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Es originario de la isla de Cerdeña, y su nombre científico Petroselinum proviene de la palabra piedra, pues crece naturalmente en suelos rocosos.
En el lunfardo porteño un auténtico perejil es tan poca cosa que ni regalado es importante: “estar tirado como un perejil”, dice el tango. En realidad habría que revisar este concepto, que nació cuando el perejil tenía muy poco valor y era la yapa que se daba en las verdulerías.
En la Historia tuvo un protagonismo sangriento. Comenzando porque por ser rico en vitamina C y en hierro, el mismísimo San Franciso de Asis, quien padecía anemia, comía pan con perejil para recuperar las fuerzas.
Luego, porque el perejil fue protagonista en acontecimientos violentos nada relacionados con sus componentes aromáticos y medicinales.
En 1937, la Masacre del Perejil, de la República Dominicana, fue promovida por el dictador Trujillo luego de convencer a su pueblo que los negros de la vecina Haití estaban ocupando sus puestos de trabajo en el campo. Para identificar a los haitianos pedían a los hombres negros que pronunciaran la palabra perejil. Los dominicanos pasaban la prueba, pero los haitianos, que hablaban un dialecto del francés, no podían y esa era su condena a muerte
Otro, casi tragicómico, ubica a nuestra hierba en un conflicto entre España y Marruecos por un islote deshabitado de menos de 1 Km² llamado El Perejil, situado en el estrecho de Gibraltar. No tiene valor estratégico, pero en 2002 fue ocupado por infantes de la marina marroquí. Al fracasar la negociación diplomática inicial, España avanzó con un impresionante despliegue de helicópteros, aviones y soldados que recuperaron el sitio en 10 minutos sin que sonara un solo disparo.
