Último adiós a la planta local de Marítima Heinlein
La Finca La Marina comenzó a ser desmantelada, luego de cerrar en junio pasado producto de las dificultades para exportar y la caída de la demanda por la crisis internacional. De 100 empleados que tenían, en los últimos tiempos redujeron a catorce. En Río Tala, otra firma que se va. Con presencia en todo el país, Marítima Heinlein sigue funcionando y en San Pedro ahora es sólo recuerdo.
Ahí estaba desde 2006. En Río Tala, como una apuesta al futuro que traía una esperanza industrial en un San Pedro acostumbrado a que las empresas pasen de largo hacia el norte o el sur, siempre con destinos más atractivos como San Nicolás, Ramallo o Zárate. Allí estaba la Finca La Marina, que la empresa Marítima Heinlein montó para su marca Heinlein Foods de productos congelados.
El 25 de junio pasado, representantes de la firma llegaron a la planta sampedrina, comunicaron la decisión de cerrar el establecimiento local, pagaron las indemnizaciones y dispusieron seguridad en el edificio.
Esta semana, según relataron vecinos de la zona, se vio movimiento: comenzaron el traslado del mobiliario que conformaba las líneas de procesamiento para frutas, legumbres y vegetales congelados después de haber generado mano de obra directa y de tercerizados que no se cansaban de repetir que “era modelo”..
Así, el final de otra empresa en San Pedro, de otra empresa en Río Tala, quedó sellado. Marítima Heinlein S. A. puso el candado y desmanteló la planta local tal vez con mejor destino, para seguir operando en otros puntos del país con los proyectos que llevan adelante desde 1981 en la Argentina. Ya no en estas tierras.
El establecimiento quedará vacío y existe la posibilidad de que sea vendida o acaso alquilado. “Es un día triste”, dijo una de las empleadas en junio, que se quedaba sin trabajo, con indemnización en mano pero con la amarga sensación de la persiana baja, de las máquinas paradas, de una planta que supo acoger a más de 100 trabajadores, vacía.
La campaña de arándanos, fruta en la que se especializaba Finca Las Marinas para la exportación en congelados, decayó año tras año. Fiel reflejo de ello es la cantidad de empleados: de 100 a 14 en pocos años.
La crisis mundial hizo que la comercialización bajara de manera estrepitosa. “No había manera de sostenerlo, por los costos”, supo analizar el Director de Producción Pablo Ojea, preocupado porque “esto pasa en todas las actividades que tienen que ver con hortalizas y frutas, frescas y procesadas” cuyos costos se pagan en dólares paralelos y se exportan al cambio oficial.
Un cierre tras otro
Cerró la planta local de Marítima Heinlein. “Cerró”, un verbo que se repite en los últimos años en las fábricas locales, fuentes de trabajo insustituibles. Mucho “cerró” y poco “abrió”. Mucho “proyecto”, poca concreción.
Así cerró Arco de Oro. Como hace poco cerró Tawara. Como remataron el predio de Imprec y su continuidad sigue pendiendo de un hilo.
Los proyectos de Parque Industrial no son más que expresiones de deseo que los empresarios abandonaron y los funcionarios persiguen sin mayores resultados.
Mientras “San Pedro crece” en ladrillos, hacia arriba, sin control y con mucha “vista gorda”, aquellos que soñaron las comisiones de industria conformadas por hombres y mujeres que dejaron su vidas por el futuro de la ciudad permanece en la nostalgia, en el mero sueño, en el recuerdo de un puñado de locos que alguna vez creyó que esta ciudad podía ser otra cosa que un bolsón de pobreza y desigualdad amontonada en un rincón.

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