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San Pedro
lunes, mayo 10, 2021

La “cuadratura” del Círculo (Médico)

Llevan años limitando el acceso de profesionales a la ciudad. Tienen juicios pendientes por haber pretendido expulsar a dos médicos que aceptaron prestar servicios a OSDE. Un Tribunal de Trabajo, está a punto de fallar a favor de un prestigioso cirujano a quien le fue negado el acceso. Las obras sociales no defienden los derechos de los pacientes celebrando contratos de exclusividad y ahora se suma una clínica oftalmológica de primer nivel que se ve impedida de comenzar a prestar servicios en la ciudad.

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Buscar la cuadratura del Círculo, no parece nada fácil para quienes dirigen la entidad. Casi como un “club privado” durante los últimos años han protagonizado decenas de problemas con la admisión de profesionales que quieren trabajar en San Pedro. Algunos se resignaron a atender en consultorios particulares y celebrar convenios con algunas obras sociales; otros se instalaron en otras ciudades y los menos, iniciaron acciones legales amparándose en la Constitución Nacional, para poder ejercer su profesión y defender la libertad de trabajo.
Particularizar en el caso de la Clínica Oftalmológica del Dr. Marceillac que, durante la última semana, decidió recurrir a los medios para plantear su situación, resulta escaso frente a una historia que pocos quieren contar. Puesto que a la hora de enfermarse, todos desembocan en las clínicas que, por ser de propiedad de las mismas personas que manejan el Círculo, resultan el único lugar de internación si no se está dispuesto a acudir al Hospital Municipal.

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Propósitos de bien público
Quien se detenga a observar los nobles propósitos que exhibieron quienes, hace décadas, soñaron con la conformación de una entidad capaz de asociar a los profesionales de la medicina, quedaría realmente asombrado.
El 28 de Agosto de 1958, una comisión provisoria compuesta por los médicos de San Pedro, comenzó con la redacción de un proyecto de estatuto.
El 26 de Mayo de 1959, a las 21:45 horas, el Dr. David Kurlat era designado para presidir la asamblea constitutiva de la entidad. Tras efectuarse un homenaje al Dr. Francisco Comolli, quien había fallecido poco tiempo antes, los concurrentes comenzaron a analizar artículo por artículo, el Estatuto Social de la entidad.
Los “fines principales” fueron enumerados en este orden:
•“Fomentar la solidaridad entre los médicos asociados y los de éstos, con los del resto de la Provincia”…
•“Facilitar el desempeño profesional en su área de influencia, proveer del debido reconocimiento de la dignidad de trabajo médico”…
•“Armonizar las relaciones profesionales de los médicos entre sí, así como con sus pacientes”…
•“Atender al perfeccionamiento profesional del médico, al desarrollo vocacional de los futuros médicos y a la formación de una conciencia sanitaria en la comunidad.”
•“Promover la ayuda mutua entre sus asociados”.
No hace falta demasiada lucidez para entender que aquellos deseos de los fundadores, han sido sepultados por la historia reciente, a excepción de aquellos profesionales que aún conservan el espíritu de servicio a la comunidad y la resistencia a someterse a las reglas de juego del mercado.
Claro que basta saber la constitución de la primera Comisión Directiva, para honrar su memoria.
Aquel 26 de Mayo, tras una transparente y secreta votación, se asignaron los siguientes cargos: Presidente: Dr. David Kurlat; Vicepresidente: Dr. Enio Locatelli; Secretario: Dr. Ivano Paladini; Tesorero: Dr. Manuel O. Fariña; Vocales: Dr. Jorge Nocetti y Dr. Luis Diéz; Revisores de Cuentas: Dr. Armando Agulló y Dr. Hermo Zanúccoli. De aquella reunión participaron, entre otros, los doctores Juan José Sánchez, Eduardo Liljeströhm, Manuel Serrano y Ambrosio Candiani.
En 1959, San Pedro tenía muchos menos habitantes que hoy y el mundo, escasos avances científicos como para generar “especialidades” y “aparatología”.
La llegada de las clínicas privadas Constitución, San Pedro, Pellegrini, Belgrano y otros institutos de menor capacidad de atención generaron los primeros cimbronazos y, con ellos, la necesidad de crear “Normas para el ingreso al Círculo Médico” mucho más severas que las previstas en el estatuto original.

