No tan juego de niños
El Centro Cultural Aníbal de Antón, coherente con la actividad que ha llevado a cabo desde su inicio levantando la bandera en defensa del patrimonio cultural y la identidad de nuestro pueblo, se siente obligado y cree absolutamente necesario extender a toda la población y representantes, la angustia y la preocupación por la posible construcción de un parque de diversiones Disney World Mundo SA. Tan monstruoso proyecto nos lleva a preguntarnos si no serán idénticas de monstruosa sus consecuencias “San Pedro va a cambiar totalmente”, textuales palabras del empresario Max Higgins, más acostumbrado a las luces artificiales de hoteles y casinos que la luz natural del sol que iluminando al río dibuja un maravilloso paisaje. ¿Qué implica tamaña afirmación? ¿Deseamos los sampedrinos dejar de vivir en la cuidad de siempre, para comenzar una vida totalmente diferente quien sabe en que condiciones? ¿Cuál será el destino de nuestro pueblo después de la instalación del parque? Un profundo análisis y una reflexión madura obligan a cuestionar la conveniencia de dicho emprendimiento. La cuestión ecológica como forma de vida: Las empresas que más éxito tienen en el mundo son las que más asesinan al mundo, y los grandes empresarios que deciden el destino del planeta son quienes mayores meritos hacen para aniquilarlo. La ruina de la tierra, la intoxicación del aire, el envenenamiento del agua, el enloquecimiento del clima y a dilapidación de los bienes mortales que la naturaleza otorga, deben dejar de ser temáticas molestas que nuestros hijos estudian en la escuela primaria y convertirse en políticas de estado de manera urgente. La naturaleza es sabia y de vez en cuando viene a darnos un cachetazo para despertarnos de una interminable siesta. Aquí nomás en Gualeguaychú, por culpa de la pastera finlandesa Botnia, habrá que avisarle a cada bebé recién nacido que tiene el doble de posibilidades de contraer cáncer que sus propios padres, a raíz del aire irrespirable y del vertedero de desechos tóxicos expulsados al río Uruguay. En cuanto al proyecto Disney World ¿Dónde irán a parar los desechos tóxicos generados por la construcción y funcionamiento de la empresa? ¿Será el río Paraná y al riacho de San Pedro el destino de la basura producida por un sinfín de turistas más preocupados por donde caerá la bola de la ruleta que por el hábitat de los peces? Cada uno de los lectores de esta nota creció bañándose a orillas de un gigantesco río, vivo y limpio. Cercado por verdes árboles llenos de pájaros típicos. ¿Qué derecho tenemos nosotros de quitarles la posibilidad a nuestros hijos? Una forma de vida y parte de la cultura puesta en peligro. Piense cualquiera si poesías como “canto al Paraná” del poeta local Aníbal de Antón y sus versos “Paraná, lengua de luz, voz musical de la tierra; no se si cantas por irte o cantas por que te quedas” serán posibles con el parque instalado aquí. La Poesía va a dejar de actualizarse diariamente y quedará reducida a una expresión melancólica de un pueblo difuso que se ha quedado sin patria. La idea económica productiva que transforma la naturaleza en recursos explotables, no se lleva bien con el arte, tampoco con la humanidad misma, porque útil para unos pocos. Hace siglos la comunión de los indígenas con la tierra constituía la certeza esencial de todas las culturas americanas. No se trata de someter o proteger a la naturaleza, ella no esta fuera de nosotros. Debemos rescatar de aquellas civilizaciones anteriores, la idea de hombre como parte de la naturaleza, respetuoso de sus signos, sus cambios y sus equilibrios. Una ciudad históricamente valorada por ser hábitat natural de una espectacular flora y fauna, donde la tranquilidad, la paz y el silencio funcionan como vía de escape para aquellos turistas que desde hace décadas nos visitan huyendo de las grandes cuidadas plagadas de ruidos molestos, árboles suicidados por edificios y recursos naturales convertidos en shopping centers o parques de diversiones ¿Desea la población sampedrina transformarse en una ciudad cosmopolita que vive en perpetuo estado de emergencia ambiental? ¿ o convertir un símbolo de la identidad de nuestro pueblo como es Vuelta de Obligado en un espacio de exhibición comercial? ¿Vale la pena la conversión de semejante espacio verde en un aglomerado de edificios del primer mundo donde siempre los mismos pocos, juegos y casinos multicolores, y hamburgueserías que envenenan gratuitamente los estómagos a base de productos químicos que necesitan la deforestación de bosques tropicales y el desalojo de los indígenas? Una profunda cirugía aplicada a nuestra reserva natural para transformarla en un parque de diversiones donde se entretienen algunos, se enriquecen pocos y, desde afuera, la gran mayoría contempla las cosas que sus bolsillos no pueden pagar. El tradicional paseo de los fines de semana por la costanera reemplazado por la excursión a estos oasis urbanos, donde habitantes son invitados a una fiesta donde no son convidados pero pueden ser mirones. Turistas posando para la foto al pie de grandes carteles en inglés de marcas internacionales más famosas, que no recordaran al irse ni el nombre de nuestra ciudad, menos sabrán que representa para el país la Batalla de Obligado. La tranquilidad de nuestra cuidad hecha trizas; y su andar lento, cansino y en paz, reemplazando por una estruendosa e incesante ida y venida de vehículos llegados a cualquier hora, de cualquier lugar, de cualquier parte ¿Eso queremos para San Pedro? Acerca del progreso: En época de capitalismo salvaje, dónde las palabras quieren decir siempre otra cosa, el Centro Cultural como defensor de la naturaleza y la dignidad humana podrá ser calificado de portavoz del atraso, dedicado a espantar la inversión extranjera y sabotear el desarrollo económico. Estamos a favor del progreso de nuestra cuidad, no a favor del atraso que significa el ingreso de empresas que vienen a contaminar nuestro medio ambiente. Estamos a favor de la creación de empleo para los sampedrinos, pero no olvidamos que las “mejores” condiciones para estas empresas son las “peores” condiciones al nivel de salarios, casi siempre enanos, la seguridad en el trabajo y la salud de la tierra y la gente. El Centro Cultural Aníbal de Antón invita a ejercitar la memoria y pensar si no resulta conocido a nuestros oídos la dulce melodía de voces que prometen el ingreso al primer mundo, como acto de magia que nos convertirá a todos en prósperos miembros del reino del despilfarro. Estas voces deberían ser juzgadas por estafa, por prometer lo imposible, y por apología del crimen, por ofrecer como gran orgasmo de la vida, como único camino posible hacia la felicidad, un modo de vida que en realidad, nos está enfermando el cuerpo, envenenando el alma y nos está dejando sin casa: aquella casa el mundo quiso ser cuando todavía no era. Centro Cultural Aníbal de Antón.

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