Llega la apertura del boulevard costanero
Los hermanos Fabián y Sandro Melgar confirmaron públicamente que llegaron a un acuerdo con el Gobierno de Cecilio Salazar para la apertura de la avenida que se inauguró para el centenario de la ciudad.
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El tramo comprendido entre las calles Litoral y Chivilcoy que hasta la semana pasada estaba ocupado en su totalidad por la propiedad de la familia Melgar, que reclamó derechos de propiedad durante la última década y que construyó sobre esa manzana dos viviendas nuevas, será abierto, según confirmaron públicamente los hermanos que viven allí y funcionarios del Gobierno que estuvieron en la zona.
En el predio hay máquinas en desuso, chatarra y muchas veces animales que ahora deberán ser trasladados para mejorar la convivencia con vecinos y dotar a la ciudad de una vista acorde a la que, en esa zona, ofrece la barranca.
Como parte de una historia con discusiones, recursos legales, pedidos de desalojo y, por sobre todo, intereses inmobiliarios que cambiaron desde el traslado de los habitantes del histórico barrio La Cruz hacia el complejo de 49 viviendas, el diálogo que comenzó la nueva gestión puso la piedra basal cuando el intendente Cecilio Salazar reconoció públicamente que los Melgar viven allí desde el origen de la familia.
“El padre era picador de guinea, yo lo conocí, siempre vivieron ahí”, dijo el Jefe Comunal. Fue en el marco de una entrevista que brindó al programa Sin Galera, el mismo sábado en el que las máquinas trabajaban para repavimentar el tramo que precisamente desemboca en la casa de los Melgar y exhibe una histórica palmera que se decidió preservar sobre el recorrido costanero.
Fue durante un feriado de 2016, cuando tras las mediciones del terreno y una propuesta del exsecretario de Obras Públicas, Jorge Ponzio se produjo un encuentro con el secretario de Coordinación, Ramón Salazar. Esa mañana, los hermanos zanjaron diferencias y se mostraron dispuestos a avanzar en la demolición del sector que obstruye la calle, para el que necesitaban terminar la edificación de un segundo piso en la vivienda más antigua.
Pasados los meses, se vieron avances de construcción y una inminente apertura que sólo alcanzará los siete metros previstos para la calle y una estrecha vereda. La semana pasada quitaron plantas de la cresta de la barranca en presencia de funcionarios municipales. Quien transite por el lugar ya puede divisar de un lado a otro cómo será el tramo que unirá el boulevard.
Con plata propia y errores que hubo que subsanar
“Siempre se aprende algo nuevo”, dijo uno de los profesionales que durante más de una década observó la evolución de un conflicto que pudo haber derivado en otros caminos. Las últimas mediciones del predio estuvieron a cargo del arquitecto Adolfo Benincasa y el ingeniero Gregorio Gutiérrez, durante una mañana de agosto del año pasado.
“Nosotros queremos que se abra, pero tienen que respetar la casa”, recordó aquel día Fabián Melgar y permitió el acceso de La Opinión al sector que tiene vista hacia el camping del Tiro Federal. Ese mismo día mostró el modo en que el concesionario del camping había instalado un alambrado para extender su territorio al arbolado original de las barrancas.
En febrero de 2006 el Concejo Deliberante aprobó un pedido del Intendente Mario Barbieri para ejecutar obras que serían parte de los festejos de los 100 años de la ciudad de San Pedro.
Además del diseño de la extensión del Boulevard Paraná, abrir la calle Perón en su extremo sur y modificar la barranca para la bajada con puente colgante que desemboca en una rotonda sobre Rómulo Naón, había que colocar carpeta asfáltica en varias calles.
Los concejales entonces levantaron la mano –no sin objeciones de la oposición por el destino del dinero– para sancionar la derivación de “$ 148.646,84 (pesos ciento cuarenta y ocho mil seiscientos cuarenta y seis con 84 centavos), más un adicional de $ 20.000 (pesos veinte mil) en concepto de gastos complementarios para adecuar la superficie a asfaltar, lo que en total representa $ 168.646,84”, a esta obra.
