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lunes, diciembre 6, 2021
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Los partes policiales de fines del siglo XIX

El Grupo Conservacionista recuperó parte de los libros de registros de la Comisaría local de los años comprendidos entre 1889 y 1893. Se trata de unos 695 partes que dan cuenta de cuáles eran las problemáticas que la policía atendía por esos años en la ciudad. Abuso de alcohol y armas son los principales temas.

 

La historia de los pueblos queda en los registros públicos desde que nacieron los Estados modernos y su afán por la estadística, que no es más que la registración constante y pormenorizada de todo lo que sucediera con los habitantes de un territorio determinado. Un especialista en la comprensión de este fenómeno fue el francés Michel Foucault, que hablaba de una “anatomía política del detalle” como una obsesiva forma de control por parte del poder estatal.
Por ello el afán de registrar todo cuanto pudiese ocurrir, lo que también nos da a los contemporáneos la posibilidad de mirar hacia nuestro pasado, de encontrarnos con él a partir de esos datos prolijamente caligrafiados sobre enormes libros.
Así como sucedió hace unos meses con la recuperación de un volumen donde se llevaba registro de los inmigrantes que decidían voluntariamente dar cuenta allí de su afincamiento en el pueblo, el Grupo Conservacionista local recuperó ahora gracias al aporte de Ignacio Castro, un asiduo colaborador, partes policiales del siglo XIX que vienen a contarnos lo que por aquellos años sucedía en materia delictiva en las polvorientas calles de lo que dos décadas más tarde sería nuestra ciudad de San Pedro.
Se trata del libro de anotaciones diarias de la Comisaría local, correspondiente a los años que van entre 1889 y 1893, donde aparecen registradas denuncias y novedades del ámbito policial en actas que conservan 695 partes con apellidos y acciones delictivas de aquellas últimas décadas deciomonónicas.

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Números
del delito
El Grupo Conservacionista difundió un análisis estadístico que permite conocer en detalle el promedio de los hechos delictivos que atendía la policía en aquellos momentos, específicamente desde agosto de 1889 a julio de 1893.
El libro contiene 42 partes correspondientes a 1889; 136 de 1890; 235 de 1891; 227 de 1892; y 55 de 1893. Un total de 695, donde debe tenerse en cuenta que los años con pocas anotaciones corresponden a la conservación parcial del registro.
Las novedades delictivas que lideran la estadística de los años analizados son las registradas bajo el rótulo de “ebriedad y desorden”, que suma un total de 760 casos. Le sigue el uso de armas en espacios públicos, con 145 denuncias en los partes. Pero el más atractivo surge del rubro “prostitución”, difícil ya de creer por su escasa incidencia en pleno ejercio de la profesión.
Además, hay casos de juego clandestino, presencia de animales en la vía pública, algunas infracciones municipales y hasta una multa por “galopar en la calle”, “pasar por la plaza con un carro” o “vociferar palabras obscenas” sin especificar cuáles eran consideradas delito.
También incluye una serie de anotaciones que tienen que ver con solicitudes realizadas por parte del personal, tales como pedidos de betún, monturas, muebles y artículos de limpieza.
El Grupo Conservacionista destacó que el análisis da cuenta de una “marcada brecha de clases” respecto al accionar policial o al menos a su registro, ya que en los partes se nota un marcado “faltante de apellidos reconocidos de la sociedad sampedrina de fines del siglo XIX”.

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