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    La mediocridad y el poder

    Editorial por Lilí Berardi

    3 de marzo de 2011 | 16:44
    La mediocridad y el poder

    Todos los intendentes de la democracia –con la milagrosa excepción de Mario Barbieri– fueron alguna vez citados a una “interpelación” y en el caso puntual del Dr. Julio Pángaro, un artero pedido de destitución que salvó el por entonces uno de los hombres con menos créditos universitarios pero gran sentido común: Domingo Bronce.
    Entonces, es al menos una media verdad o casi una mentira decir que un plan de desestabilización está a punto de terminar con la vida política de Guacone, sin caer en la misma torpeza en la que ya incurrieron a mediados de 2010 cuando convocó a aquella ridícula reunión “por la preservación de la democracia y las instituciones”, que terminó con una carta (¿la enviaron alguna vez?) de pedido al Gobernador y a la Presidenta para que intervenga. En ese momento fue por el bien montado plan de las “usurpaciones masivas” que contaron al menos con la anuencia de dos miembros del gabinete que hasta hoy escriben para el Intendente “el diario de Yrigoyen”.
    Pocos…, muy pocos, como el actual Intendente, gozaron de una etapa de crédito y entusiasmo en la población como lo hizo quien fue concejal en las listas de Barbieri en la Concertación Plural que –por si alguien lo ha olvidado pergeñó Néstor Kirchner– que tuvo como arietes de la transversalidad a “Cristina, Cobos y vos”.
    Es con esa y no con otra lista es con la que Pablo Guacone llegó al poder despertando enormes expectativas en la población, no sólo porque era inimaginable su llegada a la máxima conducción sino por la envidia que produce el sueldo que mes a mes va a parar a sus bolsillos.
    El Intendente es un hombre que aparenta tener sentido común, ganas de hacer, mostrarse exageradamente como “uno más” y por sobre todas las cosas demostrar que todo lo que ha logrado para San Pedro en tan pocos meses es “único”, y con la torpe certeza de ignorar que los favores en política se pagan a la enésima potencia de los intereses de la usura. Su razonamiento “nunca San Pedro consiguió tanto”, en la Gobernación y en la Casa Rosada se lee como un “dimos vuelta al pueblo más adverso de la segunda sección electoral aplastando al cobismo con un monumento y algunos subsidios”.
    “Pablito”, para los avezados hombres y mujeres que detentan el poder en territorio bonaerense, es un verdadero fenómeno, pero si no paga le cobrarán como a cualquiera y no vacilarán en asestarle un garrotazo cuando encuentren un candidato que realmente les garantice ser parte del riñón del poder central.
    Lo lamentable no es eso, sino hacer de la mediocridad una cualidad necesaria para gobernar y tener al lado un buen grupo de amigos con su misma inexperiencia sentado en la misma mesa con el sector rapiñero, ambicioso e impresentable que cada día le inventa una historia nueva para mantenerlo alejado de la realidad.
    “Todos conspiran, todos son opositores, todos lo quieren voltear”, considerando en el “todos” a apenas cuatro o cinco personajes que dependen de “Pablito” para subsistir porque nadie les daría trabajo en ningún lugar.
    Sólo un gesto sensato puede salvarlo a Guacone de seguir en la desenfrenada y paranoica carrera hacia las elecciones 2011: dialogar con sus ex compañeros.
    Un paso inteligente ha dado el Presidente del Concejo al citarlo a solas a una charla mesurada sin testigos ni hinchada.
    El Presidente del Concejo, al que también pretenden erigir en un candidato potable para octubre, sabrá de qué modo llegar a su correligionario para demostrarle que además de garra y prepotencia le hace falta cumplimentar mínimos requisitos técnicos para no arrastrar a la comuna a mayores problemas jurídicos de los que podría tener.
    Esta periodista escucha en todas y cada una de las gestiones la misma pregunta: “¿Por qué nos castigan?”, ignorando que es la prensa que NO COBRA PARA OPINAR la que a veces puede aportar una humilde cuota de memoria para que nadie crea que el mundo ha empezado cuando cada uno de los protagonistas asume el poder.
    Guacone tienen colaboradores y secuaces. Los que lo llevan a leer documentos que le escriben quienes adoran rociar con nafta el fuego mientras se miden el dobladillo de la ropa para asumir al menos por unos meses el cargo para “profundizar el modelo”. ¡Ja! Eso dicen: ¡Ja! Eso piensan.
    En el grupo de los colaboradores hay gente interesante e inteligente que poco a poco queda desplazada porque no está dispuesta a revolcarse en el fango con los secuaces. Hacen su tarea, cumplen, prefieren el bajo perfil y el compromiso directo con la gente.
    Los secuaces operan, traicionan y miran siempre al mejor postor para mudar de camiseta. Las cabezas son más o menos diferentes pero sus métodos son de larga data.
    Los barra brava que convocan algunos de sus funcionarios son los mismos que acompañaron a Pángaro por simpatía, a Barbieri por clientelismo y a Guacone por plata constante y sonante.
    El artero y feroz golpe que recibió (mi compañero/empleado) el periodista Rafael Flaiman es una muestra clara de lo poco que conocen de política quienes vieron en él a un enemigo. Aunque trabaje para un medio que por lo general está en las antípodas editoriales de lo que el periodista expresa, sabe que la tolerancia y la pluralidad lo cobijan aún en las más ingratas circunstancias.
