.
Le pido a Dios poder enviarle otro sacerdote lo antes que pueda. Yo le pido a la comunidad de San Pedro que sepa aceptar esta decisión que no es unilateral que la hemos tomado ambos sobre todo para bien de él y de la comunidad
– ¿La decisión es irreversible?
– Si
– ¿Por más firmas que haya?
– A mi me han escrito una carta, yo entiendo y no estoy cerrado, entiendo perfectamente el sentir de la gente se que lo de la firmas es un motivo de querer expresar esa adhesión. No es conveniente que sigamos
– San Pedro tiene un complejo o estigma de la cantidad e sacerdotes jóvenes que se han ido…
– Yo lo estoy percibiendo a eso… A nosotros nos toca una tarea muy dura. Yo fui párroco muchísimos años. Nos tocan situaciones muy duras como Obispos pero llegado el momento, lo tenemos que ejercer. Yo no he roto el vínculo con Osvaldo fue una conversación y quedamos así, no estamos peleados ni enemistados ni tampoco quiero pelearme con la gente sino no hubiera llevado un cura a Tala. Mi ánimo estaba en que todo estuviera perfecto.
Osvaldo tuvo una gran acogida por parte de la renovación carismática y la misa de sanación yo le dije a él: mirá Osvaldo con que me llenes esa Iglesia yo me doy por satisfecho y al poco tiempo me dijo mirá la Iglesia se llena ya con gente afuera y digo bueno !bendito sea Dios!
Por ahí las cosas quedan así, a medio responder tal vez… pero hay cosas que son de un fuero distinto y me parece que no tengo que exponer por respeto de todos.
Allí me parece que en San Pedro hay una especie de animosidad con respecto a algunos sacerdotes, concretamente al padre Carlos, el es mi delegado para educación. Y yo le decía a Horacio, porque yo hablo con Horacio, no estoy cerrado de abrir una escuela, es necesario ver como la insertamos en la pastoral de la Parroquia.
Aunque la charla fue mucho más extensa, los párrafos remarcados, entre líneas, marcan mucho más de lo que se expresó públicamente. Es evidente, que la verdad, como mínimo está “enmascarada” elegantemente para no profundizar las heridas que ya exhibe la población.

Los curas de la gente
La pregunta y el comentario resultan recurrentes. Apenas se habla de los sacerdotes de San Pedro, todos coinciden en señalar que es muy difícil que aquellos que logran desarrollar una tarea social en contacto directo con la gente, terminen marchándose de la noche a la mañana, aduciendo el desgaste que les produce compartir “protagonismo” con la parroquia principal.
Incluso el pedido de una escuela primaria por parte de los padres de los alumnos del Jardín Belén, se atribuye a estas “internas”.
Los nombres de Javier Fortunato, Bernardo Ruiz Moreno, Walter, Rafael y el ya fallecido y siempre solitario Cayetano Silva de Gobernador Castro, entre otros, forman parte de la sangría que se ha producido en distintas comunidades católicas que encontraron en ellos una compartida humildad con los sectores más vulnerables de la población.
Algunos sostienen que San Pedro es un destino para “los castigados”, otros prefieren ver la verdadera acción que desplegaron no solo en su tarea evangelizadora sino en el compromiso social que sellaron con los fieles, predicando con el ejemplo. Cuando la lista de nombres que ya no están en la ciudad, se ve completa, ASUSTA. Cómo siempre cabe preguntar por qué y para qué, cuando el dogma nos lo permite y sin que nos persigan con la “culpa por dañar la imagen de la Iglesia”.
La Iglesia se daña con la mentira, los rumores, la hipocresía y las conductas poco claras de muchos de sus representantes.

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