Menor denuncia que un policía le tiró agua hirviendo en la panza
Un menor de 14 años que estuvo detenido en la madrugada del domingo fue sometido a tratos ilegales. La denuncia la hizo su madre acusando a un efectivo de arrojarle el líquido hirviendo a través de las rejas. El comisario dice que el joven se quemó cuando agredió al personal con el agua que él le llevó para el desayuno.
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“Me metieron en el calabozo, me dormí y me desperté con la remera mojada y un dolor insoportable, estaba esposado”, así lo cuenta el adolescente de 14 años que fue detenido por averiguación de antecedentes junto a un amigo.
Todo comenzó alrededor de las 4 de la madrugada cuando los dos jóvenes transitaban en bicicleta en la zona de la peatonal, un patrullero se detuvo y de el descendieron los efectivos que los trasladaron a la Comisaría.
Ambos ingresaron al calabozo donde había otro joven, la víctima se durmió y según su versión el policía les arrojó agua caliente porque el resto estaba gritando y como no estaba despierto fue el único que no logró correrse. Como muchas historias el relato cambia de acuerdo a quien lo cuenta, pero la historia verdadera siempre es una y de la Justicia dependerá conocerla.
Resulta raro pero el Jefe Distrital defiende el accionar policial asegurando que los menores habían pedido agua caliente para el desayuno y que ellos – como si la comisaría contara con media pensión-, le acercaron el líquido para la infusión, cuando el reloj marcaba poco menos de las 5 de la mañana.
“Le solicitaron agua al personal y fue agredido. Como consecuencia de eso el agua quemó al chico, lógicamente estamos tratando con gente que se aprovecha de cualquier circunstancias para hacer disturbios”, dijo el Comisario Oscar Sequeira.
Luego del episodio el menor asegura, “Me ventilaba con la remera y el policía me dijo; a ver, a ver, no vas a decir nada porque en la calle te bajo”.
Se trata de un chico conflictivo, que ya conocía los calabozos y que reconoce tener problemas: “Sí, es verdad me meto en líos, pero hacía un año que no iba preso, y no quiero meterme más en quibombos”.
El adolescente comenzó a delinquir a los doce años, robos, disturbios en la vía pública y peleas con pares. Es el menor de cuatro hermanos, ninguno con antecedentes y lejos de mantener conflictos con la ley, su mamá una profesional indignada y muy preocupada por la actitud de su hijo, dijo “ahora entiendo por qué los cirujanos no operan a la familia, siendo profesional me paralicé frente a las circunstancias”. Con la voz quebrada afirma que su hijo tiene problemas y que ella en conjunto con su familia intentan a diario ayudarlo pero que es muy difícil, también sostiene que él se esfuerza y que ahora sale menos y tiene novia.
La mujer de 51 años fue notificada por la policía sobre la detención del menor y que tenía que ir a buscarlo, pero fue el amigo a quien sus progenitores habían ido a busar, quien le avisa que su hijo estaba quemado.
“Cuando llego a la comisaría, firmo el papel y me dan los cordones y me lo entregan; el me dice vamos vamos, era porque el policía lo había amenazado y estaba muerto de dolor”.
La mujer exigió que el joven fuese revisado por el médico de policía, creyendo que una vez que saliera de la dependencia podrían decir que la lesión era superficial.
En medio de una lluvia torrencial lo llevó al hospital, lo atendieron en la guardia y le efectuaron las curaciones correspondientes para luego regresar a su casa ubicada en una céntrica zona de la ciudad. “No toda la policía es mala, como en todo hay gente buena y mala, son importantes porque están para protegernos, pero son una herramienta de la Justicia, por eso es que llamó a la comunidad a denunciar a la mala policía para que no ensucien a los buenos”.
Este episodio se suma a otros reportados y también a aquellos que por miedo son ocultados por sus propios protagonistas. Hechos que empañan la labor de una institución necesaria para resguardar la seguridad de las personas y que algunos que profanan los uniformes opacan, generando enfrentamientos y resentimientos, que lejos de calmar las aguas, provocan tormentas sociales.
“Es un retroceso en la historia ya hemos sufrido bastante por alguien que dio una cachetada y después no pararon por un largo tiempo”, eso dijo su madre, en medio del testimonio desesperado.
