• Portada
  • Lo último
  • Información General
  • Policiales
  • Deportes
  • Reporte Ciudadano
  • Política
  • Cultura y Espectáculos
  • Empleos
  • Servicios
viernes 17 de julio de 2026
  • Archivo de ediciones
  • Radio sin galera
  • Radio sin galera
  • Archivo de ediciones
La Opinión Semanario

SECCIONES

  • Últimas noticias
  • Información general
  • Policiales
  • Sin Galera
  • Deportes
  • Localidades
  • Cultura y Espectáculos
  • Turismo
  • Reporte Ciudadano
  • Servicios
  • Sociales
  • Empresas y Negocios
  • Clasificados
  • Defunciones
  • Política
  • Opinión
  • Videos
  • Archivo de ediciones
  • Radio sin galera
  • Ads
    Información GeneralAñadir como fuente en

    La Revolución es un sueño eterno

    La Patria cumple 200 años. Pensar este hecho histórico desde nuestra realidad es mirar ese pasado, para pensar el presente y construir el futuro. Los hombres de Mayo nos legaron el camino, nos toca a nosotros andar. Dos siglos después, las tensiones tienen el mismo cariz. La esperanza es que los protagonistas de la historia tengamos la misma pasión que ellos.

    26 de mayo de 2010 | 13:26
    La Revolución es un sueño eterno

    Celebrar, recordar, conmemorar, festejar, revivir…. El Bicentenario, la Revolución de Mayo, el Cabildo Abierto, las jornadas en las que un puñado de hombres hicieron punta para construir la patria, la nación, la república, esta tierra que nos cobija y a la que llamamos nuestra Argentina.
    Rememorar el 25 de Mayo en su Bicentenario es pensar lo que de esa jornada se ha dicho, se dirá. Porque si bien “nadie es la patria, pero todos lo somos”, cada uno a lo largo de estos 200 años le ha puesto una carga de significado que se mueve, como el propio péndulo de la Historia nacional.
    El Bicentenario es un hecho político que celebra “el” hecho político de la Historia argentina: el inicio del camino de la Independencia, la creación de la Nación, la búsqueda por entrar al mundo y salir de la opresión de un destino sin futuro, planteado por la pertenencia a un Imperio devastado, enclave medieval en la Europa de la Modernidad post Revolución Francesa.
    Como todo hecho político, los festejos no están exentos de tensiones de esa índole. Lo político es el terreno del conflicto y la política ese intento por saldar esas diferencias en un espacio común, lo público, el espacio de todos y todas.
    Las tensiones políticas del Bicentenario son las mismas que atraviesan estos doscientos años de historia nacional.
    “Que si vengo, que no voy, que si estoy, que me pierdo”, fue la novela del Bicentenario. “Que si viene Néstor yo no seré feliz”; “Si no lo querés a Néstor, yo no voy”; “Si no van ellos, voy yo”, Mauricio Macri, Cristina Fernández, Julio Cobos, envueltos en un tire y afloje que coparon los títulos de los diarios y, como si no bastara, coronaron con la pelea por la televisación.
    Y entre tanto ir y venir: el Bicentenario. Nosotros, ellos, todos, envueltos bajo el manto del recuerdo de la piedra fundamental de la Patria, que no es nadie, que somos todos, un “todos” extraño, pero que nos hermana.

    Ads

    El sueño eterno
    San Pedro también es la patria y es nuestra patria chica. Pensar la Revolución de Mayo debe ser también pensar nuestra identidad local, en un mundo globalizado que tuvo una tendencia a la disolución de las particularidades y que, por suerte, no hizo más que acentuarlas.
    Ahí nos miramos, en nuestra pequeña identidad local, que también tiene sus diversidades, pero que es nuestra pertenencia y que no cesa de intentar ser.
    Pensar la Revolución de Mayo en el Siglo XXI. Mirarnos en esos hombres que con un puñado de ideas y un coraje a prueba de todos se animaron a construir un país, a transformarse en sujetos de su propia historia.
    El escritor alemán Bertolt Brecht se preguntaba en un célebre poema si en los grandes hechos de la Historia no hubo acaso otras gentes que los grandes hombres: “Cada página una victoria / ¿Quién guisó el banquete del triunfo? / Cada década un gran personaje / ¿Quién pagaba los gastos?”.
    Pensar la Revolución de Mayo es pensar nuestras pequeñas revoluciones cotidianas. Hacer del recuerdo de esos hombres la expectativa del futuro. Cada uno de nosotros es Moreno, es Castelli, es Belgrano, puede ser San Martín.
    La Revolución es un sueño eterno. Es el puntapié inicial de la construcción diaria de lo que queremos y lo que podemos ser.
    Alguien mira a lo lejos y se pregunta por el futuro. Tiene el color de la tierra y las manos curtidas. Habla con dificultad sobre los efectos en su mesa del devenir de la economía mundial. Se queja del Indec y celebra la asignación universal por hijo. Vota a desgano y frunce al ceño al querer explicarles a sus hijos qué fue la Revolución, qué es la democracia.
    “Doscientos años, ¿de qué sirvió haber cruzado a nado la mar?”, preguntaba un poeta del rock en los 70’, invitando al interrogante acerca de cuál es el sentido de la Historia, de esa que parece que hacen y escriben otros, que nos pasa de soslayo y de la que nos cuesta sentirnos protagonistas.
    La Patria y el Bicentenario, los festejos y el feriado, la Historia y su devenir. Cuando los hombres de esa gesta de Mayo, en plena juventud, tomaron las riendas del destino, no se preguntaron por nosotros, en nombre de quiénes habrían forjado el futuro.
    El llamado del Bicentenario es por ese futuro que ya llegó. Repensar el pasado es resignificar el presente para transformarlo en pos de construir lo que vendrá.
    La bandera que flamea en la puerta de cada edificio público, de algunas casas, nos invita.