Libre mercado
La cantidad de opciones que los pacientes tuvieron en la década del ‘70, hoy se ve reducida al tamaño que los vaivenes económicos y las políticas sanitarias, supieron conseguir.
Lejos de adaptarse a las circunstancias, el Círculo se fue cerrando cada vez más sobre sus pocos miembros y sólo algunos tocados por la mano de Dios, pudieron ingresar para satisfacer la demanda de una población que crecía en número y en enfermedades propias de la exclusión social o de las descubiertas recientemente que demandan especialistas y estudios de alta complejidad. Un ejemplo muy claro es el SIDA.
Precisamente, uno de los casos más paradigmáticos, fue el que tuvo como protagonista al Dr. Fabián Artenzio. Este médico que empezó trabajando en el Hospital, supo ganarse la confianza de centenares de pacientes. Su amplia experiencia y su vocación por la salud pública lo llevaron a ser –tras la desaparición física del Dr. Daniel Schardgorodsky- el referente principal para los enfermos de HIV. La peregrinación de Artenzio para poder ingresar al Círculo Médico duró años. En principio, se le exigió presentar su especialización como “infectólogo”, además de su residencia por dos años en la ciudad y otros vericuetos que posee la famosa “normativa de ingreso”. Luego, comenzó la oposición de quienes por presión, intentaban desplazarlo de la facturación a obras sociales. Lejos de amilanarse, el facultativo realizó un primer convenio para atender a los afiliados de OSECAC, que desde hace años perdieron todos sus derechos de pacientes porque el Círculo suspendió la atención ante la falta de pago de la Obra Social de Armando Cavallieri.
Los servicios de este médico comenzaron a ampliarse. El “boca a boca” y la repercusión pública de su exclusión, jugaron a su favor. Los pacientes comenzaron a acudir a su consultorio, asombrados por la calidad de su atención y por su disposición a entregar su número de celular para acudir a cualquier domicilio, incluso durante los fines de semana.
Tal vez, sin advertirlo, la “calidad del servicio” resultó un excelente atajo para otros profesionales que se vieron ante la misma situación obligados a facturar “por fuera” del Círculo Médico. Hay que recordar que la entidad tiene contratos de exclusividad con varias obras sociales, a las que les conviene mucho el sistema. También hay que observar que entre los requisitos de la normativa, los profesionales que se incorporen en categoría de “facturistas” deben dejar el 22% de sus ingresos para que sean retenidos y administrados por el Círculo.

Violación inevitable
La actividad de las entidades suele ventilarse puertas adentro y por lo general, no forman parte del interés de la prensa, salvo que lesionen gravemente a la sociedad.
Pues parece que ha llegado el momento en que los pacientes deberán preguntarse ¿Qué es lo que está haciendo el Círculo Médico y las Obras Sociales,?, con el libre derecho a elección que tienen los pacientes a la hora de acudir al consultorio.
Hay muchos antecedentes de profesionales o eximios especialistas que decidieron abandonar la ciudad e instalarse en otras ciudades, pero hay otros que decidieron seguir peleando. Algunos en secreto, otros perfeccionando su paciencia para esperar su turno de acceso y los menos, acudiendo a la vía legal que al menos en un caso puntual, ya ha sentado fuertes precedentes sobre la discriminación en la que incurre la entidad sampedrina.

El colmo de los colmos
El vaso, como siempre, se colmó con una gruesa gota cuando el Círculo decidió desafiar al Rey León OSDE y no al ratón PAMI. Los jubilados ya están acostumbrados a la perversidad de su propia obra social y por ende, intentan preservar la relación con su médico de cabecera al no tener posibilidades de recurrir a otro tipo de prestadores. Así “el Ratón PAMI” viaja 100 Km. por una tomografía, paga 10 pesos para que le hagan una receta o espera la muerte al mismo ritmo que la autorización para hacerse una resonancia magnética.
El Rey León OSDE, no puede disciplinar a sus asociados. La mayoría pertenecen a la clase media o media alta y no están dispuestos, tras pagar mensualidades cuantiosas, a quedarse de brazos cruzados. Cuando el Círculo decidió cortar la atención a OSDE pretendiendo una mejor remuneración por consulta, estalló el escándalo. El Rey León, comenzó a llevar a sus asociados a los mejores centros de atención del país, pagando remises, ambulancias y facilitando trámites de cualquier tipo para evitar que sus clientes “por recomendación del médico” se pasaran a OMINT (otro Rey León, con menor penetración en la ciudad).
En los centros asistenciales de Capital Federal o Rosario, los médicos se asombraban cuando veían llegar a los sampedrinos relatando que “OSDE está cortada en mi ciudad”.
El Rey León, volvió a desafiar al Círculo cuando habilitó consultorios locales y se dio el lujo de traer a renombrados especialistas durante todos los días de la semana. La ecuación salió perfecta: los pacientes del Rey León se vieron altamente beneficiados no sólo con los servicios sino con la posibilidad de comparar la atención que recibían por parte de los especialistas que llegaban a la ciudad.
Como el miedo no es zonzo, los profesionales del Círculo que habían decidido cobrar, por entonces, 27 pesos por consulta a cada paciente de OSDE, comenzaron a ver cómo mermaban en las salas de espera quienes mejores réditos podían proporcionarles.

