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Ninguna discapacidad es peor que la otra. Todo depende de que tan fácil o difícil haga la vida la gente que rodea a esa persona con discapacidad.
Por ejemplo, si vos sos sordo (no se dice sordomudo porque no todas las personas sin audición son mudas) y quienes te rodean no aprenden tu manera de comunicarte, la discapacidad/barrera está en ellos no en vos.
O si no podés caminar y no hay rampas en los lugares a los que necesitás ir, la discapacidad/barrera está en ellos no en vos.
Las barreras físicas o visibles son perjudiciales, pero mucho más lo son las barreras invisibles.
La peor discapacidad es la falta de empatía y todos, alguna vez, hemos excluido al otro.
Es muy necesario hablar con nuestros hijos sobre valores de inclusión ya que ellos pueden comprenderlos, asimilarlos y ponerlos en práctica, naturalmente, sin prejuicios a diferencia de nosotros, los adultos.
Enseñar y poner en práctica que “LOS QUE NOS HACE IGUALES ES QUE SOMOS DIFERENTES”.

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