La empresa sigue en fuga
Los hermanos Bruno Camacho y Leandro Rodríguez fallecieron el viernes por la madrugada cuando circulaban en moto camino al paraje y terminaron incrustados en la pared de la cava donde una empresa contratada por Vialidad de la Provincia construye una nueva alcantarilla. El desvió ahora está iluminado y señalado como corresponde. En San Pedro, nadie sabe nada de Grupo Vial SRL. Del dolor por la pérdida a las amenazas a funcionarios.
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La madrugada del viernes quedará en la historia de la ciudad y del paraje Vuelta de Obligado como una de las más trágicas que se recuerden. El pueblo amaneció con el hallazgo por parte de turistas de dos jóvenes de 26 y 20 años muertos, con sus cuerpos incrustados en la pared interna, estrellados sobre los hierros de la profunda cava donde reconstruyen la alcantarilla que se derrumbó en abril pasado.
En medio de debates acerca de las responsabilidades que le caben a la empresa que ganó la licitación de la obra, a la subcontratista en la que fue delegada la tarea propiamente dicha, a Vialidad Provincial, a la Subdelegación municipal de Vuelta de Obligado, a la Dirección de Tránsito y al intendente en persona, surgieron múltiples versiones que serán materia de análisis.
Lo cierto es que el camino que lleva al paraje histórico tiene esa obra prevista desde el temporal de febrero de 2014; que es una ruta provincial; que Vialidad bonaerense licitó la obra; que una empresa ganó y empezó las tareas dos años después, cuando tras otro temporal volvió a derrumbarse y dejó incomunicado al pueblo; también que los contratos suelen ser claros: las responsabilidades civiles son de las compañías que tienen a su cargo los trabajos y el control de los organismos gubernamentales.
Al que ve y no dice nada, también le cabrá el sayo, porque no sólo de responsabilidades administrativas se vive. Menos en un pueblo tan pequeño, donde todos saben todo y lo cuentan.
Una tragedia increíble
Bruno Camacho tenía 20 años. Su hermano, Leandro Rodríguez, 26. Las circunstancias del accidente son materia de investigación. Ambos circulaban en una moto Honda Titán 150 negra. Las pericias indican que lo hacían a alta velocidad y que habían consumido alcohol. Que nunca frenaron. Que eran alrededor de las 3.00 de la mañana.
Versiones extraoficiales dicen que iban a una fiesta que había en el pueblo, de esas que organizan algunos que desde un tiempo a esta parte celebran su nueva posición en Facebook, aunque hace unas semanas que se llamaron a silencio.
Pasadas las 6.00 convocaron a los bomberos. Los cadáveres de los jóvenes estaban uno arriba del otro, clavados en los hierros de la estructura que se construye para el encofrado de la alcantarilla. La rueda de la moto estaba en la pared de tierra y el vehículo, también clavado, se sostenía en el lugar.
La imagen descripta, captada en una fotografía, lamentablemente circuló por todos lados y hasta fue publicada por un portal de noticias de Entre Ríos.
Además de esa imagen circuló una versión que no fue corroborada pero que quienes tuvieron a su cargo las pericias no se animan a descartar del todo y es la que encendió la sospecha acerca de que podrían haber intentado cruzar el pozo a la carrera. Hay incluso quienes relatan haberlo hecho, pero que es imposible que alguien pensara que podría cumplir con esa especie de “hazaña” con una moto como la que tripulaban Bruno y Leandro, y mucho menos los dos arriba del vehículo.
Desde el punto de vista penal, las responsabilidades murieron con el conductor de la moto. En materia civil, comienza un largo debate al que la familia desmembrada por una trayectoria trágica deberá someterse más por justicia que por resarcimiento económico.
Familiares y amigos despidieron a los jóvenes hermanos en una casa de sepelios privada, a cuyo servicio accedieron con ayuda municipal. En el cementerio local los sepultaron, en medio de expresiones de dolor por la pérdida de dos vidas que hasta el viernes por la madrugada tenían todo el universo por delante.
Al cierre de esta edición, las manifestaciones de tristeza seguían poblando el muro de ambos, a quienes sus amigos recordaron con amor y pena.
