Miedo, violencia y deserción: el relato en el lugar de cómo se vive en el barrio Futuro
En un recorrido realizado para el programa Sin Galera se visibilizó una preocupante transformación que atraviesa el emblemático sector sampedrino. Entre algunas casas destruidas y sucesos nocturnos, las familias históricas viven aterrorizadas. Algunas confiesan que evalúan abandonar el barrio.
Un duro diagnóstico sobre la realidad del barrio Futuro ofreció este sábado Rafael Flaiman en el programa Sin Galera, tras recorrer la franja de la calle 60 que sirve de límite con las 84 Viviendas y el barrio Arcor.
Lo que nació hace cuatro décadas como un próspero proyecto de viviendas que luego se amplió mediante la autoconstrucción, con el esfuerzo mancomunado de los vecinos, hoy exhibe las secuelas de un acelerado deterioro social alimentado por tiroteos, amenazas y disputas territoriales.
En Sin Galera, bajo la conducción de Lili Berardi, Flaiman detalló cómo la fisonomía de la zona ha cambiado drásticamente. Mientras un sector conserva frentes cuidados, otro se ha ido convirtiendo en lo que en la zona denominan un "pasillo". En esa área proliferan casas con frentes destrozados, aberturas sin vidrios producto de las pedradas y frentes completamente tapeados.
“Hay gente que tiene miedo de que alguien piense que son ellos los que le dijeron algo a la Justicia, a la Municipalidad o a la prensa respecto de las cosas que se viven cotidianamente en este barrio, sobre todo de noche”, relató.
El temor a denunciar es absoluto. Durante la transmisión, Lili enfatizó lo peligroso de la cobertura en un sector donde la tensión escala tras cada episodio de violencia: “Hace falta ser valiente como nuestros movileros para meterse a mostrar el barrio... La gente no habla porque está aterrada”.
El informe expuso la metodología con la que grupos vinculados al delito amedrentan a las familias trabajadoras: tirotean viviendas, viralizan imágenes en redes sociales con armas de grueso calibre y acosan a los residentes para forzarlos a marcharse.
“Los vecinos de este barrio están resistiendo el riesgo del amedrentamiento para que se vayan, para que les tomen las casas. Las casas tomadas terminan siendo búnkers del narcomenudeo: va la policía, la Justicia o la topadora, los tiran y a la semana están construidos de nuevo”, indicó Flaiman mientras avanzaba hacia la plaza Nelson Lilio.
En contraposición a este clima de hostilidad, el móvil rescató el emotivo testimonio de Juan, un vecino histórico y artesano escobero jubilado, que levantó su vivienda con sus propias manos durante los inicios del programa de autoconstrucción.
“Fui el primero que me vine a vivir sin terminarla... Acarreamos los paneles desde San Martín hasta acá. Las primeras eran prefabricadas, había que hacer la platea y todo. Después del tornado (1990) las reforzamos y las hicimos de ladrillo”, recordó Juan, graficando el orgullo de una comunidad construida sobre el esfuerzo familiar.
El móvil, que ilustró una realidad cruel para el vecindario de gente trabajadora, un ejemplo de la solidaridad, tuvo su correlato con un categórico mensaje de Lili Berardi sobre la necesidad de que estos habitantes de bien no cedan sus espacios, además de reflejar la realidad: “El silencio generalmente no ayuda, es funcional al que comete los delitos. ¿Cuántos son los que están pudriendo el barrio? ¿Cuántos son los que llevaron la droga? Son muchos más los buenos. ¿O te movés o se quedan con tu casa?”, sentenció.

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