La desidia es peor que la mala intención
El desastre financiero del Municipio muestra sus aristas más crueles en las cuestiones más simples, las que en los despachos donde se toman decisiones pensando en la relación costo/beneficio políticos son consideradas menores, pasajeras, olvidables.
:format(webp):quality(75)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2020/08/13268817701137593552.jpg)
No es sólo la falta de pago a proveedores, el recorte de horas extras y el ajuste en sectores sensibles para la sociedad la que marcará esta etapa posterior a las elecciones sino las postales que muestran y demuestran que todo aquello que no cuesta un peso, está desquiciado.
Mientras se estudia una nueva política de Recursos Humanos acorde a los tiempos que corren y los “ñoquis” temen perder el efímero poder que otorga una campaña, desde el área de recaudación se desviven por hallar un camino más justo y equitativo para imaginar un renovado diseño de la gestión municipal.
Esta es una buena noticia. Hoy el Intendente Guacone ha recurrido a hombres y mujeres más responsables a la hora de marcar el seguimiento de cada moneda, pero con ello no alcanza para satisfacer las necesidades de una población que demanda cosas simples, esas mismas consideradas menores, pasajeras, olvidables…
Entrar a la playa; recorrer calles sin temor a los accidentes; esperar el regador cada día; tener buena presión de agua; calmar la violencia irrefrenable que se ha desatado en los barrios; controles más eficaces por parte de la inexistente Subsecretaría de (des) Protección Ciudadana; preservación de los espacios públicos; cuidado del patrimonio histórico y cultural; propuestas para el esparcimiento; o simplemente retornar apenas un poco a aquella tranquilidad que permita inclinar la balanza que quedó con sobrepeso tras una campaña despiadada en la que las promesas de los candidatos llamaron la atención por su absurda pretensión.
Una de ellas: el contrato para la compra de la ex Clínica Pellegrini que caducó porque Daniel Monfasani no ganó las elecciones. Otra: el subsidio de más de un millón de pesos que estaba destinado a emprendedores cuyo destino y eficacia aún se desconoce.
Otra: el Wi Fi para todos que por descuido y olvido sólo funciona en el Parque de la Amistad para los miles de chicos que recibieron sus netbooks y hoy no tienen conexión con el mundo. Hay más… pero ni vale la pena recordarlas.
Desde el Concejo Deliberante se avizoran iniciativas interesantes: un rol más destacado para quienes hasta el año pasado sólo pasaban a cobrar las dietas y ahora se aprestan en pleno enero a reunirse como lo hizo el lunes la Comisión de Presupuesto o para contener la ira de los vecinos con la empresa Claro que desde hace meses funciona con deficiencias graves, abriendo la Oficina de Defensa del Consumidor en plena feria judicial.
Son señales que entusiasman, como entusiasmaron las declaraciones de la Concejal Sandra Mari cuando sostuvo que propondrá que la pileta del Tiro Federal –“que es nuestra”, dijo–, sea utilizada por los niños que quedaron fuera del programa recreativo de las Escuelas de Verano. La edil fue más allá y consideró que todo el predio es patrimonio municipal porque “la concesión está vencida”, y tiene razón.
Este breve paseo por la realidad mirada desde este semanario apunta a los símbolos que se erigen como paradigmas de un Intendente que se hizo conocido por su condición de cofundador de Codefar, aquella comisión que defendía el arbolado público y la preservación de la naturaleza; y por ser titular de una de las empresas que mejor calificaba para la restauración y pintura de edificios emblemáticos como la Municipalidad.
Nunca se sabe qué sucederá con cada uno de los ciudadanos cuando cambia bruscamente de rol, pero ese mismo hombre que llegó a ocupar el máximo cargo local con pocos antecedentes políticos y muchos de simple ciudadano hoy no advierte que está apenas flotando sobre el desorden y la desidia absoluta.
La ciudad sucia; la peatonal y los boulevards plagados de basura y malezas; el histórico y emblemático patio de la Municipalidad como verdadero galpón de deshechos (escombros, chapas, maderas y sin césped o plantas para mostrar a los visitantes); la herejía contra el friso del Salón Dorado donde instalaron con una broca los ganchos para mantener en un jaulón los equipos de audio o el piano de cola posado sobre la pared húmeda y desteñida que con seguridad ya ha provocado daños irreparables en un instrumento que no sirve precisamente para un recital al estilo Daniel Scioli.
La crítica es un llamado de atención pero también una contribución a la mejora. Hoy la desidia está presente en todos los rincones de la ciudad y parece ser el espejo de cuentas que no cierran en un verano desolador para las actividades productivas de la ciudad e inmejorable para los prestadores turísticos, que ya han comenzado a abusar de las bondades ofreciendo servicios que dejan mucho que desear porque ni siquiera a ellos se los controla.
La Opinión no descansa y en este, su año número 20 de existencia en la ciudad, no mutará hacia la obsecuencia al igual que sucedió con todos y cada uno de los gobiernos anteriores. La desidia es peor que la mala voluntad.
