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    Mucho público y poca cultura en la Fiesta de las Colectividades

    La Municipalidad calculó en más de 20.000 personas la concurrencia a la tradicional fiesta en el Paseo Público. Este año hubo poca participación de las organizaciones de inmigrantes locales, quienes sostienen que es necesario repensar la identidad del evento, para que no sea uno más. En los alrededores hubo paseo de compras con artesanos y no tanto. Las comidas típicas estuvieron, aunque en algunos casos a cargo de representantes foráneos de las colectividades. Cuánto salió, cuánto se recaudó y qué dicen los que fundaron una fiesta que ya no es.

    16 de octubre de 2013 | 09:41
    Mucho público y poca cultura  en la Fiesta de las Colectividades

    Hace un mes, no se hacía”, coincidieron ante La Opinión miembros históricos de la organización de la Fiesta de las Colectividades y hombres de la municipalidad a los que les tocó estar cerca de lo que fue la edición número 21 de un evento que este año tuvo caminos bifurcados, imprevistos irresueltos, problemas de coordinación y una característica inesperada: los hijos de inmigrantes sampedrinos que mantienen vivas las raíces de sus antepasados que llegaron a estas tierras para soñar y trabajar su futuro prácticamente no participaron.
    Desde el Gobierno municipal calcularon que hubo más de 20 mil personas y celebraron que esta haya sido una de las más concurridas. El Paseo Público estuvo verdaderamente colmado y el aliciente de Gustavo Cordera como número principal para el domingo también permitió que esa masividad fuera posible.
    “Decenas de stands artesanales, numerosas firmas comerciales, puestos gastronómicos con comidas típicas y una grilla artística que reunió artistas locales regionales”, destacaron desde el Municipio.
    Sin embargo, no todo fue color de rosa. Lo que nació como una fiesta familiar, en la que las agrupaciones representativas de los países con mayor cantidad de hijos de inmigrantes ponían de relieve su identidad y pertenencia, en el marco de la diversidad y la integración cultural, se diluyó en una fiesta masiva más, casi calcada a otras de la grilla anual.

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    Un paseo poco diverso
    Quien haya recorrido el Paseo Público durante el fin de semana habrá comprobado que fue una verdadera feria de variedades. Lo que alguna vez fue un trayecto cultural quedó reducido a un “patio de comidas” con stands representativos de distintos países, otros más extraños –inmobiliarias, concesionarias de autos, uno del Frente para la Victoria en plena campaña– que sumaron, y en todo sentido: un stand valía alrededor de 2.500 pesos.
    Las “comidas típicas” estuvieron en algunos de los puestos, cuya representatividad fue poca: Brasil, Italia, Líbano, Paraguay, Irlanda y Alemania fueron las únicas colectividades presentes. Las tres primeras, con personas que llegaron de Capital Federal y el Gran Buenos Aires tras alquilar su stand.
    A la hora de enumerar las colectividades que históricamente dieron color a la fiesta, se notaron ausencias. No estaban la agrupación Mallorca, la Sociedad Italiana, la Sociedad Española, la colectividad francesa, el Centro Irlandés, la asociación Libanesa, la colectividad siria ni el Centro Vasco. Es decir que la Fiesta de las Colectividades careció de lo más importante.
    Tanto El Rincón de los Gauchos como El Fortín, ambas agrupaciones tradicionalistas, montaron sus stands con asadores criollos que se llevaron la mayoría del público que comió en el lugar.