Para colmo de males
La desesperación suele ser la mejor amiga de la torpeza. Las circunstancias relatadas en el párrafo anterior, llevaron al Círculo a cometer uno de sus máximos atropellos: expulsaron a los Dres. Daniel Constantín y Javier Aquino, tras usar falsos pacientes para grabar con una “cámara oculta”, cómo violaban la disposición resuelta en asamblea de negarse a prestarle atención a pacientes de OSDE.
Ambos profesionales, con el patrocinio del Estudio Jurídico Aldazábal, lograron medidas favorables y ahora van por más, buscando ratificar en la Justicia lo que a todas luces ha sido una conducta reprochable por parte de los colegas que, por estatuto, están obligados a respetarse.
Por primera vez, los pacientes, podían comenzar a hacer valer sus derechos. Claro que con un poder mucho mayor al que pueden tener los miles de empleados que pertenecen a obras sociales sindicales que, pese a la falta de pruebas, suelen aceptar sin inmutarse sobrefacturaciones abusivas a cambio de “demoras” en los pagos o “comisiones” de sus representantes.
En fin, quien haya seguido la historia hasta este renglón, se preguntará qué más se puede decir…
Todo aquello terminó con un “prudente” cambio de Comisión Directiva y un grupo de miembros que desde el interior de la entidad, bombardean con todo tipo de misiles, para preservar sus beneficios a costa de no dejar entrar a nadie que pueda competir o hacer mermar sus ingresos.

Ojo por ojo
La situación planteada públicamente por la nueva Clínica Oftalmológica, despertó al Rey León y al Ratón. El Dr. Jorge L. Marceillac, no vaciló en recurrir a los medios para plantear la situación a la que viene siendo sometido por los integrantes del Círculo Médico. Después de meses de cartas cruzadas, requisitos a cumplir y trabas de todo tipo, los directivos del Círculo tuvieron que salir a explicar que las demoras se produjeron “porque no hubo quórum” suficiente para tratar su tema. El oftalmólogo que cuenta en su haber con un currículum que muy pocos pueden exhibir, denunció la discriminación de la que ha sido objeto y se prepara para iniciar una acción judicial contra los miembros de la entidad que agrupa a los médicos.
Tras hacer una inversión muy importante, inauguró su clínica oftalmológica en la que no sólo pueden realizarse cirugías que hoy no se practican en San Pedro, sino que cuenta con instrumental de última generación para la atención a sus pacientes.
Aunque parezca mentira, centenares de personas se hicieron eco de las palabras de este médico, reclamando por su incorporación ya que hoy todo aquel que presente un problema oftalmológico que exceda el simple diagnóstico debe viajar para procurarse su atención y, como se sabe, son miles los casos de pacientes que presentan dificultades con su visión.
De este modo, quedó al descubierto que tanto el Rey León como el Ratón, necesitan que se revea la normativa implementada por algunos integrantes “de peso” en el Círculo Médico, para proporcionar mejor calidad de atención a los ciudadanos, no sólo en esta especialidad sino en otras, cuya gravedad excede lo que podemos exponer en esta nota.
Marceillac comenzó su calvario esperando en las puertas del Círculo Médico, junto a su familia, en el mes de Octubre del año 2005. Sin siquiera ofrecerle una silla, los profesionales que en ese momento estaban reunidos se negaron a atenderlo y escuchar cuál era su propuesta. Esa noche, humillado, volvió a su domicilio y escribió una durísima carta al Presidente de la entidad, Dr. Roberto Movsessian.

