La noche tiene sus misterios, sus negocios y sus “nuevos dueños”
La cartelización de la actividad por parte de tres empresarios que acordaron pautas de trabajo para distribuirse el mercado y fijar precios generó polémica entre los que no quieren o no fueron invitados a participar. En el medio aparecieron nuevos actores en el negocio. Hubo dos hechos de violencia con disparos que vinculan a los responsables de la noche. Controles, descontroles, legalidad y legitimidad de un mundo que todos conocen pero del que pocos hablan.
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Desde que un grupo de empresarios de la noche resolvió acordar una serie de pautas que establecieron cuándo abrir, cómo distribuirse el mercado y qué precios cobrar en puerta, la nocturnidad está atravesada por diversas polémicas que incluyen no sólo a los dueños sino también a sus empleados, las autoridades policiales y municipales, y por supuesto a los consumidores.
Un volante anónimo arrojado durante el fin de semana revivió la problemática y a ello se sumaron dos hechos de violencia en los que un dueño de boliche resultó herido en una confusa situación y en las ventanas de la casa donde viven los representantes de otro empresario de la noche aparecieron al menos dos disparos de arma de fuego.
La conformación de un oligopolio de la noche, con una especie de cartelización del mercado que permite a estos boliches sostener su negocio a partir de una competencia regulada por sus propios actores, en plan de convivencia pacífica, es parte del debate.
Entre ellos se cuentan dos empresarios locales y los representantes de un reconocido hombre de la noche a niveles importantes, que desembarcó en San Pedro el año pasado y ya domina buena parte del espectro.
Llegó a la ciudad con Mamá Está Suelta y El Bloke; luego sus representantes abrieron Oriente, ingresaron en Offrons y adquirieron Viento Sur. Dos boliches y tres bares. En el centro hay cinco locales más, de los cuales tres no forman parte del famoso “acuerdo”, dos de los cuales tuvieron “visita” policial en las últimas semanas.
Corría el rumor de que uno de ellos fue recientemente adquirido por el dirigente gremial Horacio Azzoni, quien desmintió esas versiones ante La Opinión. “Yo no compré nada, no; no me interesa el negocio de la noche”, dijo.
Cuidar el negocio
Los responsables de los locales nocturnos que hicieron el acuerdo no hablan. Al menos no quisieron hacerlo ante la consulta de La Opinión. Dos de ellos manifestaron su deseo de no hacer declaraciones y el tercero –el foráneo y más importante– no respondió a los diversos llamados efectuados para poner a disposición este medio para lo que quisiera decir respecto a la polémica instalada en torno suyo.
Allegados a estos empresarios que conocen el movimiento del negocio de la nocturnidad señalaron que este convenio que realizaron los tres bolicheros obedece a la necesidad de proteger sus intereses, teniendo en cuenta las dificultades que atraviesa la actividad, especialmente ahora que llegó el frío y la gente sale menos.
En ese sentido, aseguran que esta cartelización que han realizado para fijar los precios de la diversión nocturna es la única manera posible de garantizar una cierta rentabilidad que escasea cuando la competencia es totalmente libre.
La tendencia local iniciada hace poco menos de una década por dos grandes pubs ubicados en la zona de la plaza Belgrano no pudo ser revertida por los titulares de boliches. La lógica cultural de no pagar por la noche quedó instalada en la ciudad y los que salen se quejan si les cobran. Las generaciones cambian, sus inquietudes también. Si antes preferían pagar por seguridad, calidad de sonido, y cierto confort, hoy no les importa demasiado esas cuestiones siempre y cuando el acceso sea gratuito.
Cartelizados
El oligopolio de hecho está conformado. Se trata de una figura donde un reducido grupo de oferentes de un producto o servicio dominan la escena y acuerdan entre sí la distribución del mercado, permitiéndoles esto, nada menos que fijar precios y decidir calidad del producto o servicio a prestar.
Esto conlleva una cartelización de la actividad, puesto que en lugar de competir se reparten el mercado merced al acuerdo. En el caso que nos ocupa, la distinción es clara y favorece al jugador de mayor peso. Cubren así, entre todos y con buena onda, los diversos segmentos posibles de gustos y edades.
Los que están afuera
Como el problema fundamental de toda cartelización es que los acuerdos generan incertidumbre por su grado de inestabilidad, los que fueron dejados de lado o prefirieron quedar afuera tienden a fomentar la conciencia de las diferencias internas del grupo que acordó.