    Idas y vueltas
    Desde la agrupación Mallorca, su presidente Juan Manuel Gomila explicó a La Opinión que institucionalmente sólo participaron con la presentación de postulante a Reina, que ganó (ver aparte), porque tuvieron “problemas de organización” para montar la estructura con la que siempre dicen presente.
    Además, el joven reflexionó sobre el devenir del evento a lo largo de los años: “Tratamos de darle un sentido cultural a las cosas y con el tiempo que tuvimos tal vez no pudimos organizar como nos hubiera gustado”, dijo y agregó: “Por tornarse San Pedro un lugar turístico, la masividad complica. Es un desafío para todos mantener la identidad, que dentro de la megafiesta de un fin de semana largo no se pierda el contenido”.
    Históricos organizadores del evento a lo largo de estas veintiún ediciones fueron más allá y permitieron reconstruir a La Opinión situaciones que se dieron a lo largo del año y que tal vez ayuden a comprender por qué esta fiesta ya no es lo que era, por qué fue lo que fue este fin de semana.
    Coinciden en que la Comisión organizadora tuvo muy pocas reuniones durante el año y en que tal vez hasta hubiese sido mejor postergar el evento, aunque claro: en quince días hay elecciones. No se podía suspender.
    “Antes nos reuníamos desde principios de año para ir organizando, acá faltaban 20 días y no había nada”, se quejó un expresidente de una colectividad muy comprometida con la organización.
    “Había que hacerla porque políticamente correspondía”, dijo una mujer a la que por momentos se le escapa el acento de sus antepasados, quien disparó: “La hicieron de la galera, como colectividad representativa no había nadie, eran otros, de afuera, que vinieron y armaron sus quioscos, esto fue una feria tipo La Salada, con dos o tres artesanos y un patio de comidas que vendía hamburguesas y panchos, como colectividad no había nada para hacer ahí”.
    “Nosotros hace más de diez años que estamos en esto, y es cada vez peor”, opinó un integrante de una colectividad europea de las más pequeñas, y analizó: “Esto fue un negocio para pocos, hay gente que se metió para eso, son comerciantes”.
    “No hay que hacerles el juego a esta porquería que analizaron, que hagan la Fiesta del Pirulín y ahí sí, que hagan lo que quieran”, dijo una mujer de sangre tan caliente como la arena de medio oriente.
    Si bien no quiso entrar en detalles, un conocedor de cómo son las formalidades de la organización sostuvo que el año pasado habría habido “problemas con las cuentas”, lo que generó cierta distancia entre los históricos y los más nuevos en la Comisión.
    Desde el Centro Vasco el enojo fue mayor: sin capacidad para comprar o montar un stand gastronómico, el sábado por la mañana llegaron con múltiples enseres para exponer en lo que sería la carpa cultural que el Municipio anunció que iba a montar. Se tuvieron que volver con todo, ya que esa carpa no estaba, a pesar de que la que Agricultores Club prestó en Semana Santa estaba disponible. Nadie la fue a buscar.
    La situación es tensa dentro de la Comisión de Colectividades que preside Mirta Betendorff, de los alemanes. “Están todos peleados ahí adentro”, dijo uno de los que hasta último momento procuró un consenso para el armado de la fiesta, quien disparó: “Lo único que les importa a ellos es ir a vender y hacer su negocio, cuando la Municipalidad se tiene que hacer cargo de un montón de cosas”.

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    No sé qué va a pasar el año que viene, quedaron los ánimos muy calientes”, dijo un espectador privilegiado de las tensas reuniones entre las partes. “Nosotros vamos a organizar un evento solos”, sostuvieron desde una colectividad que quedó muy enojada.

    Alquilar un stand
    Como se dijo, un stand en la zona del patio de comidas valía 2.500 pesos y las colectividades convivían con quienes pudieran pagarlo. Los italianos que vinieron de Quilmes se ubicaron al lado de los porteños representantes de El Líbano, que pusieron el grito en el cielo porque al llegar no tenían su puesto.
    El responsable de cobrar por los stands es el Gobierno municipal, que este año decidió tomar la ordenanza fiscal vigente y hacerla cumplir. Quien tenía esa tarea a su cargo tuvo un altercado con quien custodiaba el gazebo del Frente para la Victoria que promocionaba la candidatura de Dalmy Butti y Damián Mosquera, los candidatos del Intendente Guacone. Al parecer, no se sabía si había que cobrarles o no.
    El canon establecido para los puestos de venta ambulante según la ordenanza impositiva del ejercicio 2012, la vigente, indica que los puestos colocados en lo que el Gobierno llamó “la periferia” de la Fiesta de las Colectividades debieron abonar entre 1.238 y 1.438 pesos.
    Esto debería haber sido así porque la mayoría encuadra en la categoría “Artículos de primera necesidad, alimentos no perecederos, bebidas de mesa”, que paga “por vendedor y por día 619 pesos, o en “ropería, zapatería, artículos de adorno comunes, utensilios, moblaje, herramientas, artefactos y otros usos varios en el hogar, alhajas y elementos suntuarios similares”, que paga 719 “por vendedor y por mes.
    Eso sí, “cuando la venta ambulante se realice en los espectáculos públicos, los importes fijados se aumentarán en un ciento por ciento”, dice la ordenanza. El juego samba instalado más allá de los asadores pagó alrededor de 6.500 pesos por todo el fin de semana.
    En la Fiesta de las Colectividades había de todo: artesanos, revendedores y hasta quienes ofrecían pelotas y juguetes. Mientras pagara, todo podía ser. Por ello tal vez la queja de la agrupación Artesampedro, que tiene una estricta fiscalización para cada una de las ferias que monta en la plaza Constitución, sobre todo la ya clásica del fin de semana largo del Día del Respeto a la Diversidad Cultural, a la que artesanos de todo el país quieren venir.

