Entre la exageración y el espanto siempre hay y debe haber matices. La respuesta desproporcionada a una crítica periodística o la expresión de una opinión diferente no es sólo patrimonio del kirchnerismo. El autoritarismo siempre fue, en realidad, un arraigado modo de actuar en un país en el que el miedo a la subsistencia comienza a considerarse una cuestión de oficialismo u oposición; el sometimiento a la Justicia, un modo de persecución y apoyo; la interpretación de las decisiones, una maldad o un acto de solidaridad. Una protesta es golpismo y la desgracia humana, un atentado a la imagen que se necesita mostrar.
Entre medidas judiciales que frenan el aumento de tarifas, bolsos con dólares, monjas sin convento, robo en la obra pública, actos de la expresidenta en las villas, la sonrisa con la llegada de las obras de la Provincia de Vidal o la cara de cansancio y deterioro de Mauricio Macri en la presentación de los Juegos Olímpicos, por vez primera algunas consecuencias se hacen tangibles en la población, impactan más cerca.
Es demasiado rápido para preguntar por los cambios o resultados y más que urgente responder a las demandas.
Quién más, quién menos ha pagado sus servicios con y sin aumento sin plegarse a las protestas, soportando las durísimas condiciones de exigencia económica extrema y protagonizando una vez más la debacle de una clase media pauperizada que renegaba de los planes sociales y ahora clama por un Ahora 12.
En el territorio, las cuestiones tangibles pasan por la alegría frente a la demarcación de sendas peatonales, las máquinas que pavimentan la Ruta 1001, la iluminación de algunas plazas y los anuncios de mejoramiento de la Costanera. Al menos así se ve de sonriente el mismo funcionariado que puertas adentro vive los graves perjuicios de percibir sueldos demasiado estrechos para dedicarle tiempo a la función y se ve obligado a financiarse con algunas actividades paralelas aunque siempre vinculadas al poder. Asesores, proyectos a medida, planes, compras directas, empleados foráneos…
Sin embargo, no alcanza para ocultar que una fábrica de bicarbonato que era la única abastecedora en Argentina está a punto de cerrar sus puertas y ya despidió e indemnizó a cuatro de sus empleados. El acuerdo se firmó la semana pasada y la explicación de la empresa Chimex, que está instalada en un terreno vecino a Arcor, es que desde que comenzaron las importaciones “no pueden competir con los chinos”. Nadie nunca los llamó, ni a ellos ni a otros que ya han cerrado sus puertas. Tampoco los que exhiben una situación próspera han sido consultados como para obtener parámetros estratégicos que permitan tomar mejores decisiones.
Ahora, en la comuna también se obliga a guardar silencio sobre contratos y conchabos a familiares y personas cercanas al poder, con la eterna justificación del ahorro en las escandalosas bonificaciones que se pagaron durante los últimos años y que tras el vencimiento de la “Emergencia Económica” le abren las puertas a un festival que observamos con preocupación aquellos periodistas que nunca hemos vivido de lo ajeno o del favor político. Casi en el mismo período y con protagonistas cuyo compromiso con la cuestión pública pasa por ser amigos, ha comenzado a repetirse una sucesión de hechos tan propios del guaconismo como el aliento permanente a un Jefe Comunal que ya toma cualquier cuestionamiento como una afrenta por más clases de coaching y entrenamiento mediático que reciban tanto él como sus colaboradores y concejales.
El manual de los funcionarios porteños es difícil de utilizar en la patria chica. Aquí nos conocemos todos y, por más que se aprieten los dientes, todo es sin disimulo.
La sonrisa, la corrección, el exceso de control de las emociones, la meditación, el pongo la otra mejilla, el envío de información intencionada y paga que ya no se contrata con los medios de comunicación sino con los periodistas y de manera directa no pueden engañar a quien conoce al elenco y sus protagonistas de cerca.
Para colmo de males llegó la semana pasada un cargamento de “ayuda” del Ministerio de Desarrollo Humano con la misma modalidad de manejo que los que enviaban en tiempos de Alicia Kirchner. Sólo que ahora tenemos que creer que se disribuyen bien porque cambiaron la sede de la Cruz Roja por el muro de Facebook en que se ve a el nuevo Coordinador del CDR, José Franchini, nombrado por obra, gracia y milagro de ser amigo, a dos concejales que prefieren el barro peronista al bronce amarillento del Pro y a otros referentes que posaron junto a inodoros, colchones y cocinas como postales de la celebración de la miseria y la dádiva.
Tangible fue el llamado de atención de los familiares de Ariel Lido Gomila cuando el sábado dieron a conocer un desgarrador audio en el que piden justicia y esclarecimiento del crimen del productor asesinado a balazos en el Paraje El Espinillo en febrero, cuyo único imputado está prófugo tras haber abandonado la casa que habitaba junto a la exconsejera escolar Silvina Sampol, que ignoraba que en su propio hogar había más de un kilo de marihuana y una cantidad considerable de cocaína.
Tangible es la buena renta que está quedando por la importación de batatas y zanahorias de Brasil y las manzanas de Chile que llegan a las cadenas supermercadistas sin más participación laboral que la de quien hizo la gestión, la venta y el transporte.
Tangibles son varios kioscos que se están abriendo en cercanías del Jefe Comunal sin sorprenderse. La Dirección de Turismo es uno de los máximos exponentes, que combina el negocio particular con el cargo y para mostrarlo sobran papeles, anécdotas y hasta espacios en exposiciones.
Tangible es el magro sueldo de algunos empleados que siguen con grandes responsabilidades y no participan de la orquesta que le canta loas en el desayuno a Salazar porque no tienen tiempo ni para dormir.
Tangibles son los vínculos con asesores y contratados de otras ciudades para prestar servicios y pagarlos con dinero municipal.
Tangible es la paupérrima actuación de concejales que ahora disputan bancas a fuerza de comunicados y pedidos de renuncia.
Tangible es el durísimo silencio impuesto para quienes eligieron terminar con la prepotencia del kirchnerismo en el poder y hoy no pueden alzar la voz para señalar que se va por un camino demasiado parecido en todos aquellos lugares a los que debía llegar por conducta y se entró por acomodo. Tangible es recorrer los cargos y las designaciones que no se hicieron por concurso, talento o capacidad.
Siempre es mejor alimentar la esperanza, el optimismo, la alegría hasta que se hace tangible que nos vuelven a tomar por boludos.

:format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/laopinion-static/images/logo.png)