No es un simbolismo sino la coloratura de la elección de la Coopser, que no necesariamente devendría en un naranja en caso de mezclarlos. El decisivo triunfo que el intendente Cecilio Salazar le garantizó a la actual conducción, que desde hace años ostenta el gremio de Luz y Fuerza, tendrá su precio, su costo y consecuencias. Precio y costo ya son dimensionables con sólo advertir el tiempo y el dinero que se puso para la puesta en marcha “del aparato” electoral del que tanto se disfruta desde el poder y se padece desde la oposición, también experimentada en la misma maquinaria pero con menos combustible en billetes o ayudantes.
En cuanto a los resultados, que no brindaron ni un mísero resuello a algún delegado opositor, la conclusión es clara: “La necesidad tiene cara de hereje”. Era mejor malo conocido que bueno por conocer. Con mayor o menor visibilidad, confluyeron en el temor a lo desconocido desde el club Náutico, cuyo comodoro fue a votar con un poder, al Círculo Médico, con gran parte de sus integrantes compartiendo en un grupo de Whattsapp la “conveniencia” de sostener la Clínica Coopser como fuente de trabajo, aunque sólo sea para beneficio de las obras sociales que siguen sin incluir al Pami, porque para eso está el hospital, al que cada vez más utilizan como puerta trasera de todo aquello que no les es rentable, incluidas las ambulancias.
El espectáculo fue extraordinario. Sorprendente por la cantidad de votantes que participaron en una contienda en la que hasta se discutió del Fondo Monetario, el precio del dólar, las energías renovables y hasta la baja de las tarifas, como si cada titular de medidor, sea particular, Pyme o jubilado, pudiese convertirse en presa de las mentiras que pronuncian quienes ni siquiera tienen interés en abrevar en las más sencillas reglas del cooperativismo porque siempre prefieren el comportamiento empresarial a la hora del bolsillo propio y el social cuando de gastar dinero de los socios o contribuyentes se trata.
Varios consejeros de la conducción actual habían perdido el sueño, hasta que apareció el puente que facilitó la comunión entre Salazar y algunos de los más conspicuos militantes del kirchnerismo, que entendieron que lo mejor vendrá en el segundo semestre cuando, al igual que en la comuna que despilfarró su dinero durante el año electoral, la Coopser tenga la suerte de aprobar su balance sin cuestionamientos porque tendrán mayoría absoluta en el cuerpo de delegados plagado de familiares, amigos y compañeros del Consejo de Administración y ahora de los bondadosos referentes que conforman la alianza Cambiemos.
De todos modos, el paso del tiempo es inexorable y todo termina. Perder el poder es peor que morir y para ello hacen falta articuladores inteligentes, talentosos y multifacéticos que entiendan que a veces conviene el optimismo de Durán Barba, otras el moderado intento de evitar las estridencias y, por qué no, los eficaces que logran juntar agua y aceite o rojos y amarillos sin que nadie se ponga colorado.

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