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    Necesito una respuesta

    1 de junio de 2011 | 11:34
    Necesito una respuesta

    En memoria de los que lucharon y luchan contra el cáncer.
    Soy sobrina de un paciente oncológico. Lamentablemente, mi tío nos dejó hace muy poquito, pero detrás del dolor que significa perder a alguien tan cercano me queda la impotencia de saber que a nuestras autoridades no les importa el bienestar del paciente que padece esta enfermedad, ni de su familia.
    Mi tío recibió atención en el Centro de día URE desde el mes de agosto hasta marzo del corriente año, a excepción de su última quimioterapia que fue realizada en el Hospital. Durante este período de tiempo, vivimos cosas que la mayoría de los pacientes y familiares deben pasar, enfrentándose en el camino con piedras, gente que no está dispuesta a facilitar las cosas, sino empeorarlas con un completo egoísmo, pero que nos sirvió para informarnos y ver las cosas desde adentro, las buenas, las malas y las pésimas, vergonzosas e indignantes.
    Como es de público conocimiento, durante los meses de tratamiento de mi tío, el Centro sufrió grandes conflictos, que terminaron por perjudicar la atención del paciente.
    Los médicos oncólogos, Dra. Lidia Ubaltón y Dr. Silvio Ejarque, concretaban sus consultas en la sala de quimioterapia, revisando a sus pacientes detrás del escritorio frente a las restantes seis personas que se encontraban en el mismo lugar, contando el Centro con un mínimo de cuatro consultorios. Se tomaron vacaciones interrumpidas, en este caso particular, el tratamiento de mi tío por 21 días.
    Mientras tanto, en el hospital había que pelear por la medicación, la cual nunca estaba completa y no se podía llegar ni siquiera a una sesión de quimioterapia.
    El día que la Asociación Ante Todo Resistiré ingresó nuevamente, con patovicas de los oncólogos de por medio, mi mamá y yo nos acercamos al despacho del Subsecretario de Salud Dr. Julio Caraballo para que, ante la incertidumbre, garantizara las sesiones de quimioterapia. Nos recibió muy amablemente, pero ante nuestro relato de todo lo que estaba ocurriendo, el Dr. no sólo nos desvió la conversación alegando que él creía que “cuando se junta lo público con lo privado las cosas nunca terminan bien”, como si aquello fuese a solucionar nuestros problemas.
    En este momento, el Dr. tomó la decisión de enviar a los pacientes al hospital.
    Fuimos un día viernes, citados a las 14.00, y allí nos encontramos con otros cinco pacientes, esperando la quimioterapia a la misma hora con sólo dos camas. Obviamente, sólo dos pacientes pudieron entrar, el resto nos quedamos afuera esperando una hora cuarenta y cinco minutos, algunos de pie porque no había bancos, al lado del garage de las ambulancias y residuos.
    Como si todo esto fuera poco, los medicamentos no pasaron por mesa de entrada y mi tío firmó constancia de su quimioterapia en una planilla de URE, estando en el hospital.
    Dicho esto, quiero pedir por favor que se deje de decir que el hospital está en condiciones, porque no lo está y mucho menos comparándolo con el Centro modelo en Lavalle 180.
    Pero sé reconocer, que a pesar de que hay gente a la cual no les importa que mi tío, como tantas otras personas, tengan que pasar por esto, hay también quines nos brindaron apoyo psicológico y emocional que en el hospital no se nos dio. Por esto quiero agradecer profundamente a la gente de Lalcec y Ante Todo Resistiré, quines le brindaron a mi tío y el resto de mi familia apoyo incondicional en todo este tiempo.
    Para cerrar mi carta, dejo unas preguntas que a mí me quedan sin responder: ¿Por qué ante los reiterados pedidos de intervención, el Sr. Intendente Pablo Guacone no se acerca a ambas instituciones y observa él mismo lo que está pasando? ¿Por qué el Dr. Caraballo no apoya el funcionamiento del Centro Oncológico, ahora llamado Ante Todo Resistiré, sabiendo que el mismo es excepcional?
    Yo no quiero que mis autoridades sean personas que ante las problemáticas que planteo me evadan. Estamos hablando de salud y la lucha frente a esta enfermedad tan dura. A nadie le importa el bienestar del prójimo y menos ante la posibilidad de un beneficio del propio bolsillo. Mi tío ya no está, pero tengo la necesidad de hacer esto porque sé que hay gente que la sigue luchando y porque todavía quedamos algunos que miramos más allá de nosotros y entendemos que el hecho de que no nos toque, no significa que no haya un tercero que sufre y que necesita ayuda.
    Luciana Consolini – DNI. 36.054.284

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