La mágica aventura de Finger y Rossi en el Mundial de básquet de Puerto Rico en 1974
Tras conocerse la triste noticia de la muerte del histórico entrenador Alberto Finger, gran amigo de Raúl Rossi, el recuerdo de un viaje compartido. La pasión por un deporte los unió y juntos fueron los intrépidos concurrentes a un evento de gran nivel. El sampedrino una vez contó parte de la historia.
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El viernes 27 de marzo falleció Alberto Finger. Para la gran mayoría, un desconocido; para quienes alguna vez transitaron el mundo del básquetbol, alguien imposible de ignorar.
La noticia provocó consternación en el ambiente a nivel nacional, donde suelen surgir recuerdos compartidos de quienes alguna vez atravesaron su vida. Porque para muchos no fue solamente un entrenador: fue, ante todo, un profesor y un formador.
Dirigió a Boca, River y a la Selección Argentina, entre otros equipos. En un equipo apostó a las jóvenes promesas de entonces. Llegó a juntar Haile, Aréjula, Duffy (exentrenador de Náutico San Pedro), Pagella y Yódice en River.
Además, lo que verdaderamente lo definía era el respeto que supo ganarse y el afecto que sembró a lo largo de los años. Su personalidad le regaló algo que no se entrena: una innumerable cantidad de amigos.
Uno de ellos fue Raúl “el flaco” Rossi (fallecido en 2012), otro hombre del básquet, otro formador hecho de conocimiento y vocación. Entre ambos tejieron una amistad que los convirtió en protagonistas de una de esas historias que parecen fantásticas: el “desafío” de viajar a Puerto Rico en 1974 para ver el Campeonato Mundial, “cueste lo que cueste”.
Y así fue. En julio de ese año emprendieron el viaje. La Argentina participaba, pero también estaban esas potencias que invitaban a verlas jugar.
Finger y Rossi fueron, vivieron y regresaron “con lo justo”, como recordaría Raúl tiempo después. Apenas el dinero necesario para el pasaje, alguna noche de alojamiento compartido y lo indispensable para seguir adelante.
El resto fue pura aventura. Con poco, y a veces con nada, se las arreglaban para atravesar los días. Fueron un especie de “mochileros en tierra boricua”, sostenidos únicamente por la pasión.
“En los últimos días nos costaba todo —contaba Raúl—, desde conseguir el dinero para una entrada (algunas veces pudieron colarse) hasta para comer”. Pero, al margen del sacrificio, nadie les quitaba lo bailado.
Era otro tiempo. Uno en el que los países del este europeo deslumbraban: la Unión Soviética se consagró campeona y Yugoslavia fue segunda. Todavía no existían palabras como Perestroika ni se intuía la tragedia de los Balcanes.
También fue el torneo que consagró al árbitro bahiense Roberto Gómez “Gomito”, quien meses después llegaría a San Pedro para dirigir el Campeonato Provincial.
Hoy, todo es un recuerdo. Memoria de los tiempos que han pasado. De viajes que parecían inalcanzables, de amistades que resistieron años y de una pasión capaz de reunir destinos y aferrar lazos amistosos, como la de “El Profe” y “El Flaco”.

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