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    Los restos de Eleuterio Baldeo, el filipino que murió de malaria serán repatriados

    El tripulante del bulk carrier Meloi, de bandera panameña y proveniente de Costa de Marfil, fue internado en la clínica San Pedro el domingo por la noche y luego derivado al hospital Muñiz, especializado en enfermedades infecciosas. Allí falleció víctima de un cuadro de paludismo, enfermedad también conocida como “malaria”. Mientras la compañía aseguradora lo devuelve a su ciudad de origen, quedan dudas respecto de la actuación del Capitán del barco y Prefectura ante lo que en principio fue una alerta por sospecha de ébola.

    29 de julio de 2015 | 10:55
    Los restos de Eleuterio Baldeo, el filipino que murió de malaria serán repatriados

    El domingo, alrededor de las 21.30, Eleuterio Baldeo Jr, originario de Filipinas, de 37 años, segundo oficial de cubierta del bulk carrier Meloi, fue trasladado desde el buque en que navega río arriba por el Paraná hacia la clínica San Pedro. Estaba muy grave y presentaba un cuadro de fiebre y mal estar general que se había agudizado. El riesgo que corría su vida obligó a la tripulación a solicitar asistencia a tierra y una vez en la ciudad fue derivado de urgencia al Hospital Muñiz, donde falleció el lunes por la noche.

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    El buque carguero había zarpado de Costa de Marfil, África, el 11 de julio y tenía como destino General Lagos, en la provincia de Santa Fe, a pocos kilómetros de Rosario.

    El llamado del práctico del buque a Prefectura Naval Argentina San Pedro fue temerario: tenían un tripulante que podía morir sino recibía asistencia médica urgente que superaba lo que podían hacer a bordo. Rápidamente se puso en marcha el operativo, que incluye a la Agencia Marítima Saliva como coordinadora de la asistencia, bajo las órdenes de la fuerza de seguridad de navegación.

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    El mal estado de salud de Eleuterio Baldeo era tan grave que la decisión de las autoridades de Prefectura fue autorizar su desembarco, que se hizo con una lancha de esa fuerza. Desde el Puerto, una empresa privada de servicios médicos trasladó al paciente a la clínica San Pedro, donde se montó un operativo de restricción en el marco de la activación de la emergencia sanitaria.

    Los síntomas generaron preocupación en los médicos Gabriel Sayago y Micaela Schiaffino, quienes atendieron al paciente y pusieron en marcha el protocolo necesario para el caso. Sayago fue muy claro cuando el lunes por la mañana le explicó la situación a La Opinión: “En la zona uno piensa en gripe, dengue, leptospirosis, hantavirus y fiebre hemorrágica, pero al ser un paciente proveniente de Costa de Marfil, hay que analizar otras posibilidades. Uno piensa, de máxima, en ébola, paludismo, fiebre amarilla, en ese tipo de enfermedades relacionadas con África”.

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    La sospecha de ébola
    Eleuterio Baldeo Junior tenía fiebre y sufrió una descompensación ese domingo por la noche. Estaba somnoliento, casi comatoso. A bordo del barco estaba rígido y tenía un estado convulsivo. La tripulación dijo incluso que había sangrado por la boca.

    En la clínica constataron la fiebre alta. Tenía “un estado nutricional aceptable”, según explicó Sayago pero estaba complicado. “Tenía un tratamiento hepático con bilirrubina altísima, de 25, cuando lo normal es uno”, informó y destacó: “Eso daba cuentas de por qué estaba tan amarillo”.

    El diagnóstico incipiente era claro: había una base infectológica que obligaba a activar protocolos de emergencia sanitaria relacionados con la proveniencia del paciente, que hacía que nada fuera descartado y que el fantasma del virus del ébola, por el cual la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la “emergencia de salud pública de importancia internacional”, se instalara entre las posibilidades. Aún con el diagnóstico confirmado muchos ciudadanos dudaron sobre la información de los medios y de los médicos por el temor que despierta cualquiera de estas enfermedades.

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    Cumplir con el “alerta”
    El médico tuvo el buen tino de llamar a las autoridades municipales. El Secretario de Gobierno Martín Baraybar se comunicó con el secretario del Ministro de Salud Alejandro Collia y comenzó el operativo traslado. El paciente estaba aislado en la clínica y el temor cundió entre el personal. A las 5.00 de la mañana estaba internado en el hospital Muñiz, donde fue trasladado con sábanas y pertenencias. Para esa hora, Sayago ya tenía el convencimiento de que la posibilidad de ébola se había desvanecido, puesto que los síntomas hacían que se inclinara por lo que fue confirmado por la mañana: padecía paludismo, enfermedad también conocida como “malaria”, que se contrae a partir de la picadura de un mosquito y que no es contagioso más que a través de ese vector.

    Fueron momentos de mucha tensión. El diagnóstico era “síndrome febril con plaquetopenia, con compromiso  hepático”. Las sospechas fueron varias. En la Región Sanitaria IV quedó asentado que entre ellas existía la posibilidad de que fuera, eventualmente, ébola.

