Los municipales de paro, con aumento y promesas difíciles de cumplir
Desde el viernes pasado, al no cobrar su salario en tiempo y forma, los trabajadores del Municipio mantienen una medida de fuerza. Un día antes habían logrado un incremento del 10 por ciento más 200 pesos para el último tramo del año. Aguardan una pauta salarial en el presupuesto del orden de los 30 puntos. Las diferencias entre los sindicatos quedó en evidencia cuando Ate no aceptó la propuesta de “sumas en negro”. Para el Gobierno, significa más de 500 mil pesos.
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Los trabajadores municipales volvieron al paro el viernes pasado cuando se cumplió la fecha estipulada por ley en la que deben cobrar sus salarios. El Ejecutivo les planteó que no podrá hacer frente a esa erogación sino hasta el pasado el 15 de mes, aunque podría haber una respuesta antes, si es que el Gobierno provincial envía una partida.
Mientras tanto, de acuerdo a lo que dijeron a La Opinión los cuatro secretarios generales de los sindicatos que representan a los empleados, hasta que el dinero no esté en los bolsillos de los trabajadores el Municipio permanecerá parado.
La huelga se hizo sentir con mucha fuerza y es total. A pesar de que el jueves cerraron un acuerdo salarial para el último semestre, representantes y representados diferenciaron los reclamos y se mantuvieron firmes: si no pagan, hay paro.
Cinco más cinco y 200
El Gobierno cedió y otorgó un aumento salarial para el último semestre. Del 10 por ciento, será cobrado en dos cuotas de cinco que llegarán en las liquidaciones de noviembre y diciembre, respectivamente, más 200 pesos fijos en concepto de refrigerio. Tres de los cuatro sindicatos aceptaron y celebraron, con excepción de Ate.
“Los primeros dos o tres meses son 60 pesos más y el jubilado no cobra”, se quejó Marcelo Marelli, quien encabezó una asamblea el lunes, en la que a pesar del descontento de sus afiliados no hubo moción para profundizar las medidas de fuerza. “No podemos hacer un paro sobre un paro ni tomar un municipio cerrado”, ejemplificó el sindicalista.
“El trabajador necesita el dinero en el bolsillo”, señaló Juan Cruz Acosta, del Sutm. Desde el Sipem, Juan Kasta explicó: “Nosotros creemos que el ideal es que todo vaya a básico, eso lo queremos todos, pero la coyuntura y el contexto político hace que mucha gente, la que menos cobra, sobre todo, se pueda hacer de la plata enseguida”.
Kasta fue quien sostuvo que “el jubilado también va a percibir, porque es un haber con descuento, por lo tanto lo va a cobrar”. Desde el Sindicato de Municipales, César Parzon dijo que el aumento fue “más o menos lo que esperábamos” y agregó: “Sabemos la situación económica del Gobierno y más de eso no íbamos a obtener, pero queríamos cerrar el año para empezar una nueva etapa. Creemos que es lo mejor que podríamos obtener en esta coyuntura”.
Aun así, le disparó un dardo a Marelli: “Después están los gritones que juegan para la tribuna, no se puede hacer caminar a los compañeros por la cornisa, no hay que echarle nafta al conflicto”.
Entre 500 y 600 mil pesos
El jueves, el Secretario de Economía Roberto Borgo fumaba en las puertas del Palacio Municipal mientras conversaba con el Director de Rentas Cristian Rial. Se lo veía aliviado, luego de distribuir promesas y aumento a los municipales.
La Opinión le preguntó allí cuánto implicaba el incremento en términos de dinero para el Estado local e informó que son “entre 500 y 600 mil pesos”. De la misma manera, dijo que la orden del Intendente es que ese monto surja de los ajustes previstos, por lo que trabajaban en el análisis que determine de qué gastos corrientes actuales provendrán los billetes que se necesitan para pagar el aumento.
Un 2015 prometedor
En las reuniones de la mesa de relaciones laborales, el Gobierno de Guacone les ofreció a los sindicatos una pauta de incremento para el año que viene, a incluir en el Presupuesto, del orden del 30 por ciento, que empezarían a pagar en enero. Eso sí, les pedirían una “ayudita” para “convencer” a los ediles de votar la ordenanza.
La idea no prosperó, pero parte de ella sigue en pie. Les ofrecieron un 30 por ciento para el primer semestre, que sería pagadero en tres cuotas (12,5 en enero; 9 en abril; y 8,5 por ciento en junio), aunque depende, por supuesto, de que se apruebe el Presupuesto 2015.
“Un 30 para el primer semestre es muy bueno, pero resulta poco creíble”, señaló Marcelo Marelli, quien cuestionó la propuesta original de ir a “solicitar” a los concejales que aprueben. “No nos corresponde”, dijo y advirtió que tal vez haya otros que piensen distinto.
“Dijeron que para el Presupuesto habrá un piso del 30 por ciento, algo que nunca habían puesto”, confirmó y agregó: “En las reuniones nos dijeron que el 30 por ciento es para el primer semestre”. Pero dudó: “No sé, dan aumento y no saben si van a pagar el aguinaldo y pautan un 30 por ciento, por momentos pienso que es un tanto irresponsable”, analizó.
“La propuesta es un 30 por ciento de piso, que estarán en condiciones de darlo dentro del primer semestre, siempre y cuando se apruebe tal como lo mandan”, señaló Parzon y aseguró que “cree” en ello.
“En este momento como está San Pedro, lo mejor que podemos hacer es creer, si no estamos muertos. En algo hay que creer”, dijo y agregó: “Que el Ejecutivo lo va a presentar y que los concejales van a ser buenitos y lo van a aprobar, hay que creer”.
Consultado sobre si movilizará a la sesión donde se trate la ordenanza en cuestión, indicó: “Yo voy a ir a las sesiones, después los compañeros dirán si quieren ir a acompañar ese momento. Indiscutiblemente, el poder político va a cambiar y quien lo agarre va a ser uno que esté por ahí, así que necesita una municipalidad más o menos ordenada”.
Tan linda que era la mesa
Luego de la reunión entre sindicalistas y funcionarios, hubo una extraña situación en el despacho del Secretario de Gobierno, que terminó con el vidrio roto de la mesa principal de la sala. La rompió a golpes un empleado que ya fue sumariado en otras oportunidades por actitudes similares.
Todo indica que su enojo esta vez habría sido producto del reclamo de ciertos “premios” que percibe por “tareas extras” a su labor normal como empleado municipal. Los “privilegios” que tienen algunos otros empleados o empleadas habrían desatado la ira de este trabajador, siempre dispuesto a cubrir las espaldas de las máximas autoridades. Entre el funcionariado, habría quienes tuvieron la intención de denunciar amenazas, pero la orden “de arriba” habría sido “dejarlo pasar”.