El párrafo más sorprendente es el que refiere al origen de esos fondos: “para concretar la mencionada obra existen recursos genuinos generados durante los ejercicios 2002, 2003 y 2004”. Se trataba del superávit municipal que había logrado ahorrar el exsecretario de Economía Hugo Salviolo durante la gestión de Mario Barbieri.
En una suerte de continuidad, aquel intendente que asumió como radical y se fue como parte de la alianza entre Néstor Kirchner y Julio Cobos, tuvo como base la gestión de su antecesor, Julio Pángaro, quien durante su último período de gobierno habilitó a su secretario de Obras Públicas, Carlos Corleto, y a su par de Acción Social, Ester Noat, para impulsar el “Plan de Relocalización del barrio La Cruz”, ni más ni menos que el complejo habitacional de 49 viviendas en forma de dúplex que también está próximo a las barrancas, pero en el sector norte de la ciudad.
Allí había una casa para la familia Melgar, pero una desavenencia familiar hizo que ese traslado quedara trunco. Muchos le decían “erradicación”.
A poco de andar, la secretaria de Desarrollo Humano Marta Perret se encontró con una situación que no pudo solucionar y derivó en los múltiples intentos de recuperar el espacio público con medidas judiciales incluidas.
Recién el 12 de octubre de 2006 el Municipio corrigió una omisión de índole administrativa: la declaración de “interés público” de la obra que permitía hasta la expropiación, si fuese necesario, y estableció un plazo de 180 días para dejar libre de ocupantes el lugar. De allí en más, la discusión creció en dimensión hasta alcanzar repercusión nacional y obtener de Raúl Castells algo más que el acompañamiento.
Tiempos de cambio
Los cálculos para la apertura total varían según el optimismo de quien los profiera. Hablan de dos o tres semanas o de un mes y medio. Será ni más ni menos que el tiempo que demande terminar la vivienda que está sobre la barranca y el desmantelamiento de la estructura actual. El tránsito debe ser vehicular y peatonal, aunque el espacio para la vereda es estrecho y no se descarta alguna obra especial para los sampedrinos que recorren día a día la costa.
“Tenemos que terminar algunas cositas, como todo San Pedro quería”, dijo Sandro el sábado ante un móvil del programa Sin Galera. Minutos antes, junto a su hermano, habló de las buenas relaciones y el agradecimiento a Cecilio Salazar por el trato que les dispensó cuando protagonizaron el último mano a mano, el martes de la semana pasada.
Se ríen cuando escuchan el nombre de “Avenida Melgar”, pero lo piensan cuando se habla de los nombres de los que habitaron originariamente el lugar. Los abuelos Celia Narcisa y Miguel Ángel, o el papá, Modesto.
“A mi abuela la llevábamos a cococho entre los dos, porque era asmática y no se podía salir por el barro. La llevábamos hasta la 3 de Febrero”, recordaron esa misma mañana para acreditar que la estancia en esa manzana es previa a la explosión inmobiliaria que se produjo en el barrio más cotizado de la ciudad.
“No, no queremos irnos de acá”, ratificaron cuando se les aclaró que un terreno en la zona cotiza en más de 200.000 dólares y una manzana para loteo en más de dos millones.
Vistas y decoración
La obra del Boulevard del Centenario y los privilegiados miradores fabricados con durmientes fueron diseños del arquitecto Diego Chediak. Los amantes de la naturaleza y el medio ambiente pueden recordarlo paso a paso por cada rincón de la costanera en el que la madera se amiga con el territorio, las vistas panorámicas como gran elección y las luminarias de diseño sencillo pero original como parte del atractivo turístico.
La falta de mantenimiento conspiró contra una decoración que es sello y marca de la ciudad. Los nuevos diseños no se conocen en maquetas anticipadas y en muchos casos dependen de la rapidez con la que se ejecuten. Recordar a los que dejan su impronta en lugares emblemáticos que incluyen hasta el gigantesco mástil para la bandera argentina es un buen modo de decir que siempre se puede mejorar, aunque haya pocos recursos.
