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sábado, julio 24, 2021
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“Palabra de Ferretero”

Después de 42 años en el rubro, el lunes pasado bajó sus persianas la Ferretería Allegrone.

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Pasan los años, se generan ilusiones, pero también se cumplen ciclos. Como tantos inmigrantes, la familia Allegrone arribó a la Argentina en la década del ’30, con la esperanza de tener un futuro mejor. Con la expectativa de trabajo, la de labrar la tierra y emprender una nueva vida.
Fue así como Don Héctor Allegrone se afincó en San Pedro junto a su familia y comenzó a generar lo que con el paso de los años se transformó en uno de los rubros comerciales más heterogéneos y más completos.
Cientos de sampedrinos recordarán aquellos días en los que llegaban al comercio de ramos generales para comprar repuestos para sus carros, las pecheras para sus caballos o los principales productos de esa época.
Pero los tiempos fueron cambiando y las exigencias también. Fue así como Héctor Horacio Allegrone, en 1966 lo transformó en una de las pocas ferreterías que por aquellos años había en la ciudad. Moderna como pocas, variada, y haciendo gala del importante edificio que desde 1979 se ubicó en Mitre 2050.
Ese lugar que durante años fue el paso obligado de muchos sampedrinos ha cumplido un ciclo. Superó muchas crisis y épocas difíciles, pero llegó el tiempo de tomarse un respiro, un merecido descanso, y es por eso que el lunes la Ferretería Allegrone cerró sus puertas.
Y justamente, con 74 años, Héctor Allegrone, el mismo que llegó desde Italia junto a su familia buscando nuevos horizontes, relató con detalles los mejores momentos de su vida sellada al comercio.

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Don Héctor
“Llegamos a este país desde el Norte de Italia, buscando nuevos horizontes”, dijo Héctor a “La Opinión”.
“En el año ’39, mi padre comenzaba un gran desafío en la ciudad, en un local, emplazado en un terreno baldío donde había un galpón, cuyos tirantes estaban amarrados con tientos crudos”. En ese lugar, y cuando Héctor recién cumplía seis años, su padre emprendía un negocio. El mismo donde después se comercializarían diferentes artículos como pecheras para caballos, repuestos para carros, hierros, maderas, tornillos, chapas y todo tipo de metales.
“Recuerdo que no era necesario firmar facturas, se anotaba en un libro y había que sumar a mano”, contaba Héctor clavando la mirada en un punto, como escudriñando en el espacio en busca de recuerdos.
De chico, Héctor asistía a la escuela Nº 7, y colaboraba también con el negocio de su padre, saliendo a cobrar las cuentas, por ejemplo: “Cuando se iba él, que llevaba los libros y me quedaba solo, me decía, sumá una sola vez, yo vengo, lo reviso, si pagó demás le devolvemos la plata, y si pagó de menos le avisamos”.
“Ya a los 13 años trabajaba ocho horas y comencé a interiorizarme de cómo era la milonga esta”. Y justamente esa “milonga” lo llevó en el año 66 a hacerse cargo de la que sería una de las ferreterías más importantes de nuestra ciudad.
En el año 79´, compraron el terreno y construyeron el edificio donde funcionó hasta el lunes la ferretería. “La compré con dos hipotecas que no me dejaban dormir” contó con un gesto de melancolía.
Según Héctor, en esa época montar una ferretería de esas dimensiones representaba “todo un desafío”, porque eran muy pocas las que había en San Pedro, y “ésta era un gigante de mercaderías”. “Luego se pudrió todo con la economía del país”, subrayó Allegrone con respecto a las épocas complicadas que le tocó afrontar. “Me acuerdo que yo salí a caballo cuando aumentó la nafta en la época del Rodrigazo. Me fui al Butti, al Banco Provincia y a la Municipalidad”. En relación a ese tremendo momento histórico de la Argentina, Allegrone comentó que “fue terrible, una cosa que salía 100 pesos, a la tarde salía 200, y todo era pérdida”.

Hasta pronto
“Ha llegado uno de los días más tristes porque cerramos la ferretería. Pero bueno, quiero darme algunos gustos todavía”, relató el comerciante con contundencia.
Es que el compromiso con su negocio, lo convertía según sus propias palabras en “una cárcel”, a la que se hace necesario trabajarla todos los días, menos el sábado a la tarde y el domingo. “Pero han sido muchos años de sacrificio”, y ya es hora de un merecido descanso.
Consultado al respecto a su equipo de trabajo, el ferretero comentó que “si no tenés gente de confianza, la cosa no camina”, destacando que el mismo ha contado con un “personal ejemplar”, destacando que muchos de sus empleados trabajaron con él durante más de 20 años.
Y justamente sus empleados se atrevieron a reconocerlo como una gran persona, no sólo por haberles enseñado el oficio, sino por brindarle la transmisión de valores.

Gustos y deseos
“No me puedo quejar porque he vivido momentos de inmensa alegría aunque algunos gustos todavía me quiero dar”, aseguró Allegrone. “Con respecto al trabajo puntualmente, mi mayor felicidad se reflejó cuando pude hacer el local nuevo, porque era un anhelo”.
“Realmente yo estoy muy feliz por lo que hice, pero si tuviera un botón rojo para apretar y que se cumpla cualquier deseo, sería bueno hacerles pagar a todos los que le hicieron daño a este país”, dijo con un toque de humor.
“La verdad que ahora tendré mucho tiempo libre y todavía tengo que acostumbrarme a esta nueva vida”. “Me gustaría ir a Grecia y salir a visitar a mis amigos que hace mucho tiempo que no veo, porque si hay algo para lo que te quita tiempo el negocio, es justamente es para poder tener un rato con tus amigos”, aseguró Héctor Allegrone. Por último, consultado sobre su futuro más próximo, el hoy ex ferretero dijo que primero deberá ponerse a “confesar con mi contador y después veré bien lo que hago”.

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