    Protocolos, sí y no
    “Estamos preparados para atender posibles casos de Ébola”, dijo en conferencia de prensa en octubre del año pasado el entonces Director del Hospital Pablo Pichioni, quien entrenó personalmente junto a otros médicos y miembros de la Brigada rescatista de Bomberos para utilizar los trajes necesarios ante la eventualidad de que hubiera que actuar, aunque en este caso no se utilizaron. Incluso el paciente fue trasladado en ambulancia.

    Desde la clínica y hasta el Muñiz, todo funcionó como debía, aunque algunos pasos se obviaron ante la tendencia a que el diagnóstico era paludismo. Aún así, todos debieron haber actuado como lo indica el protocolo ante lo que, reconocido en los informes médicos, sucedía: había sospecha de que pudiera tratarse de ébola.
    Llamó la atención a todos los que intervinieron en el caso el hecho de que Prefectura haya autorizado el desembarco del paciente. Su proveniencia de África y los síntomas que a primera vista pudieron relevarse en el buque bien podrían haber establecido que el protocolo de emergencia sanitaria relacionado con el virus se hubiera activado. Además el Capitán tiene responsabilidades ineludibles que bien pudieron ser activadas con mayor anticipación a un seguro deceso.

    Buques y compañías navieras  deben “notificar inmediatamente a la autoridad portuaria de salud antes de la llegada del buque si se sospecha bordo puede haber contraído la enfermedad por el virus del Ébola”, de acuerdo a la Organización Marítima Internacional (OMI).

    Si bien el riesgo de infección con ébola es bajo incluso para viajeros que hayan estado en zonas afectadas, el riesgo existe. La transmisión requiere el contacto directo con la sangre, las secreciones u otros líquidos o tejidos corporales de personas, cadáveres o animales infectados, exposiciones todas ellas poco probables para el viajero medio.

    Pero aún así, los buques y las compañías navieras tienen una serie de prerrogativas dispuestas por la OMI y la OMS que implican desde notificar inmediatamente a la autoridad portuaria de salud antes de la llegada del buque si se sospecha que una persona a bordo puede haber contraído la enfermedad por el virus del Ebola hasta aplicar una serie de precauciones ante el caso de que un tripulante presente síntomas compatibles con el virus: fiebre, debilidad, dolores musculares, cefalea, dolor de garganta, vómitos, diarrea, hemorragia, todos padecidos por Eleuterio Baldeo Jr.

    “Si se diagnostica un presunto caso de la EVE en un buque, debe solicitarse de inmediato una opinión médica especializada y el capitán debe notificarlo lo antes posible al siguiente puerto de escala”, dice el protocolo de OMS.

    Un caso así implica la comunicación directa con el Ministerio de Salud para que se ocupe del traslado inmediato desde el desembarco hasta un centro asistencial preparado para atender la posible afección.

    De regreso a Filipinas
    Los tres prefecturianos que tomaron contacto con el marinero filipino eran sometidos a análisis de orina y sangre “para descartar cualquier tipo de enfermedad”, según informó a este semanario el Prefecto Alejandro Fernández, titular de la fuerza local.

    Por su parte, desde Agencia  Marítima Saliva explicaron los pasos que siguen para con el cuerpo del fallecido. “Nosotros estuvimos asistiendo hasta que se fue de la clínica”, señaló Jorge Pancrazio y detalló: “Los armadores de buques internacionales tienen contratadas compañías aseguradoras, que son las que se ocupan del traslado y repatriación de los restos al país de origen, en este caso Filipinas”.

    Precisó que hay un sistema previsto. Se trata de los denominados “seguros marítimos P&I”, protección e indemnización, por sus siglas en inglés.

    El pánico viaja por Whastapp
    El lunes por la mañana circularon vía whatsapp diversos mensajes que alertaban sobre la situación, lo que generó alarma y preocupación entre quienes lo recibían, incluso después de que La Opinión revelara lo sucedido y se confirmara el diagnóstico de paludismo.

    “Si por alguna razón tenés que ir a la Clínica San Pedro, no vayas hoy. Hay un paciente internado con ébola, lo están por trasladar al Muñiz. Por las dudas no ir hoy. Difundir”, decía uno. “Por nada del mundo vayan a la clínica San Pedro, hay internado un marinero africano que puede tener ébola. Tienen todos los síntomas. Compartan esto”, otro.

    “Ni el personal de la clínica ni sus pacientes ni la población están en riesgo”, se encargaron de difundir los médicos.

    Los únicos que supieron que había sospecha de ébola fueron los funcionarios municipales y provinciales, por un lado, y el personal de la clínica por otro. Desde algún lugar hicieron esta advertencia, que de haber salido antes de que se bajara la tensión podría haber provocado cierto pánico en la población.

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    • Edición N° 1217
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