La recuperación de Emerson es exitosa: abrió los ojos y abrazó a sus familiares
El niño de 12 años continúa internado en Pergamino y se espera su traslado al Garrahan. En los últimos días su estado mejoró, al punto de que ya está consciente.
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El caso de femicidio de Mariela Figueroa en el barrio Arcor tiene todas las miradas puestas en la salud de su hijo Emerson Gómez, de 12 años, quien ese día resultó baleado en la cabeza y en una mano cuando Alberto Lafuente, expareja de su madre, les descerrajó una serie de disparos de arma de fuego antes de fugarse y quitarse la vida, a la noche, ante la tumba de su madre.
Emerson está internado en el hospital San José de Pergamino desde el día del violento episodio. Allí fue sometido a varias intervenciones quirúrgicas y estuvo inconsciente hasta la semana pasada.
La evolución de su cuadro es sorprendente y los médicos confían en que así continuará. Esta semana podría ser, finalmente, derivado al hospital Garrahan, donde seguirá con el tratamiento y será operado para reconstruir los tejidos que dañaron las balas que entraron en su cabeza, sobre todo la que afectó su rostro.
El niño tiene todavía un proyectil alojado en la zona cervical, puesto que los profesionales que lo atienden consideraron riesgoso intervenir en ese lugar y concluyeron que la permanencia de la bala no genera complicaciones, por lo pronto.
Un emotivo reencuentro
En Pergamino, a Emerson lo acompañan a diario sus familiares. Su padre, Diego Gómez, y sus tíos maternos Yaquelín y Lucas Figueroa son los encargados de recibir los partes médicos.
La semana pasada vivieron una jornada de emoción cuando el niño salió del coma inducido, luego de la apertura de una vía para facilitar su función respiratoria.
En la sala de terapia intensiva donde permanece internado, Emerson reconoció a sus familiares, a los que pudo abrazar tras una semana en delicado estado.
“Aún no sabe muchas cosas, pero sigue mejorando y reconociendo a todos”, conto su tía Yaquelín y agregó: “Lo vimos despierto, apenas me vio me tiraba los brazos, no abrazamos fuerte y me daba besos”.
En una mochila que llevó su tío están los dibujos y mensajes que le enviaron sus compañeros de la escuela secundaria 11 y del programa Envión de Villa Depietri. Emerson ya sabe de ese regalo que lo espera.
En su habitación del San José, su padre le sacó la foto que ilustra esta página y la compartió en las redes con un mensaje de agradecimiento a quienes les brindan apoyo. “Me mata esa sonrisa”, dice Diego Gómez sobre la imagen del niño con un chupetín.
Aylén, la nueva beneficiaria de la casa
Como reveló La Opinión la semana pasada, a las pocas horas del femicidio de Mariela Figueroa, la vivienda escena del crimen, que la mujer habitaba con su hijo Emerson tras ser beneficiaria de un programa del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, fue desocupada.
Las llaves fueron entregadas por el padre, “Picho” Figueroa, al articulador del Centro de Referencia (CDR) de ese ministerio, José Franchini, quien readjudicó la casa a otra persona.
La beneficiaria fue Aylén, una niña de 8 años que en enero pasado superó un grave inconveniente respiratorio tras ser intervenida en el Hospital San Felipe de San Nicolás.
Su madre, Rocío, recibió a La Opinión en la misma casa de Obligado y Calle 60. Desde allí agradeció a la familia Figueroa y relató: “Me citaron en la oficina (de CDR) para hablar conmigo, ni me lo esperaba. Me llamaron y me dijeron ‘tenemos una propuesta para decirte: te conseguimos una casa’”.
Le preguntaron si la aceptaba. En principio, Rocío no sabía qué decir y temía que el tema le generará algún inconveniente. “Me dijeron que la familia que estaba antes estuvo de acuerdo en darla para una familia que la necesite y yo la necesito”, relató.
Su hija Aylén “es alérgica a todo tipo de ácaro, la humedad, las flores, el polvillo”, al punto de que su madre contó que no puede barrer. “Ella está utilizando una medicación muy cara, que la conseguimos nosotros con el padre.
Si le falta eso tiene riesgo de volver a enfermarse”, indicó.
La medicación que necesita, un compuesto de varias drogas que se le prepara especialmente, cuesta alrededor de 2.000 pesos. Su padre tiene la obra social en trámite, pero por lo pronto tuvieron que hacer frente al total del valor de la medicina.
La niña se vio afectada por un fuerte estado gripal que derivó en neumonía y complicó su salud. La insistencia de sus familiares fue determinante para que Aylén fuera intervenida quirúrgicamente en San Nicolás.
Una ley para proteger a quienes sobreviven
La semana pasada la Cámara de Diputados provincial dio media sanción a la ley de pensiones para hijos de víctimas de femicidio, que ahora será debatida en el Senado.
La diputada de Cambiemos Sandra Paris, oriunda de Zárate, señaló que se trata de “una reparación económica para las víctimas colaterales” de ese tipo de crímenes.
“Muerta la mamá por una cuestión de violencia de género y el padre preso o muchas veces suicidado, esos chicos quedan para atención de familiares y, lógicamente, es costoso la atención para otra familia atender a lo mejor tres o cuatro hermanos cuando no estaba dentro de sus planes”, precisó la legisladora.
La idea, apuntó Paris, es que los hermanos estén juntos y que sean criados por los familiares que se hagan cargo. Además, les permitirá a los descendientes cobrar “los planes que esa mamá tenía”.
“La realidad es que cuando ocurre un femicidio el Estado llega tarde. Entonces, el Estado tiene que estar presente reparando económicamente”, reconoció la diputada. La aplicación será inmediata, sin necesidad de que haya sentencia firme para el femicida.
La pensión será otorgada a los hijos de víctimas hasta los 21 años o hasta los 25 en el caso de cursen estudios superiores. En el caso de discapacidad, será vitalicia.
Hasta el momento, la ley no contemplaba cómo asistir a niños en casos de estas características.
Hay otros que también ameritan intervención. El caso de los denominados “docentes abusadores” es ejemplar: hay tres chicas que dependen de una familia que no está en condiciones de mantenerlas y que perciben un magro subsidio municipal para subsistir. Lamentablemente, para esos asuntos todavía no hay respuesta.
