La militancia política implica una dedicación sincera, donde lo individual se sumerge en lo colectivo, lo personal se integra en lo comunitario. Sin esta vocación social, lo político se torna mercenario. Y no es ésta la hora de los mercenarios, sino de la militancia. No sólo de la militancia de nuestro signo político, sino de toda y cualquier tipo de militancia.
Y es en nombre de esa militancia que quisiera hacer un alerta. No se pueden tolerar prácticas corruptas de compra de votos, de ninguna especie. El olor a podrido de ciertas anécdotas de la campaña sampedrina llega hasta aquí. Escuchando la radio, o leyendo los mensajes de la gente que aparecen en las redes sociales. ¿El auto que llevaba a los votantes se quedó sin nafta porque se olvidaron de darle al conductor los vales correspondientes? ¿Qué vales? ¿De un sindicato, o de la Municipalidad? ¿En una localidad entregaban notas de 100 pesos junto con la boleta para llevar al cuarto oscuro? ¿El puntero sindical recorría durante la semana previa los boliches pagando varias vueltas para todo el mundo?
Es una pena que el maravilloso espectáculo de un pueblo que va recuperando su dignidad y su autoestima, sin comprar el pescado podrido de las corporaciones mediáticas, se vea maculado por estas prácticas de quienes, en vez de apoyarse en militantes, utilizan mercenarios.
Es la vieja política, aunque se presente con ropaje nuevo. ¿Será que cuesta tanto actuar con honestidad? ¿No saben leer lo que pasa en la sociedad, podrida con todos esos manejos?
Eduardo Flores – LE 4.685.785
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