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viernes, marzo 5, 2021

La historia de cuatro nenes sampedrinos que fueron adoptados en Bahía Blanca

Son tres nenas y un varón, de entre 11 y 15 años. Estaban en el Hogar Gomendio y en el Instituto Sarmiento. Una familia de Bahía Blanca los adoptó y, tras algunos meses de vinculación, desde hace más de un año son los nuevos padres de estos chicos sampedrinos.

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Una nota que salió publicada en un medio de la ciudad de La Plata llamó la atención en San Pedro porque tiene como protagonistas a cuatro chicos sampedrinos, de entre 11 y 15 años, que fueon adoptados por una familia de Bahía Blanca.

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En la publicación, la madre adoptiva contó su experiencia como adoptante de niños de esa edad. Los chicos son cuatro: un varón y tres mujeres. Ellas estaban en el Hogar Gomendio y él en el Instituto Sarmiento, tras situaciones familiares complicadas que derivaron en su inclusión en un listado de adopción.

La familia bahiense contó la historia ahora, pero a Bahía Blanca los chicos se fueron en marzo del año pasado, hace un año y medio, con un período de vinculación de varios meses que permitió que el proceso se llevara adelante.

Quienes conocen el funcionamiento de la ley de adopción sostienen que como ahora hay "un listado nacional y el procedimiento está sistematizado, es más justo y más claro". En ese sentido, recuerdan que "antes se generaban riesgos: con los directores de los establecimientos donde estaban los chicos, con los jueces" y aseguran que "ahora es más difícil que haya irregularidades".

"El problema es que por lo general quienes quieren adoptar buscan bebés, y eso sí es más difícil", sostienen. En San Pedro son varios los casos de niños y niñas judicializados que encontraron una nueva familia. Dentro de poco, por ejemplo, un chico sampedrino se instalará con sus padres adoptivos en Tucumán.

El matrimonio oriundo de Bahía Blanca que adoptó los cuatro chicos sampedrinos de entre 11 y 15 años está compuesto por Martín, de 45 años, y Mariana, de 34. Ella fue la que le contó a la revista La Tecla cómo fue el proceso de adaptación que sobrevino a la decisión de adoptar niños de esa edad.

Contó que con su pareja respondieron a una convocatoria pública de adopción para grupos de hermanos. "Son los chicos que, generalmente, y esto dicho entre comillas, 'nadie los quiere'", señaló. "Nos anotamos y a los dos meses, los nenes estaban viviendo con nosotros. Hay que desmitificar que la adopción es difícil, porque no es así. Es difícil adoptar niños pequeños", sostuvo.

Sobre el proceso de adaptación, destacó que es importante ir "trabajando en lo cotidiano, con pequeñas metas". La tarea de la psicóloga familiar, aseguró, fue fundamental. "De entrada, todo es maravilloso porque los chicos quieren ser aceptados. Después, obvio, eso no se sostiene, porque son niños", contó.

En ese sentido, relató que lo que más costó fue que los chicos "se adaptaran a que había nuevas reglas, tenían arraigadas conductas muy difíciles. Por ejemplo: para nosotros, almorzar era todo un drama, tardábamos tres horas, se manchaban, ensuciaban todo, comían desaforadamente, escondían la comida".

Consideraron que el vínculo y la confianza se va construyendo poco a poco y destacaron que los chicos sampedrinos son "divinos y supercariñosos". Durante el tiempo que llevan conviviendo, aun así, hubo momentos muy difícles.

"Uno tiene que saber que no es nada fácil, que no es todo color de rosa. Nos llevó un año de mucho trabajo, de casi bajar los brazos, de crisis de pareja, de sentir que no podíamos. A nosotros, por ejemplo, los nenes no nos dicen mamá y papá, nos llaman por nuestros nombres; son todas cosas que hay que ir asimilando y trabajando", contó Mariana.

La madre adoptiva quiso "desmitificar" que el hecho de que sean grandes sea un problema para el proceso, con el objetivo de alentar a otros. "Es más difícil que sean grandes, pero no es imposible. Hay bastante prejuicio con esto" ,consideró.

Al respecto, sostuvo que lo más importante es conocer a los chicos. "Cuando conocimos a los nuestros, la verdad es que hicimos una conexión especial. Fue un antes y un después, y eso nos envalentonó a hacerlo. Hay que sacarles el mote de 'grandes' y, después, embarcarse. Es un piletazo, pero es un piletazo igual que ser padres biológicos", aseguró.

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