Parece una tradición pero es una mala costumbre que roza con el delito. En todos los idiomas robar… es ROBAR. Quienes padecen son los frentistas de toda la ciudad que quieren ver prolijamente cultivados sus jardines y canteros. La cuestión es que ni bien se mudan las plantitas a la nueva tierra, manos anónimas las destruyen o las trasladan, arriesgando su suerte. La culpa casi siempre es de los más jóvenes, haciendo honor al conocido refrán popular “Hazte fama y échate a dormir”… pero, en comprobadas ocasiones, son mujeres adultas quienes se arriesgan a retirar cuidadosamente las tentadoras flores y plantas. Cuidado, en muchos casos las paredes oyen y en otros… ¡tienen cámaras!
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