Laguna perdida
El domingo pasado, paseando por el hermoso paseo sobre las barrancas, escenario natural que nuestra ciudad posee y que esta gestión, de la que no soy adepto, mejoró, logrando así un balcón al Paraná de disfrute colectivo y no solo de unos pocos, observé que en nuestra preciada costa de lo que queda de la otrora laguna, más específicamente en los terrenos costeros del Club de Pescadores y Náutica de San Pedro, institución contra la que no tengo nada en contra, se está levantando un inmenso galpón. Preguntando, me dijeron que era parte de un emprendimiento de la institución, una futura guardería de lanchas. En ese momento me imaginé a ese grupo de muchachos a los que en algún momento de la historia de San Pedro, se les ocurrió abrir una zanjita que uniera la laguna de San Pedro con el Paraná con el fin de hacer más corto su viaje hacia sus ranchos en la isla. Ese canal fue bautizado con el nombre de Don Pablo, nadie dijo nada, y hoy la laguna es parte de la historia. Moraleja: en pos de la comodidad destruimos una joya de la naturaleza. Muchos dirán, y esto que tiene que ver con el galpón del Club de Pescadores, pues bien si hoy a alguien se le ocurre construir semejante monstruo en ese lugar y peor aun, las autoridades de San Pedro llámense Intendente, Secretarios, Concejales, etcétera lo autorizan, mañana, en pos del progreso y la bendita promoción al turismo, industria a la que no me opongo siempre y cuando no destruya nuestras joyas, a alguien se le podría ocurrir construir edificios de departamentos en la barranca, hoteles en la costa, mas guarderías de lanchas, seduciendo al político de turno. Ya que a cambio de excepciones de los códigos de urbanismo o como se llamen, prometerá millones en inversiones y así nuestro sacrificado gobernante, pensando en su ciudad, se lo otorgará porque luego, por supuesto, esta inversión pasará a engrosar el currículum de la plataforma para la próxima elección. Creo que lo más valioso que tenemos en San Pedro es justamente nuestra naturaleza, nuestras casas antiguas, nuestro ritmo de pueblo, nuestra identidad, pero también creo que a través del tiempo hemos perdido mucho: la laguna, la seguridad, un poco de bienestar general. A mi modesto entender las autoridades de turno deberían vigilar que estas reliquias que nos quedan no sean destruidas. Deberían velar porque los sampedrinos no pierdan todos sus tesoros en pos de la industria turística, no nos olvidemos que el turista justamente lo que busca es eso que nosotros tenemos y que en la gran ciudad no se consigue: tranquilidad, naturaleza, postales magníficas y mucho más. No sigamos perdiendo las joyas de la abuela, no nos tropecemos dos veces con la misma piedra, no repitamos los errores. Puede ser que usted no esté convencido de lo que le digo, pues bien tómese diez minutos, diríjase a la barranca y en el viaje recuerde como era la laguna años atrás; cuando esté llegando baje la vista, si es posible cierre los ojos, párase en la baranda, tome aire, fije ese recuerdo nuevamente, y abra los ojos. Sorpresa, la laguna no está más. Martín Eduardo Gómez - DNI 20.841.281

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