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domingo, enero 24, 2021

Operativo en un campo de batatas: intervienen Procuraduría de Explotación de Personas y Juzgado Federal

Una inspección de Renatre detectó trabajadores en condiciones irregulares en campos de la empresa Finca Verde y tomó intervención la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas. El Juzgado Federal lleva adelante una causa por el tema. Oriundos de Santiago del Estero, los changarines contaron sus peripecias a La Opinión.

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El Juzgado Federal de San Nicolás, a cargo del juez Carlos Villafuerte Ruzo, instruye una causa relacionada con la trata de personas a raíz de una inspección del Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (Renatre) que tuvo lugar el viernes pasado en un campo de la empresa Finca Verde, propiedad de la familia Taurizano, conocida por su producción de batatas y por ser la primera firma argentina en exportar a Inglaterra.

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El operativo del Renatre detectó situaciones que consideró irregulares en la contratación de los empleados, las condiciones habitacionales, incumplimiento de los convenios laborales y otros puntos que obligaron a radicar la denuncia ante la Justicia Federal, con intervención de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex).

Uno de los sitios que alquilaron para residir en San Pedro. Fotos: La Opinión.

Los trabajadores fueron contratados para viajar desde Termas de Río Hondo, Santiago del Estero, hacia San Pedro para trabajar en la producción de batatas de la firma Finca Verde. Según relataron los propios changarines, la empresa pagó el micro que los trasladó pero les descontó el viaje —alrededor de 4 mil pesos, informaron— en el pago de la primera semana de trabajo.

Los trabajadores indicaron que las tareas de las dos cuadrillas, que en total suman entre 60 y 70 personas, consistían en “cortar los plantines, los limpiamos y lo embolsamos, ellos lo llevan a otro que lo va a plantar”.

Según relataron, trabajaban de 4 de la mañana a 7 de la tarde y algunas veces hasta las 9 de la noche, todos los días, incluidos sábados por la tarde y domingos, sin percibir pago por horas extras y con media hora por día para comer, que no corría entre las horas a cobrar.

Refirieron que no contaban con baño —”Hacíamos en cualquier lugar que encontráramos”, dijo uno de ellos— y que bebían agua desde un bidón que compartían tras utilizar una bomba del campo.

“Hace un mes que estoy acá y no puedo hacer un giro ni de 5 mil pesos a mi mujer”, se quejó durante la inspección un trabajador. Durante la jornada del viernes, el reclamo de los santiagueños ante el Renatre fue que la empresa “se haga cargo de los gastos extras que tenemos”.

La Opinión llegó hasta uno de los departamentitos que alquilan en la zona de Aristóbulo del Valle al 200. Uno al que pudo acceder era un monoambiente en el que cocina y cuchetas estaban juntas. Allí están alojados cuatro trabajadores. Pagan, según informaron, 2.500 pesos cada uno por semana, es decir un total de 10 mil pesos cada siete días o 40 mil al mes.

“Vinimos a trabajar en la empresa Finca Verde, nos vinimos en colectivo”, contó uno de los trabajadores, de 21 años. “Nos dijeron que nos iban a dar vivienda y cuando llegamos nos dijeron que teníamos que buscar por nuestros propios medios un alquiler”, aseguró.

La paga por trabajar alrededor de 15 horas al día de lunes a lunes era de unos 11 mil pesos, siempre y cuando no hubiera algún tipo de descuento. “Eso nos impusieron acá, nos dijeron que si no trabajábamos el domingo nos suspendían. Nos pagan alrededor de 160 pesos la hora”.

Cuando llegó la comisión del Renatre, el viernes, consultaron por las condiciones de trabajo. “Si teníamos baño, dónde comer, si se hacían cargo de nosotros”, relataron y agregaron: “No tenemos baño en el campo, comemos en el suelo. Nos trasladan en un colectivo desde acá”.

Cuando llegaron los titulares de la empresa, el personal de Renatre les reclamó que debían pagar “los gastos, la comida, el alquiler, las horas extras”. Luego se presentó una abogada en nombre de Finca Verde. “Dijo que no iban a reconocernos nada, entonces les dijeron a los chicos que no trabajábamos más”, contaron.

La inspección del Renatre derivó en el fin del vínculo laboral. Aunque ahora, además de la Justicia Federal, toma intervención la Delegación local del Ministerio de Trabajo, cuya conductora, Sofía Rotundo, ya se entrevistó con los trabajadores. “No estamo registrados, nos dijeron que nos iban a pagar la semana que viene pero les dijimos que no, así nos pagaron pero nos dejaron sin trabajo”, informaron los changarines.

“El que se comunicaba con nosotros se llama Uriel. Ellos nos dijeron que íbamos a entrar fichados y en blanco, que íbamos a tener lugar”, dijeron.

Al arribar a San Pedro fue distinto: tuvieron que buscar dónde dormir, pagar ese alquiler excesivo y encontrar almacenes donde acepten darles fiado, con libreta, para pagar por semana una vez que hayan recibido el pago. “Cuando vamos a cobrar quedamos con monedas”, graficó uno de los jóvenes.

“Nos pagaban en el campo, iba el encargado de la cuadrilla, le daban la bolsita con los sobres y el nombre de cada uno. Sin recibo, no estábamos en blanco. Empezamos a entrar a las páginas de ANSES para ver si estábamos fichados y nos decían que no”, aseguraron.

La Opinión obtuvo la palabra de Agustín Taurizano, uno de los titulares de Finca Verde, quien aseguró: “Nosotros no estamos pagando en negro” y ofreció la versión de la empresa, que será publicada por separado.

El día del operativo, Renatre puso en conocimiento de la situación al Protex, que se comunicó con los trabajadores. Según relataron, les dieron dinero para pagar alquiler y almacén, montos que probablemente ese organismo estatal le reclamará a Finca Verde en el marco de la causa. De la misma manera, el Protex se hará cargo del traslado de los changarines a su lugar de origen.

Entre los trabajadores hay de Termas de Río Hondo, de Tres Cruces, de El Charco. Hay chicos de 18 y 20 años, jóvenes de entre 25 y 29, algunos de entre 35 y 39, y también hay trabajadores con mucha experiencia en este tipo de faenas y de trato, como uno de 59 años cuya resignación es reflejo de que desde hace décadas los controles fallan.

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