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    La inseguridad de cada día

    11 de noviembre de 2009 | 00:00
    La  inseguridad de cada día

    Ante el último hecho de inseguridad, que es sin duda el brutal y feroz asalto hacia el conocido y querido futbolista Fernando Cáceres, resurgieron los debates en torno a la inseguridad, al delito y la cuestión de los menores. Por ello me puse a reflexionar sobre dicha problemática para poder comprenderla y encontrar, aunque sea en parte, una posible respuesta a ello.
    Entonces pensé ¿Qué es el delito? O mejor dicho ¿Qué se debe entender como delito? Antes que nada, es necesario entender el delito como un fenómeno social. Pero dicho fenómeno no responde a una sola causa sino que es “multi-causal”. Por lo tanto la política para el delito no puede ser tan simple, responde a un fenómeno complejo cuya solución también es compleja.
    Desde hace tiempo, muchos opinan que es necesario bajar la imputabilidad de los menores para que, como dicen, “se acabe con las entradas y salidas sin que cumplan con ninguna sanción sólo por su condición de menores”. Muchos creen que si son maduros para agarrar un arma y salir a delinquir y matar, también lo son para cumplir con una condena.
    Estamos de acuerdo, pero plantear la salida centrándose en la necesidad de aumentar las penas y disminuir la imputabilidad de los menores es reducir la cuestión y dar una respuesta simplista, habida cuenta que la decisión del que va a cometer un delito no es necesariamente racional y por lo tanto en el momento de actuar no va a estar pensando en las penas. Es necesario considerar que existen factores condicionantes a esa decisión, que ésta no es ahistorica y se produce en un contexto.
    Por ejemplo, la variable socioeconómica, que actúa como incentivo, es ineludible, debido a que los permanentes ciclos económicos y las recesiones, hacen que el desempleo crezca en grandes proporciones y traiga como correlato una desigualdad mayor, aumentando la brecha entre ricos y pobres. A esto hay que anexarle el aumento de hombres jóvenes en la sociedad que se encuentran sin trabajo potenciado por las condiciones mencionadas anteriormente. A su vez, la inserción de estos jóvenes en el sistema educativo es muy baja, eliminando toda posibilidad de mejores condiciones laborales en un futuro y ni qué decir de la transmisión de valores sociales, como la familia y el respeto a la ley entre otros.
    Este panorama se ve agravado por otros factores que van a actuar como catalizador, como son las armas y la droga, cuyos accesos son de fáciles alcance. El hecho de que la persona que va a cometer el delito se encuentre bajo condiciones psicofarmacológicas hace que las conductas sean más violentas, sumado a la facilidad de contar con un arma, el homicidio pude ser factible.
    A toda esta situación hay que agregarle el problema institucional que tenemos, el sistema de seguridad y justicia funciona mal, no es eficiente ni transparente; los recursos que se asignan están mal distribuidos, con demoras en las condenas a los detenidos y un sistema en donde existe corrupción, abusos, coimas, etc.
    Por lo tanto el problema es aplicar la pena, no aumentarla. Si bien son necesarios los recursos penales, que van a actuar en post-delito, la respuesta debe necesariamente considerar los recursos extra-penales, como son la prevención situacional, social y comunitaria, para tratar de buscar una acción anticipada del delito. Puesto que el acto delictivo es la etapa final, pero previamente ¿Qué se hizo? Nada, el Estado no intervino y lamentablemente ante la ausencia del Estado en materia de políticas sociales, hace que dichos espacios sean ocupados por organizaciones criminales, donde los menores son el último eslabón de la cadena. Nos pasamos el tiempo discutiendo si hay que aumentar o disminuir las penas y mientras tanto no se hace nada y la inseguridad nos está minando todos los ámbitos de nuestras vidas. Lo único que se pide es Paz y Seguridad, para desarrollar “libremente” nuestras vidas, algo que no se nos pueden negar. Por ello elegimos éste sistema, aun con sus fallas. Es necesaria una mirada más crítica, global y compleja de la cuestión y tratar de revertir esa apatía ciudadana en la que nos encontramos, donde ya no se cree ni confía en que se encuentre la solución pero que sin embargo existe una paradoja “Antes que no creer en nada creemos que con el aumento de las penas y de la reducción de la imputabilidad a los menores el problema se va a solucionar”.
    Lic. Verónica Kasta, DNI: 32. 657.422

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    • Edición N° 919
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