La campaña había sido bastante tranquila, al menos hasta la última semana, cuando desde diversos sectores que acompañaban a uno u otro candidato pusieron en marcha la maquinaria que estropea el proceso electoral y embarra la cancha.
Hubo panfletos, llamados a los medios, mensajes para quejarse por datos que eran ciertos, cartas de acusaciones, sobres con información anónima y no tanto, y hasta asesores de frentes electorales que redactaron titulares que reprodujo un inescrupuloso dueño de medios.
También hubo funcionarios públicos que estaban al tanto de la comisión de delitos y en lugar de denunciarlos se ocuparon a través de terceros de que los medios supieran del caso, con el objetivo de aprovechar para que la noticia golpeara a un rival.
Dos hechos noticiosos provocaron enojo en los dos frentes más votados. Uno fue la publicación en el portal Visión Regional por la supuesta falta del título de médico del ahora concejal electo Luis Garavaglia en el Colegio de Kinesiólogos -lo que implica ejercicio ilegal de la profesión-,que desató ira en el frente Cambiemos, con llamados intimidatorios a periodistas.
Este semanario recibió un sobre para nada anónimo con esos datos y decidió trabajar en su chequeo para luego de las elecciones, ya que se consideró que no había apuro en medio de la campaña y que lo investigado y nada documentado no merecía publicación alguna.
Comprobado, se publica: Garavaglia no está matriculado y ejerce como kinesiólogo en los consultorios de Osprera, lo que obligará a la intervención del Colegio que representa a esos profesionales, porque se trata ni más ni menos que de una actividad irregular.
Por otro lado, la crisis desatada en Río Tala luego de que Víctor Hugo Ríos perdiera las elecciones en la seccional de Uatre y decidiera pasarse al gremio de trabajadores rurales Satha, cercano al kirchnerismo, fue noticia publicada por todos.
La aparición de una pequeña foto de Pángaro y Scioli en un vidrio de la sede donde seguirá trabajando el sindicalista que ahora está en la vereda de enfrente de Salazar provocó una tapa de El Diario que vinculaba a Ríos al pangarismo.
Ello provocó enojo entre los hombres del Frente para la Victoria, que llamaron a periodistas y a responsables de la publicación para saber por qué habían puesto esa noticia en portada. La respuesta es triste para el periodismo que necesita el respaldo de los dueños de medios para ejercer la profesión. Cuando el dueño es genuflexo o se deja tentar, la prensa se desvirtúa.
Cerca de Ramanzini celebraron que nadie recordó la denuncia que le hizo Carrió en la que lo acusa de ser “testaferro de Massa” y responsable de “lavar dinero del narcotráfico”. En lo de Nouet temían que su condición de imputado en la causa que podría costarle el cargo a la suspendida Fiscala Ates fuera utilizado en su contra.
Pasaron cosas raras: se publicaron noticias que les interesaban más a unos y otros frentes, algunas más importantes que otras. Hubo llamados a periodistas desde ambos sectores. Algunas de esas comunicaciones fueron intimidatorias pero no fueron reveladas por las partes. Otras más amables. Hubo dueños de medios que endilgaron responsabilidades a los cronistas. Hubo asesores políticos que, acostumbrados a fraguar cosas, metieron mano en el trabajo de la prensa. Hubo connivencias. Hubo operaciones. Hubo dinero sobre la mesa.
Lo peor es que hubo, en cada caso, el enojo y el pedido de explicaciones a los medios de comunicación que, después de todo, no publicaron nada que no fuera cierto. La dimensión de la cobertura, la oportunidad y conveniencia, cada cual la sabrá en su fuero íntimo y cada lector las sabrá evaluar.
Ante este panorama, quizás sólo cabe preguntarse: ¿Qué más habrá?

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