Nombraron otra empleada para la “Oficina Animal”
Mientras a diario se reproducen las quejas por la falta de aplicación de la ordenanza de control de la población canina, el Gobierno contrató a la integrante de una de las ONG que trabaja en el tema para que colabore con la veterinaria que fue designada a principios de año.
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La ordenanza de control de la población canina aprobada por el Concejo Deliberante en octubre del año pasado autorizó al Gobierno a contratar a una profesional veterinaria con una máxima categoría posible del escalafón, jefe de departamento, que resultó ser la nuera de la concejala oficialista Mónica Otero, Marina Farías. Como todavía el programa es una expresión de deseos expuesta en papeles, para cumplir con la gran cantidad de objetivos planteados designaron a una militante para colaborar.
Cecilia Tarsetti, miembro de la ONG Vida Animal y activa militante por los derechos de los perros –ella misma alberga a decenas en su casa, mientras están en tránsito hacia un hogar definitivo– fue nombrada empleada municipal de planta temporaria –como deben hacerse todas las designaciones de trabajadores que al año tendrán estabilidad como efectivos– a través de un decreto del 14 de julio pasado.
Qué dice el decreto que la nombró
Tarsetti fue incorporada a la planta de empleados municipales “para el Programa Control de la Población Canina creado por Ordenanza N°6229/16”, dice el decreto, que explica que la solicitud la hizo el propio intendente Cecilio Salazar y no la Secretaría de Salud que conduce Edgar Britos, de la que depende la denominada “Oficina Animal” que conduce Farías, como sucede habitualmente con los pedidos de ingreso de personal.
En el expediente que apoya el decreto se hace referencia a su curriculum, aunque no está adjuntado al documento que firmaron el intendente Cecilio Salazar y el secretario de Gobierno Silvio Corti.
El decreto de nombramiento de la militante canina señala que se la designa como agente “Agrupamiento 21 – Categoría 5 – Ayudante de 3ra. con 30 horas” de trabajo semanales, es decir seis horas diarias que cumplirá en la Oficina Animal, que funciona en el edificio del excorreo, en la Secretaría de Salud.
Para qué está la Oficina Animal
Hasta el momento hubo campañas de vacunación en plazas de las localidades y en la ciudad, y anunciaron un convenio con Vicente López para hacer “50 castraciones por día” en un quirófano móvil, que todavía no se concretó.
La ordenanza, que cumplirá un año en menos de tres meses, prevé que el Municipio disponga un espacio para brindar “asilo temporario” a los perros. Señala también que la Oficina Animal se ocupará del “retiro de la vía pública, para su castración y vacunación antirrábica” de “aquellos caninos en situación de calle que exhiban comportamiento agresivo comprobado mediante denuncia o exposición policial y certificado médico de la persona afectada”, al tiempo que intervendrá “en aquellos casos particulares como abandono extremo, ancianidad, enfermedad grave o agresividad manifiesta”.
La Oficina Animal tiene disponible la línea 425620 y el mail [email protected] para consultas por parte de la comunidad.
Una problemática instalada
La preocupación por la población canina crece en la comunidad. La conciencia del respeto de la vida animal y la necesidad de inculcar responsabilidad en quienes tienen mascotas están cada vez más instaladas en una sociedad que considera a perros, gatos y otros animales como parte de la familia.
En la calle aparecen perros abandonados, otros que crecen y deambulan por distintos puntos de la ciudad, algunos que escapan de las desalmadas garras de dueños que los maltratan.
En algunos casos, se transforman en un riesgo. Las quejas por mordeduras y ataques en el centro son constantes, sobre todo en los cajeros automáticos de los bancos, donde van a buscar refugio ante el frío en invierno y el calor en verano.
La ordenanza de control de la población canina fue sancionada a propuesta del Gobierno de Salazar, que trabajó en conjunto con la ONG Vida Animal, a la que pertenece la nueva empleada municipal, con el objetivo de crear un programa amplio para “evitar o disminuir los conflictos sociales y culturales siempre latentes en el seno de la comunidad” en relación al tema y con el sueño de un hospital veterinario para mascotas.
