La súper heroína
Todo parecería indicar que sería un día “tranquilo” como todos, en la cálida y acogedora Argentina. Sus habitantes, los argentinos, comenzaban su labor muy temprano. Cuando el refulgente sol alumbraba sus rostros y los envolvía con sus tiernos rayos de luz, ellos apresurados, se dirigían al trabajo. Era maravilloso ver como unos sobre otros forcejeaban en la estación de tren, en la de subte, en las garitas de los colectivos; como se cruzaban en la calle, al conducir, al caminar… Bueno, en verdad el índice de accidentes de tránsito es un tramo elevado aquí, pero siempre dicen que hay que ser optimistas y ver el lado positivo de las cosas. Estas personas siempre tienen mucha prisa porque como demoran un tiempo considerable en conseguir empleo, cuando les toca esta suerte no pierden el tiempo. Es cierto que también, debo admitirlo, que no todo es espléndido como sus diversos climas y bioma. Convivimos con el hambre, la desocupación, la pobreza, la marginalidad, la inseguridad, la deserción, la corrupción, el mal manejo de las entidades públicas, el SIDA, las drogas, entre otros pequeños problemas, sí digo pequeños porque comparados con nuestro gran, temerario, silencioso, y actual enemigo, todos los demás se vuelven minuciosos. ¿Quién lo hubiera imaginado? El estar tan pendientes de todos estos pormenores no nos permitía ver como la energía intentaba acabar con nuestras pacíficas vidas, la muy malvada, cual fiera, se disponía a asechar. Pero gracias a Dios, mejor dicho, gracias al pueblo, ella llegó. La súper – heroika, perdón quise decir la súper – heroína, se presentaba deslumbrante, sagaz, imponente y sobretodo decidida a acabar con el mal. Así fue que después de horas de análisis, en el salón de belleza, resolvió que la solución, valga la redundancia, estaba en la hora. Eficazmente y sin perder el tiempo, puso en práctica sus técnicas de control. Y en un abrir y cerrar de ojos dio el primer golpe, al cómplice reloj. La idea fue genial y tuvo tan buena aceptación que hasta en el congreso se pusieron a trabajar. Por los ciudadanos no hubo que preocuparse, ellos adoran y confían tanto en la familia K que con gusto se dispusieron a colaborar adelantando sus relojes. Eso sí, como era de esperarse, a los del interior no les agradó mucho la noticia. Dicen que como se levantan tan temprano casi no tienen tiempo para descansar; se escuchó también que los comercios perdieron una hora de vender, hasta que cambiaron el horario, que esto no sirve para nada y un par de críticas más ¡Que lástima por ellos, no saben apreciar el esfuerzo y el compromiso de la salvadora Cristina, o mejor dicho, la súper- heroína de la hora! María de los Milagros Díaz, D.N.I: 35.114.377.

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