Oficios extraordinarios: Chacho Serrano, 91 años de un hombre cuya vida la hizo con trabajo
Empezó cuando apenas tenía seis años, acompañando a su padre en el reparto de leche. Desde entonces recorrió distintos oficios: fue cadete de farmacia, empleado de una concesionaria, camionero y transportista de combustible. También jugó al fútbol y corrió en bicicleta. Hoy disfruta de sentirse bien y de agradecer cada día.
Hugo Víctor “Chacho” Serrano estaba sentado en el tapial bajo que delimita el frente de su casa. A su lado, su sobrina. Allí lo encontró Rodolfo Sosa, que lo conoce desde hace muchos años y que decidió detenerse para conversar con él y recorrer, aunque sea por unos escasos minutos, una vida que tuvo al trabajo como su estilo de vida.
Chacho cumplió 91 años el pasado 15 de junio. Una edad que arrastra varias historias, esfuerzos y experiencias. Para quienes lo conocen, también representa algo más: “una persona que ha trabajado con honestidad”, dijo Sosa.
A pesar de los años, asegura que se siente bien. Camina, disfruta de sus días y, después de una intervención en la vista, valora especialmente poder continuar con sus actividades. “Más no le puedo pedir a Dios”, resume con sencillez.
Su historia laboral comenzó cuando era apenas un niño. A los seis años empezó a acompañar a su padre en el reparto de leche. Cuatro años después, a los 10, consiguió trabajo como cadete en la farmacia La Central.
Allí permaneció hasta los 15 años, cuando, según recuerda, dejó ese puesto porque “debía recibir un salario mayor tras la llegada de Juan Domingo Perón” a la presidencia.
Después pasó por la concesionaria Chevrolet perteneciente a Plácido Martínez Sobrado, que estaba ubicada en Ituzaingó y Balcarce (futura sede del supermercado de la Cooperativa Obrera). Más tarde llegó otra etapa de su vida laboral: el transporte. Se convirtió en camionero y trasladó combustible, también cereales para la firma Ramón Rosa y realizando viajes hacia Buenos Aires.
Una vida de trabajo que también tuvo lugar para las pasiones. Chacho fue jugador de fútbol de Paraná F.C. e incursionó en el ciclismo, como corredor.
Hoy es jubilado y vive con los haberes mínimos. No oculta las dificultades que implica llegar a fin de mes con ese ingreso. “Alcanza hasta ahí nomás. Uno la pilotea como puede, pero como bien”, le cuenta a Sosa con la misma simpleza con la que repasa los distintos trabajos que tuvo a lo largo de su vida.
A los 91, Chacho Serrano sigue sentado en el frente de su casa siempre que el frío no lo acobarde, conversando con quienes se acercan, como en este caso con el ganador del concurso al movilero del año de La Opinión y Sin Galera. La vida le dejó hijos que viven en Buenos Aires y familiares que lo acompañan cada día, además de nueve décadas de recuerdos y una certeza refrendada en la entrevista: el trabajo ha sido su más distinguido compañero desde que era un niño.
Después de este tiempo, aún mantiene intactas las ganas de seguir disfrutando de cada día.

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