La grieta del gabinete en un grupo de WhatsApp
Como todos, el Gobierno de Cecilio Salazar tiene grupos diferenciados. Hay funcionarios que miran de reojo a otros y que los critican por lo bajo. El accidente de Vuelta de Obligado volvió a desatar la disputa. En el grupo interno de WhatsApp en el que se comunican hubo algunos cruces. Violaron la privacidad, hicieron escuchar la voz del Intendente a varias personas en las que les advirtió que en enero podría “cortar cabezas” y tratándolos como “muchachos” los invitaba a trabajar.
:format(webp):quality(75)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2020/08/20161203_105530_1280x768.jpg)
“Yo estoy todo el día”, es una de las frases que disparó el intendente en un grupo cerrado de WhattsApp que mantiene con su gabinete. “Ese inútil”, fue también uno de los calificativos que este medio escuchó y no difundió tras advertir el perjuicio que los propios inflingían sobre contenidos privados en un contexto que no admite publicaciones.
Los gobiernos suelen tener diferencias internas. Son muchos los funcionarios que ocupan cargos, muchas las líneas políticas internas de un movimiento que accede al poder, diversas las proveniencias de quienes son elegidos por el que gana las elecciones para coordinar las áreas de un país, una provincia, un municipio.
“Si hay diferencias en un club o una comisión de fomento, cómo no las va a haber en un gabinete”, dice en estricto off the record uno de los pocos hombres del Gobierno de Cecilio Salazar que se anima a reconocer que no todo es amor en las filas del Ejecutivo municipal.
Desde los roces con chispazos que protagonizaron en Salud Edgar Britos y José Herbas –que siguen en una disputa más o menos sorda, ya inocultable para el personal que los rodea, casi obligados a elegir–, pasando por el desmembramiento de Obras Públicas para enviar al ostracismo a Jorge Ponzio y Hugo Días, que de soñar y diseñar proyectos para el futuro de la ciudad fueron relegados a arreglos menores y quedar a la sombra de Alfredo Camilletti o la crisis entre Burgos y Roleri que quisieron ocultar sin suerte, en el Municipio hay “diversidad de criterios”.
Una alianza variopinta
El Gobierno local de Cambiemos es una alianza en la que confluyeron el sindicalismo pejotista de Salazar, Neyra, Otero y Franco, el radicalismo progresista de Barbieri, el exradicalismo conservador devenido en Pro de Sergio Rosa, la tendencia formalista y pro empleador de Sánchez Negrete, la “onda joven” y deportista de Iván Paz y Juan Garavaglia –el primero en la línea sucesoria, a no olvidarlo–, la influencia liberal del ahora presidente de la UCR Martín Pando, el antiperonismo acérrimo de Gerardo Pelletier, las oscilaciones ideológicas de Silvio Corti –que pasó del Modín al Kirchnerismo, del ARI al duhaldismo–, el barbierismo devenido en rosismo y luego salazarismo de paladar negro del expresidente de la Juventud Radical Jonathan Galván, la militancia en Federación Agraria de Ariel Álvarez, el socialismo binnerista de Karina Chiarella, el liderazgo empresarial de Jorge Ponzio –que fue funcionario del kirchnerista Guacone, al igual que José Macchia, Diego Noto y Dante Pérez–, el tecnicismo de Abatángelo y Contreras, entre otras particularidades.
Los “retiros espirituales” en la quinta Artemisio del abogado Daniel Spirópulos buscan oficiar como un aglutinador del gobierno. Más allá de las presentaciones en power point o los debates “de gestión”, allí Salazar puede reunir a toda la tropa, darles algunos mensajes simbólicos, bajar línea directa.
El Secretario de Gobierno Silvio Corti, por su rol de conductor del gabinete –aunque ahora hay un “coordinador”, que es Ramón Salazar, hijo del intendente y Secretario de Legal y Técnica– puede ser blanco de resquemores entre sus compañeros. Quizás por eso Cecilio lo sienta a su derecha en cada encuentro.
Guerra por WhatsApp
El grupo de Gobierno en ese sistema de mensajería instantánea funciona las 24 horas. Allí envían novedades o directivas, anque claro, aparecen ciertas diferencias que, a un año de gestión, comienzan a ser insostenibles.
El fin de semana pasado, luego del accidente que le costó la vida a dos jóvenes en el acceso a Vuelta de Obligado (ver páginas 2 y 3), la grietadelfuncionariado volvió a ensancharse.
Tanto, que hubo quienes filtraron conversaciones del grupo de WhatsApp en el que Salazar reclama porque nadie responde, señala a un secretario al que “hace tres días” que no veía. A otro le decía “te van a doler las uñas” de tanto rascarte…
En más de una oportunidad advierte que en enero evaluará el desempeño de todos los funcionarios, que son alrededor de 40, entre secretarios, subsecretarios, directores y subdirectores, y que incluso puede que de esa evaluación surjan pedidos de renuncia.
Salazar, que comienza muy temprano y termina muy tarde, siente que algunos no están a la altura de las exigencias, y se los transmite en ese grupo de WhatsApp. El mensaje es “hay que laburar”.
Adentro del gabinete, estas situaciones provocan que muchos cuiden su propia silla y la de sus cercanos. Entonces hablan. Y cuentan que alguno llega a media mañana y al mediodía se va a llevar los chicos a la escuela para volver bastante más tarde; que a otros se los ve no más de tres días a la semana en el puesto; que hay quienes los fines de semana desaparecen, a pesar de que se los requiere.
“¿Quién es el topo?”, preguntó una vez un funcionario. “Acá hay uno que tira data para afuera y ya lo vamos a descubrir”, dijo otro. Ambos pertenecen a distintos grupos de la interna del gabinete. Es que en cada vereda hay quienes están dispuestos a hablar.
Todavía nadie abrió el teléfono para dejar escuchar una reunión de gabinete, como sucedía en la era Guacone. Todavía.