Hacía menos de un año, Bruno y Leandro habían perdido a su madre. También habían perdido a un hermano. Vivían solos desde hacía poco en una vivienda de la zona del barrio San José. Sus tíos eran sus familiares más cercanos. Un primo suyo los lloró como a dos hermanos, porque así los sintió toda la vida.
Una empresa que no aparece
Desde el primer momento la gran discusión fue acerca de la señalización. Independientemente de las versiones más o menos verosímiles acerca de que alguien cruzó o intentó cruzar en moto la alcantarilla, esa es una “aventura” que nadie podría osar vivir si el lugar hubiese estado vallado o circundado por algún elemento protector que impidiera el paso directo hacia el borde.
En el pozo, de dimensiones muy importantes, apenas había algún cartel que de noche no se veía y unos tanques de 20 litros que dispuso la Municipalidad luego de que en el propio pueblo advirtieran que dejar el lugar sin señalizar era un peligro, sobre todo porque los fines de semana la población de Vuelta de Obligado llega hasta a cuadruplicarse por la presencia de turistas.
Quienes llegaron al paraje histórico para conmemorar el Día de la Soberanía lo advirtieron. Aunque ese día había policías y personal de Inspección que hacían lo que una buena señalización hace en muchas obras a lo largo del país: advertir hasta kilómetros antes que hay una obra y que el automovilista debe reducir la velocidad para evitar accidentes.
Grupo Vial SRL tiene ahora otro lamentable antecedente en su haber respecto de esta obra. En 2014, luego del temporal de febrero que rompió el puente, llegó a la zona tras firmar un contrato con Vialidad Provincial. Lo único que hicieron sus operarios fue dejar unos tubos de cemento de gran porte a la vera del camino.
Dos años después, cuando en abril se rompió el puente y cedió la alcantarilla por la presión del agua que desbordó del arroyo Los Cueros, con el cambio de Gobierno bonaerense y la esperanza de cobrar, llegaron en agosto para anunciar las reparaciones.
Los tubos de cemento no servían. El propio Administrador de Vialidad Provincial Mariano Campos le informó al Gobierno local que se había hecho un nuevo estudio de suelos porque la estructura que habían licitado originalmente no era la correcta. En lugar de entubar, había que encofrar, por lo que la obra no sólo era distinta sino además más cara e insumiría más tiempo.
A principios de noviembre, antes de que surgieran los actos por el Día de la Soberanía, el Gobierno local advirtió a Vialidad que había que señalizar mejor. “La empresa desapareció”, decían desde el Municipio. Era cierto. Grupo Vial SRL nunca trabajó en el lugar, de hecho, porque subcontrató a otra firma para que haga la obra.
Un mes después ocurría la tragedia. Semanas antes, una empresa de Gualeguaychú se iba a hacer cargo como nueva subcontratista, pero desistió tras el accidente. “La empresa desapareció” es una frase que se escuchó muchas veces sobre Grupo Vial SRL.
El sábado, el Jefe de Vialidad para la zona Gastón Deza estaba preocupado. El y la empresa querían saber si luego de las amenazas y hechos de vandalismo contra el Director de Seguridad Ángel Burgos no había peligro de que le pasara algo a las máquinas en el lugar de trabajo.
El lunes había unos operarios que son los que la cementera zarateña subcontratada por Grupo Vial conchabó en Vuelta de Obligado. De la empresa adjudicataria de la obra nadie sabe nada. El martes, hubo dificultades para comunicarse con los funcionarios provinciales por parte de la prensa y por parte del Gobierno local. En Provincia analizan la rescisión del contrato.
Mientras tanto, el pozo está allí, con los fierros donde quedó la sangre de los jóvenes fallecidos. En cada extremo, los tanques que dispuso la Municipalidad y que una noche el Subdelegado Hugo Borda encendió en agosto con aceite usado que donó el titular de un lubricentro, quien les había dicho que fueran a buscar cuando quisieran, aunque sólo sucedió esa jornada, en la que hubo fotos.
El Gobierno invirtió los pocos miles de pesos que cuestan las cintas, conos y carteles reflectivos que se ven en la oscuridad. De la empresa, nadie sabe nada. Hoy se cumplen cinco días desde que dos veinteañeros perdieron la vida en ese lugar.