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    Un tema de números
    Un espectáculo público de estas características debe pagar el seguro de espectador obligatorio y los derechos de autor a Sadaic. Gastos que se hicieron también para el RockeaBA y que bien podrían haberse hecho para el Festival de Country, cuya edición número 11 prevista para este año fue suspendida por el propio organizador Gustavo Laurino, envuelto en vicisitudes que le impidieron considerar que estaban todas las condiciones dadas.
    Guacone agradeció infinitas veces a “Lotería Nacional y Casinos, especialmente a su Presidente Contador Roberto López” y a “la firma ‘Los Abraham’”, por “auspiciar el evento”. Se supone que Lotería se hará cargo del cachet de Cordera. Sí: “se supone” y “se hará”, ya que los 72 mil pesos que cobró el exvocalista de Bersuit Vergarabat salieron de las arcas municipales.
    De allí también salieron los alrededor de 10.000 pesos para el transporte de los ballets, incluso de los que el domingo nunca llegaron, por lo que hubo que retrasar toda la grilla. Es que la empresa cobró pero se les habría roto un colectivo y no pudo ir hasta Rosario a buscar a los bailarines, a los que nadie les avisó.
    De las arcas municipales también salieron los “gustitos” de Cordera: frutas, 24 latitas de cerveza, dos botellas de ron, latas de bebida energizante, café, té y miel, entre otras cosas que el Municipio intentó retacear a un músico con poca predisposición y hasta cierta “mala onda” con los locales. “Yo no me saco fotos con nadie”, habría dicho al arribar al camarín, no sin antes quejarse porque las luces del escenario no eran las que esperaba.
    Los inspectores municipales tuvieron su actividad extra durante la visita del “Pelado”. El equipo técnico del músico los puso a trabajar para ellos. “Nos volvieron locos, tenían más exigencias”, dijo un trabajador.
    Dentro del Gobierno municipal barajan extraoficialmente una cifra de alrededor de 100 mil pesos erogados para este evento. Si la cuenta cerró con lo recaudado con los stands, no trascendió. Cuándo llegará el depósito de Lotería por los 72 mil pesos de Cordera, tampoco. En el Ejecutivo hacen cuentas, ya que si ese dinero llega, queda un número interesante que ingresa a la caja municipal. Eso sí, ya hay diferencias, puesto que no faltan los que quieren ese monto en rentas generales para tapar baches de la mala administración y el déficit mensual de 1.200.000 pesos que reconoció el Secretario de Economía Jorge Gil.
    Otros, como el propio Director de Cultura José Luis Aguilar, se inclinan por hacer lo que corresponde: que la fiesta se pague a sí misma, y que lo que sobre vaya a la cuenta de eventos, para fortalecer la agenda anual y evitar lo de siempre: correr a ver si se llega con la plata.

    Cordera, la Caravana Mágica y un espectáculo familiar
    Guacone calculó 15 mil personas y quienes estaban sobre el escenario 9 mil. Más o menos, el cierre de la Fiesta de las Colectividades del domingo fue multitudinario y familiar. El atractivo de la presencia de Gustavo Cordera y La Caravana Mágica lo ameritaba.
    El exvocalista de Bersuit Vergarabat trajo a San Pedro su proyecto solista, que creó tras separarse de la mítica agrupación que ofició de banda sonora de la crisis de 2001.
    Concentrado en su actualidad artística, Cordera se refirió siempre a La Caravana Mágica, nunca nombró a Bersuit –que sigue en actividad sin él– ni tocó temas de esa banda, a los que hizo alusión al momento de presentar un tema que compuso durante aquellos años y que no había grabado.
    “La Caravana Mágica toca temas hijos”, expresó, para dejar en claro que lo que le importa es difundir su nueva obra, a pesar de que el público pueda haberse quedado con ganas de escuchar algunos de los múltiples hits de Bersuit Vergarabat.
    El show comenzó alrededor de las 21.00 y duró aproximadamente una hora y cuarto. Al tercer tema, un desperfecto de sonido obligó a parar durante unos cinco minutos, tras los que el “Pelado” brilló sobre el escenario.

    Reina y silbatina
    La Fiesta de las Colectividades sin colectividades eligió la nueva Reina. Como hace mucho no pasaba, este año las postulantes fueron escasas. Cinco jóvenes representaron a tres países y los dos centros tradicionalistas.
    Todas se llevaron un premio. Martina Cifuentes Barceló, representante de la Colectividad Mallorquina, es la nueva Reina; Agustina Hartvig, de la Colectividad Alemana, Primera Princesa; Nerina Oliveto, del Rincón de los Gauchos, Segunda.
    Catherina Ramallo, del Centro Tradicionalista El Fortín, fue electa nueva embajadora Cultural de las Colectividades; y Triana Montevidone, santalucense y de la colectividad irlandesa, fue destacada como Miss Simpatía.
    El Intendente y funcionarios del Gobierno fueron los encargados de entregar los premios y coronar a la Reina. Al subir al escenario fueron abucheados y silbados. El Jefe Comunal tuvo un discurso de agradecimiento a los presentes y destacó la tarea conjunta del Gobierno con las instituciones, así como a los gobiernos provincial y nacional.
    “Me siento muy orgulloso, porque se ha trabajado mucho para lograr esto”, dijo Guacone a La Opinión, sobre el escenario y destacó “el esfuerzo y sacrificio de esta gestión”. Para el Intendente fue “un verdadero éxito esta Fiesta de las Colectividades que año a año va progresando, va creciendo”.

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