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    La trascendencia de la Revolución

    Por Roxana Delucchi, Profesora de Historia

    26 de mayo de 2010 | 13:42
    La trascendencia de la Revolución

    La caída de la Junta Central de Sevilla deja al descubierto la fragilidad del gobierno de Cisneros aquí en el virreinato del Río de la Plata. Los jefes militares encabezados por Saavedra, sostenían que la autoridad del Virrey ya había caducado debido a lo que había pasado en España con la caída de esta Junta, por lo tanto el poder debía pasar al Cabildo para que éste designara un nuevo Gobierno.
    En esos tiempos, el Cabildo era encargado de nombrar las autoridades. En este caso, el gobierno quedaría acéfalo porque, según Saavedra y todo su conjunto, lo que había pasado en España terminaba con el poder de Cisneros. Entonces el Cabildo, como institución fundamental, debía tener la responsabilidad de nombrar una nueva autoridad.
    El pronunciamiento de los comandantes milicianos fue acompañado por un grupo de civiles para forzar la convocatoria a una amplia reunión de vecinos. Acá estamos viendo que a estos militares se les une un grupo de civiles, por eso tenemos que tener mucho cuidado cuando hablamos de revolución y no confundirlo con lo que es un golpe de estado, por ejemplo, en esta época de 1810, donde realmente esta revolución va significar una transformación profunda, no un simple cambio de autoridad, sino una transformación profunda en las instituciones, en la sociedad, en la economía, y la participación de este grupo de civiles para forzar esta convocatoria a esta reunión lleva a un Cabildo Abierto, que es como una primera manifestación de intercambio de opiniones.
    La convocatoria de este Cabildo se plantea para el 22 de mayo, que para mí es el día más importante de esta gesta de Mayo que venimos viendo, porque es como la cocina donde termina de hornearse, donde se termina de dar forma y donde comienza a ponerse en claro esta llamada Revolución.
    Aquí, en el Río de La Plata, sonaba muy fuerte la tesis de que la soberanía debía volver al pueblo y que en su nombre el Cabildo designaría los miembros del gobierno. En tanto, se solicitaba a otras ciudades del Virreinato enviar representantes para conformar el gobierno definitivo.
    Acá es importante resaltar esta tesis sobre la soberanía popular. Un pueblo bastante particular, un pueblo entre comillas, porque ese pueblo estaba bastante delimitado, estaba compuesto por “la gente decente”, la gente de la elite, y este Cabildo debía, en el nombre de ese pueblo, designar los miembros.
    Estamos esbozando algunos lineamientos que, si traemos ese concepto a la actualidad, decimos “el pueblo es el soberano y el gobierno es el pueblo”, estamos como queriendo empezar a perfilar aquellas ideas, sobre todo de un gobierno elegido por el pueblo.
    Es importante rescatar estos conceptos que son muy significativos, con mucha trascendencia histórica para nuestro país: el concepto de soberanía, representantes; buscábamos que todas las provincias estuvieran representadas de una u otra forma. Lo importante es la representación más allá de la forma en la cual se proponía esa representación, la participación y el pueblo, o sea que son conceptos muy fuertes que hoy son pilares de nuestra democracia, en su conjunto irán de apoco dándole forma al nuevo ciudadano, este ciudadano que puede plantearse si Mayo fue o no una revolución, pero lo que no puede negar este ciudadano es que a partir de esos sucesos se quiso indicar que se había abierto un nuevo tiempo histórico, en primer lugar; es como que se dio vuelta una nueva página y a partir de aquí comenzamos con otros tiempos históricos.
    En segundo lugar se puede afirmar que, sin dudas, fue una revolución política que rompió una relación colonial y obligó a generar mecanismos de gobierno propios que llevaron al cabo del tiempo la formación del Estado Argentino, un Estado Argentino que llevó mucho tiempo forjarlo, porque las ideas iban y venían, se contraponían, y una lucha de intereses y de poder fue mezclándose en toda esta formación.
    En tercer lugar, el aspecto social que parece ser el más problemático. Los principales protagonistas pertenecieron en su mayoría a la elite social de la época. Hablábamos de pueblo: ese pueblo era un pueblo muy particular, no tenía la misma connotación que tiene hoy “el pueblo”, pero, en cierta forma, ese pueblo es el que teníamos y es el que comenzó a llevar adelante este cambio de raíz, este cambio profundo, no este simple cambio y nada más, pero también a ese grupo de la elite estaban las milicias reclutadas en los estratos populares. Ahí tenemos como el condimento final de todo esto, estas milicias reclutadas en los estratos populares que le van a dar al movimiento sus bases políticas y militar. Si bien las jornadas de Mayo no fueron protagonizadas por multitudes, volvemos a insistir en esto de que el pueblo no abarcaba toda una sociedad, por eso este aspecto social era el más problemático, una sociedad muy dividida, no por eso menos valiente, donde decíamos que estas jornadas fueron protagonizadas por multitudes, demostraron diversas formas de participación popular generadas en torno a una institución colonial como era el Cabildo, este Cabildo que tenía la responsabilidad de designar nuevas autoridades se convirtió en el vehículo, en esa bisagra para una nueva etapa, un antes y un después, comenzar un nuevo tiempo histórico.
    Hay que rescatar la importancia de las instituciones, que es deber patriótico, deber ciudadano cuidar de ellas hasta las últimas consecuencias. Ellas son las que nos permiten en realidad vivir en democracia, por eso hay que cuidarlas, hay que participar, hay que trabajar para estas instituciones, este vivir en democracia es una situación que debemos defender con uñas y dientes y no olvidar jamás que muchos hombres dieron su vida por nuestra patria, esta patria que es nuestro hogar, que es el hogar de hoy. Esas instituciones tienen que estar revalorizadas y realmente nuestro deber como ciudadanos es hacer cumplir la función de cada una de ellas.

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