La creciente se queda y los daños son severos
El agua no cede y durante el fin de semana volvió a trepar a los 4,10 metros. Las estimaciones oficiales prevén que se mantenga en esos niveles durante la próxima quincena y calculan que puede descender un poco en abril. A la temporada perdida, los emprendimientos, clubes y espacios públicos costeros deben sumar demoras en la puesta en marcha de las obras de reparación y limpieza, que serán muchas.
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El Paraná volvió a crecer en los últimos días y alcanzó un pico de 4,12 para luego descender dos centímetros, pero de acuerdo a los análisis que los organismos oficiales hacen río arriba, la tendencia se mantendrá, con ciertas referencias a incremento de los niveles en los próximos 15 a 30 días, de acuerdo al cálculo que debe hacerse respecto del comportamiento del agua a lo largo del cauce.
La situación es complicada para pobladores de islas que todavía resisten en sus hogares. Por supuesto, lo es para los que tuvieron que autoevacuarse en casa de familiares y esperan para volver. Desarrollo Humano recorrió la zona la semana pasada, pero informó solo acerca de los enseres que llevaron y la asistencia que están brindando.
En la costa, los clubes y emprendimientos turísticos están preocupados porque las perspectivas de que el río baje a corto plazo no existen. En ese sentido, saben que deberán esperar bastante tiempo para comenzar la necesaria tarea de reconstrucción que demandarán inversiones importantes.
Informes preocupantes
“Debe resaltarse que cualquier evento meteorológico que se desarrolle durante la próxima quincena, lo hará en un contexto de caudales en los ríos principales muy por encima de los normales”, dice una alerta emitido por la Entidad Binacional Yaciretá.
Río arriba se esperan fenómenos relacionados con “cuencas de aporte saturadas y embalses prácticamente llenos”, por lo que “las condiciones de escurrimiento potencial estarán maximizadas” y “las probabilidades de verificarse caudales iguales o mayores a los actuales comienzan a ser significativas”.
La repercusión río abajo será importante. Tanto que el último informe del Instituto Nacional del Agua (INA), firmado por el ingeniero Juan Borús, indica que no habrá para la zona del Delta alteraciones de la situación de niveles altos en las próximas semanas.
Además, “la nueva onda de crecida fluvial comenzaría a afectar la cabecera del Delta alrededor del 11 marzo próximo”, por lo que las autoridades locales deberán estar preparadas para las contingencias que podrían surgir.
El Paraná en Rosario no estará por debajo de los 5.00 en las próximas semanas; en Ramallo mantendrá un nivel por encima de los 4,50; y se prevé que en San Pedro no baje la barra de los 4.
La reconstrucción turística
La semana pasada, los miembros de las comisiones directivas de los clubes Náutico, Pescadores y América fueron recibidos por el intendente Salazar, quien escuchó sus inquietudes respecto de la situación que provoca la creciente y recibió una nota explicativa cuya destinataria es la Gobernadora María Eugenia Vidal.
El gran problema de los clubes costeros es “afrontar la recuperación de instalaciones cuando el agua baje”, para lo que requerirán un gran esfuerzo, aún mayor del que vienen haciendo para evitar el malestar de socios y la preocupación de empleados.
De la misma manera, los emprendimientos turísticos atraviesan sus dificultades. Las cabañas de Mansa Lyfe están cerradas y bajo agua.
El Howard Johnson Marinas sigue trabajando tras una importante inversión para evitar que el río gane sus instalaciones, aunque muchos lo consideran peligroso. “Tengo mucha gente. Lo más fácil hubiese sido que corra el agua, decretar una emergencia, pero no es mi estilo, mientras pueda, la voy a pelear”, dijo su titular a La Opinión.
En el camping América cada vez tienen menos lugar libre y el de Las Canaletas está prácticamente cubierto de agua. El Paseo Público y su anexado exbalneario también implicarán muchos recursos para devolverlos a su estado original tras la creciente, tareas que, por las previsiones oficiales, no comenzarían sino hasta entrado el invierno.
Las familias que viven en la costa también sufren: frente al Buque Museo, reclaman una bomba más eficaz porque se inundan. En el Bajo Cementerio, taparon las salidas de escurrimiento para que el río no cruce la calle, pero cuando llueve quedan más de 20 centímetros de agua acumulados dentro de las viviendas.