    La Revolución en la era del Facebook
    Cada momento histórico tiene en su seno el germen de lo que vendrá. “La humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya existen, o, por lo menos, se están gestando las condiciones materiales para su realización”, escribió uno de los máximos pensadores de la historia.
    French y Berutti esperan en la calle las vicisitudes de lo que pasa en el Cabildo. Belgrano es el encargado de comunicarles si es necesario convocar a la multitud para ejercer presión. No sabe si twittearlo, postearlo en el Facebook o directamente enviar un sms.
    Estos hombres hicieron el país con la determinación fundamental de comenzar a andar un camino que hoy nos ocupa recorrer.
    Las causas son las mismas. Pero tenemos algunas ventajas. La velocidad de la información, la posibilidad de que las noticias y las ideas no nos lleguen en barco con meses de retraso.
    “Saber de qué se trata”, esa es la cuestión. En pleno siglo XXI, esa sigue siendo la búsqueda fundamental, porque saber sigue siendo Poder, pero también es poder, verbo que acentúa el devenir.
    200 años después, cada uno de nosotros tiene la misión de sostener el legado de esos hombres, de apropiarnos de sus luchas y de saber que las cosas no “son” así, sino que “están” así y las podemos cambiar, como las cambiaron ellos.

    Ads

    De 100 en 100, el debate por la identidad
    En 1910 llegaba el cometa Halley. Alquilaban balcones para ver el espectáculo. Era el año de “la gloria argentina”, de la gloria del proyecto nacional de la generación del 80, uno de los tantos proyectos de país que se debatieron –se debaten– en esta, la Patria inconclusa, la Argentina que siempre tiene un futuro maravillosa, que está “condenada al éxito”.
    El discurso del Presidente Figueroa Alcorta en aquel acto en el que puso la piedra fundamental del nunca realizado monumento a la Revolución de Mayo nos habla del optimismo hiperbólico de una clase dirigente que se sabía triunfal y prometía. Figueroa Alcorta habló aquella vez de “el hecho más grande” entre los producidos en “uno de los siglos más grandes de la historia”. Y no hablaba de la gloria decimonónica de los Moreno, Castelli, Belgrano, Saavedra, San Martín; hablaba de sí mismo y de ese futuro que prometía el Centenario.
    Para quienes celebraron los 100 años de la patria, vivir en Argentina era un privilegio. La descripción de Vicente Blasco Ibáñez, novelista español enviado para cubrir los festejos da cuenta de ello: “Europa, deja de admirarte, hay algo más que tú. Mira por encima del océano y contemplarás los vigorosos latidos del embrión del porvenir”, escribió.
    Los festejos, centrados en la “París de Sudamérica” daban cuenta de un país posible, un país en construcción cuyo sustento económico era su lugar en el concierto del capitalismo mundial como periferia agroexportadora.
    A esa Argentina consolidada en su condición de “extremo sur de Europa”, que a través del océano miraba su modelo, de espaldas a su pertenencia latinoamericana, le hacía falta identidad.
    El Centenario fue el gran momento de la construcción de esa identidad ausente, el Ser Nacional que se diluía en los conventillos donde se hablaba “cocoliche” y en periódicos anarquistas escritos en ruso.
    La escuela sarmientina fue el gran unificador cultural del país. La educación gratuita y obligatoria tuvo como eje central la homogeneización cultural de un país cuya inmensa mayoría estaba conformada por extranjeros llegados a hacerse la América, que consistía esencialmente en huir de las miserias de su país de origen con la esperanza de volver.
    Sobre ese caleidoscopio había que pensar la argentinidad. Jorge Luis Borges supo aseverar: “Nadie pude definir: un argentino”.
    1910 es el año de la Ley de Residencia, de Miguel Cané, el autor de Juvenilia, esa ley que expulsaba arbitrariamente a quienes se había descrito como “el mejor catecismo” para los criollos y sobre quienes luego el propio Cané habría escrito de la siguiente manera: “Cada día los argentinos disminuimos. Salvemos nuestro predominio legítimo”. Faltaban seis años para que los hijos de esos inmigrantes acusados de tener “cerebros de buey” por Enrique Larreta, desde los claustros de la Universidad de Córdoba, lograran la democratización política para los hombres.
    El Centenario fue una celebración de la homogenidad cultural, de la búsqueda de un Ser que representara la argentinidad en su máxima expresión. Es fácil imaginarse los protagonistas de una publicidad televisiva con “el argentino” como protagonista de esas celebraciones.
    Ahora bien, ¿cómo es ese Ser Nacional en este Bicentenario? Han pasado cien años de aquella “gloria” y este aniversario es menos pomposo y todavía tiene el aroma de los hechos de 2001, que la tele reproduce en Europa.
    El Bicentenario tiene un color más diverso que el Centenario, quedó demostrado en el desfile de las colectividades, con Bolivia como protagonista descollante, a pesar de que el “bolita” peyorativo sigue en boca de tantos.
    El país posible del Bicentenario es el que podamos pensar, el que podamos hacer. El que tenga en cuenta que en Jujuy hay un Coya con su quena cantándole a la patria, como aquí, en San Pedro, hay un pescador que bajo la lluvia levanta su red y sonríe con el fruto del trabajo diario.

