No hay trabajo o no hay trabajadores - Tato Iglesias: "Los chicos que trabajaron conmigo hoy tienen su propio taller"
En un nuevo capítulo de No hay trabajo o no hay trabajadores, el preparador de autos de carrera que llegó al Turismo Carretera cuenta cómo se entra a un oficio que no tiene horario ni fines de semana. Pide poco para tomar a alguien, y enseñó a todos los que pasaron por su taller.
Cuando le preguntan qué mira en alguien que llega por primera vez a pedir trabajo, Tato Iglesias no habla de títulos ni de experiencia. "Lo primero que hay que ser es responsable", contesta. "Medianamente educado. No te voy a decir que tengas que ser un erudito ni nada, pero tenés que tener cierta educación, no podés andar peleándote con la gente."
Es la cuarta vez en esta temporada que un invitado contesta algo parecido. Ninguno pidió un currículum.
Iglesias prepara autos de carrera en San Pedro desde hace más de cuarenta años. Empezó mirando a su papá, que era mecánico de autos comunes y cada tanto preparaba alguno para correr.
"Ahí nació todo. De chiquito ya me empezaron a gustar los fierros, y sin querer empecé a aprender el oficio." Después vino el taller de la familia Laiz, y un camino que terminó donde no lo esperaba: "Nunca se me hubiera ocurrido llegar al Turismo Carretera, y llegamos."
Un oficio que no se puede planificar
La pregunta del ciclo es por qué sobran puestos sin cubrir. En su caso la respuesta no es que falte gente, sino que el trabajo mismo es inestable por diseño.
“Es muy difícil tener empleados fijos porque es muy variable”, explica. "La competición es muy exitista: si andás bien tenés trabajo y si no andás bien, no lo tenés."
A eso se suma un compromiso que no admite negociación. "La carrera es el domingo sí o sí. No importa si llueve, el auto tiene que ir sí o sí. Yo no puedo decir que va a estar para el lunes, porque la carrera es el domingo."
El precio lo paga él. Casi todos los fines de semana está en algún circuito. "Me invitan los compañeros a un asado y no puedo, porque tengo que cumplir con el trabajo." Y cierra con una frase que dice más de lo que parece: "Gracias a Dios tengo mi familia, que me acompañó toda la vida. Si no, no tendría más familia."
Por eso avisa que no es un oficio para cualquiera. "No es un oficio común. Esto tiene que seguir la pasión, si no, no."
El primero que enseñó
En los tres capítulos anteriores de esta temporada, el oficio aparecía siempre como algo que no se transmite. El podador contó que los que sabían no querían enseñar. El mosaiquero dijo que la parte artística no se la pasó a nadie.
Iglesias es el primero que contesta al revés.
"Los chicos que han trabajado en mi equipo, que han sido muchos, hoy en día tienen sus talleres, les va bien, y han aprendido el oficio casi en mi taller."
Y lo repite más adelante, casi sin darle importancia: "La gente que va al taller, yo siempre los enseño. Todo el que quiere aprender. No tengo una escuela, pero lo que uno puede dar de consejo y de enseñanza, uno lo da."
También sabe cuál es el filtro real. "Te tiene que despertar la curiosidad de cómo funcionan las cosas. El que tiene esa curiosidad es el que va a seguir ese rubro."
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De la escuela industrial al taller de bobinado
Esa curiosidad tiene una historia local. Iglesias se declara "un agradecido de haber ido a la escuela industrial, de los profesores que tuve", y recuerda que cuando armaban las carrozas los docentes se quedaban fuera del horario a ayudarlos.
Siendo todavía alumnos, él, Darío Krausse y Javier montaron un taller de bobinado de electrodomésticos en la casa de la abuela de Javier, en Almafuerte 415. La gente les llevaba ventiladores y planchas para arreglar. Fue el primer dinero que ganaron con las manos.
Antes de los autos hubo carrozas y hasta una película, con Juanjo Olivieri. "Son cosas que te obligan a aprender un montón de cosas que algún día terminás usando."
Su hijo Ezequiel creció en las carreras y hoy atiende un auto solo en el circuito de La Plata.
Lo que la inteligencia artificial no dijo
Al piso trajo su caja de herramientas: un calibre, que mide hasta décimas de milímetro, un micrómetro, que llega a las centésimas, y un torquímetro, que limita la fuerza con la que se aprieta cada tornillo.
Fue ahí donde el capítulo encontró su mejor momento. Lili Berardi le preguntó en vivo a una inteligencia artificial qué es un torquímetro. La máquina contestó con la definición exacta: mide y limita la fuerza de giro aplicada a un tornillo para alcanzar la tensión recomendada, sin deformar la rosca ni dejarla floja.
"Nada, que no lo explicaste vos mejor", le dijo ella.
Él escuchó, y agregó lo que la definición no decía: "Pero es tan malo dejar una tuerca floja como dejarla pasada de apriete."
Algo parecido pasa con el oído. "Uno está acostumbrado a sentir X motor. Si suena distinto a lo que normalmente suena, hay que prestar atención." Y recuerda lo que le dijo una vez Tito Oliva: "Esto es una sinfonía. Cuando anda bien, es una sinfonía."
Por qué se bajó del Turismo Carretera
Hoy trabaja en el automovilismo zonal, y es una decisión tomada. "Creo que el Turismo Carretera no es para gente de mi edad. Se trabaja muy acelerado, es muy grande el compromiso."
La diferencia, dice, no es solo de ritmo. "El Turismo Carretera es muy frío, es un comercio total." En el zonal, en cambio, los clientes son amigos y el sábado a la noche comen un asado en la carrera.
Dilemas en la era de la IA es un ciclo de Sin Galera conducido por Lili Berardi. La primera temporada, ¿No hay trabajo o no hay trabajadores?, busca entender por qué sobran puestos sin cubrir y faltan personas dispuestas a aprender un oficio. El capítulo completo con Tato Iglesias, y todos los anteriores, se pueden ver en la lista de reproducción del canal.

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