No poder descansar en paz
Otra vez el Cementerio de nuestra ciudad fue blanco de vandalismo. En esta ocasión, desconocidos ingresaron en horas de la noche del pasado viernes y produjeron daños en el último corredor de bóvedas. Algunas de ellas fueron forzadas aunque en esta oportunidad ninguna de ellas fue profanada.
:format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2020/08/dsc04747_800x600.jpg)
Los hechos de inseguridad y delincuencia en el Cementerio de nuestra ciudad no cesan. Semana a semana se reproducen las denuncias por daños y profanaciones en los sectores de bóvedas, que se multiplicaron durante los días en que hubo paro municipal.
El presidente del Foro de Seguridad Juan Gutiérrez informó que “un empleado del cementerio se acercó a la reunión del Foro y denunció los hechos”, y agregó: “Nos comprometimos a venir con los medios de comunicación para que todo quede registrado y acá estamos, pero más no podemos hacer”.
Durante un recorrido por las instalaciones, La Opinión observó no sólo los daños –bóvedas forzadas y vidrios desparramados por todo el lugar–, sino también las deficiencias edilicias en la parte posterior del cementerio, por las cuales ingresan los malvivientes: dos puertas oxidadas sin candado ni cerradura, rejillas forzadas y un tapial que apenas supera el metro y medio de altura.
La promesa que quedó en promesa
“El Ministro dijo que los cinco efectivos iban a estar acá, hasta ahora no apareció ninguno” expresó Gutiérrez y con razón: el Ministro Ricardo Casal prometió en su último arribo a San Pedro el pasado 22 de octubre esa incorporación, que sería en 48 horas, y nunca llegó. Además anunció en aquella oportunidad que 16 efectivos serían enviados en total a nuestra ciudad y que de ellos, ocho quedarían efectivos. No pasó nada.
Gutiérrez se refirió además al desempeño del Jefe Distrital Dante Paolini: “Está haciendo todo lo que puede con el personal que cuenta” y agregó “ponen más esfuerzo de lo normal. Es problema es que no hay personal”.
A las 18.00 deja su turno la última persona que realiza tareas de control y mantenimiento en el lugar. De ahí en adelante, durante la noche, el cementerio se convierte en tierra de nadie.