Poncio Pilatos S.A.
Como buenas especialistas en lavarse las manos, las obras sociales sindicales y privadas, corren para el lado que mejor les conviene. No abundaremos en los manejos económicos a los que están acostumbrados los dirigentes gremiales, pero sí, a la actitud negociadora que asumen, dejando liberados a su suerte a los cautivos afiliados. Son muy pocas las excepciones y muchas las que forman parte del gran grupo de “convenio exclusivo” con el Círculo. Aducen que es por una cuestión de comodidad para la facturación, pero nada dicen de la arbitrariedad con la que someten a la población a recurrir sólo a “determinados médicos” para poder tener asistencia. Como Poncio Pilatos, se lavan las manos y dicen “es lo que hay, total la atención la tienen”.
Lo mismo sucede con otros círculos, como el de odontólogos que se asemeja más a un club que a una entidad que agrupa a profesionales. O con quienes se dedican a la salud mental que prefieren seguir trabajando “en negro”, dejando que el catálogo de las obras sociales se llene de profesionales a los que nadie acudiría si tuviese la posibilidad de decidir a quien confía sus problemas.

Los unos y los otros
No son los casos relatados en este artículo, los únicos que han afectado la llegada de médicos y especialistas a la ciudad. Hay casos mucho más graves, como el de un brillante y joven profesional, premiado con medalla de oro, jefe en su especialidad de uno de los más prestigiosos centros de asistencia médica que existe en nuestro país, con un título revalidado en los Estados Unidos y especializado en pacientes oncológicos, que hoy batalla en silencio y en la Justicia por su derecho a trabajar en la ciudad.
No es una casualidad que tanto él, como otros profesionales en su misma situación, tengan sus salas de espera atiborradas de pacientes que confían en ellos.
No todo empieza y termina en el Círculo Médico. Al igual que el Dr. Artenzio, desde hace un tiempo, varios profesionales decidieron competir “por fuera del sistema”. No les fue mal. Del mismo modo en el que lo hicieron aquellos impulsados por OSDE, se asociaron o se instalaron en pequeños consultorios. La mayoría proviene de una extensa práctica hospitalaria, garantizando con esa experiencia una alta eficiencia en sus prestaciones. Compiten “lealmente” visitando a sus pacientes, atendiendo sábados y domingos, escuchando, dialogando, conteniendo a las familias de los enfermos terminales y derivando pacientes cuando sienten que el caso se les escapa de las manos. Eso, habla muy bien de ellos y, en un pueblo chico, todo se sabe. Poco a poco, pediatras, cirujanos, oncólogos, ginecólogos y otros especialistas se han ganado un lugar en el corazón de los pacientes y eso, por más que no pese ante un Tribunal, es el mayor peligro que hoy tienen quienes han llevado al Círculo Médico a sufrir amnesia a la hora de recordar con qué propósitos fue fundada esa asociación.
Viajando a los Tribunales de San Nicolás, La Opinión pudo ver un expediente que cuando gane la luz pública, describirá con pelos y señales hasta dónde se es capaz de llegar cuando se es incapaz de cambiar y mejorar.

La cuadratura del Círculo oculta un fallo
La causa iniciada por las cámaras ocultas a los Dres. Daniel Constantín y Javier Aquino, ya tienen a un procesado. Se trata de quien haciéndose pasar por un paciente, utilizó una filmadora por orden de “alguien” del Círculo Médico. Las especulaciones indican que cuando entre a la sala del Tribunal, estará obligado a decir el nombre del autor intelectual de la pesquisa que intentó dejar a esos dos profesionales fuera del Círculo por atender a pacientes de OSDE.
Pero, ahí no termina todo. Con fecha 27 de Marzo del corriente año, la Cámara Civil de San Nicolás, resolvió ratificar la decisión del Juzgado de Paz de San Pedro, para impedir la exclusión de estos dos médicos de la entidad que los agrupa, prohibiéndoles realizar una asamblea para tratar cualquier tema vinculado con una sanción a los profesionales mencionados.
La causa, entonces, circula por dos carriles.
Por un lado determinará quién pergeñó la idea de “el círculo investiga” y por el otro, se creará jurisprudencia respecto de las facultades que tienen las asociaciones profesionales sobre sus miembros.

Nota: Lilí Berardi
Investigación y Fotos: Lucía Brambilla y Matías San Hilario

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