    Eso es justamente lo que no sucede en el gabinete del Jefe de Estado Comunal. Mientras él hace “los mandados” en Provincia y Nación, el grupo de “los secuaces” se ocupa de armarle el impresentable entramado que lo llevará a pensar que puede ganar cómodamente ante la falta de candidatos que puedan hacerle frente a su buen modo de llegar al corazón de la gente, pronunciando las frases que todos hace décadas prefieren escuchar.
    A un año de haber expresado esto mismo cara a cara en el despacho del ahora Intendente de la ciudad, la periodista puede escribirlo con honestidad y compromiso con lectores y oyentes.
    Una sola frase y una respuesta única se recuerda de ese momento de “presentación protocolar”, a semanas de haber asumido: “Pablo, si vas a gobernar pensando en una candidatura sin resolver los problemas que hay y usando a la gente para que te aplauda, nada va a cambiar”.
    La respuesta: “Jamás. El día que eso suceda me voy a mi casa. Siempre viví de mi trabajo y te pido por favor que si eso pasa me lo digas”.
    Se lo dice esta misma periodista que le recuerda que Ud. no es el Intendente con “más pedidos de informes”, ni “el más investigado”, ni “el más perseguido”. Usted es el Intendente del pueblo, el sucesor de otro Intendente que le dio lugar en su lista cuando se sentía omnipotente y se daba el lujo de abrazar las bendiciones de los mismos pastores que hoy Usted utiliza como propios.
    Todo lo que tiene precio se compra y se vende al que llegue al mostrador, y eso es lo que le está sucediendo. Hable con la gente, pregunte y no deje que la mediocridad le gane al sentido común. Lo merecen quienes lo ven como una alternativa diferente a los repugnantes métodos con los que se ganan elecciones.
    Converse, dialogue, pida consejos, recurra a los buenos técnicos que tienen una firme convicción política y deje de comprar espejitos de colores cada vez que le venden una “nueva conspiración”.
    Los mercenarios a sueldo que pulularon por la municipalidad como si fueran dueños de casa espantaron a decenas de ciudadanos independientes e interesados que querían entrar al recinto y se encontraron con el “circo armado”. Esos sampedrinos y sampedrinas se fueron con la cabeza gacha a sus casas a escuchar lo que le contaban los medios. Usted no pudo verlos, nosotros sí; y créanos que fue un funcionario municipal del área de Desarrollo Humano, colaborador incondicional de Pángaro, ariete de Barbieri y hoy adalid de su gestión quien le abrió la puerta a la violencia.
    Muy distinto hubiese sido ver allí a los partidos políticos, las organizaciones sociales o las comisiones de fomento bregando por una interpelación madura y con aplausos genuinos para cada buena idea y no para el que fue más rápido en llenar el recinto con los suyos.
    Depende quién le lleve el diario a su despacho esta precaria catarata de pensamientos será “otra conspiración mediática” o los “razonamientos de una prensa que no se vende y mira dentro y FUERA del recinto para que Usted y todos pueden enterarse de TODO lo que pasa”. Solemos repetir a menudo: “Cuando todos sepamos TODO, nada será lo mismo”.
    No deje pasar más días, sacúdase las sanguijuelas y vaya solo a abrir las puertas del diálogo; obligue a los concejales que valen la pena a encolumnarse detrás de su proyecto por convicción y no por conveniencia.
    No se si la frase sirve pero la usamos para cerrar este deseo incontenible que muchos integrantes de la “otra Juventud maravillosa”, la del ‘82, la que verdaderamente se jugó la vida contra la dictadura en las calles poco antes de la guerra de Malvinas; la que pudo ver por primera vez a un Presidente electo por el pueblo firmar un decreto para ver a los genocidas juzgados por tribunales de la democracia, la que se bancó los palos y las persecuciones cuando quiso democratizar el poder sindical, la que planteó una verdadera política de derechos humanos sin demagogia ni propaganda barata y asistió al Congreso Pedagógico Nacional entendiendo que sólo la educación nos salvaría de la exclusión y la pobreza; la que despertó a la vetusta organización política del establishment para dar paso a la “renovación” y al pedido del Plan de Salud Nacional que pudo haber sido el anticipo de lo que hoy falazmente denominan “asignación universal por hijo”, es la que tiene prácticamente su edad. La misma que forjó los lazos de una multipartidaria juvenil donde convivieron adolescentes y jóvenes de todo el arco político porque la cuestión fundamental era la resistencia. Esa, precisamente esa Juventud es la que abraza a la que hoy despierta a la participación política con una historia intencionalmente distorsionada pero útil para que esto mismo que hoy se escribe en estas páginas pueda ser el testimonio que a ellos les permita recordarse a sí mismos como actores y no espectadores de una realidad que los degrada cada vez que los invitan por 100 pesos al día a calzarse una gorrita y una remera para subir al colectivo que los deja donde no saben para quién harán retumbar los parches.
    Es todo…

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