La peatonal, reflejo de una ciudad en crisis
El paseo ubicado en pleno centro de la ciudad está completamente abandonado. Los vecinos se quejan por la falta de seguridad y los comerciantes insisten en que no existe mantenimiento alguno. Responsabilidad de la población y de la comunidad.
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Hace años La Opinión se tomó el trabajo de contar cuántas eran las baldosas flojas de la Peatonal del Centenario, en ese momento eran más de 550. Hoy es difícil establecer el número ya que al intentar contarlas uno se encuentra con importantes faltantes de veredas que fueron retiradas para realizar algún trabajo por parte de Obras Públicas y nunca fueron repuestas.
En el 2008 la preocupación pasaba por los ruidos de las baldosas hoy eso es sólo un detalle. “Los fines de semana, en horas de la madrugada, la peatonal se convierte en una zona peligrosa”, aseguraron vecinos de la zona y detallaron: “Está totalmente oscura y nadie recorre el lugar”. A lo descripto hay que sumarle los rumores de quienes aseguran que deja ser una vidriera para convertirse en un visible “rinconcito de amor”.
El malestar de quienes tienen sus viviendas y comercios sobre la peatonal no sólo pasa por la seguridad y la iluminación, sino también por la imagen que deja el paseo para los turistas que llegan a San Pedro, por eso insisten en que es el claro ejemplo de la gestión Guacone. “Los turistas llegan, se paran en cualquiera de las esquinas y rápidamente pueden darse cuenta cuál es la situación de San Pedro, esto está destruido”, se sinceró César un vecino que pasó caminando por la peatonal y se detuvo a dialogar con este semanario.
“Hay canaletas rotas, canteros dañados, bancos despintados y al cartel de la peatonal le faltan todas las letras”, describió otro de los comerciantes que se quejó porque muchos ciudadanos utilizan las bocacalles para estacionar y rompen las veredas. “Lo mismo sucede con las motos”, agregó una joven quien remarcó que en muchos casos circulan a gran velocidad por el lugar.
Pese a que lo más sencillo siempre es apuntar hacia el control y los trabajos que debe realizar el municipio, la población no colabora porque no son los funcionarios los que se llevaron las letras del mural ubicado en Pellegrini y tampoco fueron los concejales quienes se robaron un parlante de la música funcional para colgar en sus viviendas. El compromiso debe ser mutuo para que el paseo se convierta en un paso obligado de todos y que los sampedrinos estén orgullosos de poder contar con un lugar que de placer mostrar.
Una Gran idea
que nunca se concretó
Cuando Diego Chediack, como Director de Planeamiento del Gobierno de Mario Barbieri, anunció cómo iba a ser la peatonal aseguró que contaría con una casilla de turismo, música funcional y hasta semáforos para peatones. Nada de eso se cumple aunque, por suerte, una vecina simpática coloca los parlantes de su comercio en la vereda y regala música a quienes transitan por allí.
Lo de la casilla de turismo es una constante. La oficina se encuentra en un lugar céntrico y nunca estuvo abierta, ni siquiera el año pasado cuando se anunciaba la venta de entradas para el Festival Mastai que debían adquirirse ahí. Los semáforos para peatones son un lujo que San Pedro deberá esperar.
En cuanto a las luminarias poco queda de aquellas que fueron colocadas en el piso para acompañar el recorrido de los transeúntes.
Lo que siempre
se soñó
Pese a que siempre hubo quienes se opusieron a la construcción de la peatonal porque manifestaron que iba a “complicar” el tránsito en el centro de la ciudad, todos soñaron en alguna oportunidad en ver los bancos de la peatonal convertidos en el paso obligado de jóvenes y adultos que transiten San Pedro.
Sólo algunos días con alguna actividad como excusa contó con la presencia de decenas y cientos de vecinos caminando todos juntos por el lugar, luego nada. Nada de adolescentes compartiendo un mate, nada de turistas disfrutando de algún comercio abierto un fin de semana largo, nada de muestras durante algún feriado. Nada de nada.
