La madre llora sobre el cuerpo yerto
que ayer fuera una vida rebosante
Y hoy está tan quieto…
Los políticos dicen
que es una sensación,
que ha disminuido el porcentaje.
Así califican a los muertos,
porque en carne propia no han sentido
lo que es el desgarro y tormento.
Cuántas familias
sufriendo este flagelo
que arranca de cuajo
los cimientos
de una sociedad que se deshace
porque muy enferma está por dentro.
Sólo importa lo exterior, la marca.
Hay mucha juventud que está perdiendo
los valores que antaño nos dejaran
nuestros padres y abuelos.
La libertad confunden
y el peligro no advierten,
pero hay adultos responsables
que a esta juventud pervierten.
Todo a la perfección armado
para crear el caos.
Después, cuando roban y matan,
nos asombramos.
Trasnochadas y previas,
alcohol y drogas,
padres desesperados
que han bajado los brazos.
Hay mucha juventud que lucha, sin embargo,
para salir adelante con trabajo,
con estudio y con fe,
aunque les cueste ya creer
y estén siempre por la inseguridad amenazados.
Y también hay madres del dolor
que retuercen sus penas
en las calles del llanto,
sacudiendo conciencias
y a todos alertando.
Yo la he visto el otro día
a esa madre silenciosa
que portaba un cartel pidiendo justicia.
Y también vi a la otra,
Como a una fiera herida, gritando sin tapujos
lo que su alma sentía.
¿Pero qué creen aquellos que deben dar respuestas?
¿Hacen oídos sordos a todas estas protestas?
Miren que el pueblo es manso,
pero un día se cansa
y truena el escarmiento.
¿Hasta cuándo la injusticia?
¿Hasta cuándo los muertos?
Elsa Tébere, Café literario de Rosario
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