Los hechos de violencia registrados durante este fin de semana (ver recuadro) pueden ser analizados de acuerdo a esa lógica.
En este universo, los que quedaron afuera lo hicieron por decisión propia y patalean porque las presiones les llueven. Dudosas visitas policiales, testigos que trabajan en la competencia, menores de edad “plantados”, actas confeccionadas antes de entrar a revisar los lugares son algunas de las irregularidades que pueden relatar quienes no participan del famoso convenio.
El volante que fue distribuido sin firma durante el fin de semana sólo podría atribuirse a alguno de ellos, ya que habla en nombre de quienes no participan del acuerdo. Piden “basta de monopolio en la nocturnidad” y alertan que “impiden trabajar a otros boliches”.
La primera piedra
Nadie está libre de pecado en el negocio de la noche. Boliches habilitados como bares, bares que suenan como conciertos de rock, menores que pululan por uno y otro, habilitaciones para vender alcohol vencidas, decibelímetros y cámaras obligatorias ausentes, patovicas no autorizados y en número inferior a lo normado por ley… Esas y otras tantas son las cosas que fallan en la noche. Junto con los controles, que se reducen a intentar evitar males mayores como la violencia extrema –aunque no faltan los disparos y los apuñalados cada tanto– y los desmanes excesivos.
La AFIP es otro fantasma del que nadie se hace cargo. Algunos asumen que si pagaran lo que corresponde las entradas no costarían 30 sino más de 100 pesos, como si ello los eximiera de algo. Otros dibujan como pueden y con ayuda profesional, de manera tal que los números les cierren en sus bolsillos y ante la ley, que permite la trampa.
Los hechos violentos
La foto que ilustra esta página corresponde a la ventana de la vivienda que alquilan en la ciudad los representantes del grupo que desembarcó en la ciudad para poner y comprar boliches y bares, grupo que guarda una relación activa con la movida tropical que a nivel nacional transmite el canal América a través de su programa Pasión de Sábado, donde de hecho se publicitan los shows sampedrinos en El Bloke.
Como puede observarse, el vidrio tiene dos orificios de bala, producto del disparo de armas de fuego que no causaron herida alguna ni daño mayor que ese. A pesar de lo violento de esta situación, al cierre de esta edición no había denuncia por el tema. El lunes, mientras uno de los propietarios del boliche señalaba a La Opinión las marcas de las balas, los ocupantes de la casa prefirieron no dialogar con este medio.
El sábado antes de las 21.00 la ambulancia fue hasta una vivienda ubicada en calle Gomendio, en inmediaciones de la Terminal de ómnibus y la sede de la Uocra porque había un herido de bala. Se trataba de Jorge Porta, uno de los responsables del boliche Quillash, quien tenía un disparo en la rodilla que se habría producido a sí mismo mientras manipulaba un arma, que presuntamente estaba limpiando.
Al menos esa es la versión que dio a la policía. La atención médica estableció que es verosímil, por el tipo de herida que posee. La policía actuó de oficio ante la intervención del Hospital, aunque no pudo obtener el arma porque le fue negada por la familia del herido. Esto provocó que el Fiscal Hernán Granda analizara la posibilidad de librar una orden de allanamiento, para despejar dudas, si es que no la entregan por propia voluntad. Esas dudas se acrecentaron con el correr de las horas, los diversos relatos existentes al respecto y el comentario que un allegado suyo hizo ante tres periodistas de este semanario: “Jorge está bien, no sé qué pasó. Agredieron a los de enfrente de La Opinión, lo agredieron a él, no sé”, dijo.
“Yo no arreglé con nadie”
El Subsecretario de Protección Ciudadana Mario “Tatalo” Aguilera respondió así ante la consulta sobre los volantes que hablaban de connivencia entre los empresarios que acordaron la cartelización de la noche y el área que él conduce.
“Hemos tenido reuniones”, dijo Aguilera, pero aclaró que fueron de rutina para coordinar el trabajo de control que hace su personal. Sostuvo que su equipo está “tomando los decibeles” y prefirió no opinar sobre los alcances del convenio entre los “reyes de la noche”. Al respecto sólo dijo: “Son dueños de abrir y cerrar cuando tengan ganas”.
Informó que a la noche la controla la Policía. Al respecto, el Jefe Distrital Dante Paolini dijo que para ellos “la nocturnidad termina a las 9.00 de la mañana” y que por lo que han trabajado hasta el momento, sin su intervención la zona de los boliches sería “tierra de nadie”.