    Las autoridades del bicentenario
    Intendente Municipal: Pablo Guillermo Guacone

    Ads

    Presidente del Honorable Concejo Deliberante: Dr. Sergio Rosa

    Secretario de Economía y Hacienda: Jorge Génova
    Secretario de Planificación y Coord. de Gestión: Facundo Vellón
    Secretario de Gobierno: Juan Almada
    Secretario de Producción y Turismo: Norberto Atrip
    Secretario de Servicios y Obras Públicas: Néstor Pablo Zeme
    Secretaria de Desarrollo Humano: Marta Perret
    Sub Secretario de Salud: Julio Caraballo
    Secretario Legislativo: Fernando Sciarra
    Sub-Secretario Legislativo: Fabián Vlaeminck

    Presidente Bloque Justicialista: Daniel Monfasani. Concejales: Matías Monfasani, Carlos Suárez, Fabián Artenzio
    Presidente Bloque Unión Peronista: Carlos Casini. Concejales: Marta Curima, Damián Mosquera
    Presidente Acuerdo Cívico y Social – Acción por San Pedro: Margarita Frisch. Concejales: Noemí Bordoy, Norberto Mitelsky, Martín Pando, Juan Miguel Yunes, Adrián Macenet, Víctor Secchi
    Presidente Bloque Peronismo Independiente: Sandra Mari. Concejales: Facundo Maseda
    Presidente Bloque Coalición Cívica: Matías Velo

    Ads

    Directores: Turismo, Fabián Bianchi; Rentas, Edgardo Delbene; Contaduría, Oscar Corleto; Personal, Censo, Cómputo y Estadística, Juan José Kasta; Servicios Sanitarios, Hugo Días; Obras, Adolfo Benincasa; Vivienda, Flavio Peiró; Servicios Públicos, Ángel Álvarez; Deportes, Dalmy Butti; Asesoría Letrada, Juan Benseny; Servicios Previsionales, Ana Adrover; Cultura, José Luis Aguilar; Bromatología, Saverio Gutiérrez; Comisiones de Fomento, Martín Noseda; Tesorero Municipal, Mario Corvalán.

    Delegados Municipales: Gobernador Castro, Luis Zapata; Santa Lucía, Martín Rodríguez; Río Tala, Gustavo Díaz.

    Temas
    • Edición N° 947
    AUTOR
    Foto de La Opinión SemanarioLa Opinión Semanario
    Ads
    Ads
La Opinión Semanario
Añadir como fuente en
NUESTROS MEDIOS
  • Sin Galera en vivo
  • Archivo de ediciones
  • La Noticia 1
SECCIONES
  • Información general
  • Policiales
  • Sin Galera
  • Deportes
  • Localidades
  • Cultura y Espectáculos
  • Turismo
  • Reporte Ciudadano
  • Servicios
  • Sociales
  • Empresas y Negocios
  • Clasificados
  • Defunciones
  • Política
  • Opinión
  • Videos
2026 | La Opinión Semanario | Todos los derechos reservados: www.laopinionsemanario.com.arRegistro de Prop. Intelectual Nº 53002088 · Edición Nº 12518 - Propietario: La Opinión Semanario SRL - Director Responsable: Lidia Inés Berardi - Liniers 71, San Pedro, Buenos Aires.
Términos y condicionesPrivacidadCentro de ayuda
Powered by
artic logo